US President Donald Trump (R)and Russian President Vladimir Putin hold a meeting on the sidelines of the G20 Summit in Hamburg, Germany, July 7, 2017. / AFP PHOTO / SAUL LOEB

Por estas horas los diplomáticos rucos  expulsados por el supuesto ataque ruso con un arma química contra un ex agente ruso y su hija en Gran Bretaña se está llevando adelante, al mismo tiempo en Rusia los diplomáticos de más de 23 países occidentales hacen lo mismo por la decisión de Moscú de responder a la expulsión masiva de sus funcionarios no solo de Estados Unidos y Gran Bretaña sino de otras tantas naciones europeas.

La acusación por parte del gobierno inglés a Putin de ser su gobierno el responsable de este ataque en suelo británico llevo la tensión al máximo. Como decía hace pocos días un editorial en la BBC es fácil que la escalada aumente rápidamente pero más complejo buscar de desarmar la crisis generada por las medidas tomadas en cada lado de esta nueva guerra helada.

Pero en esta serie de espías que supera a las que pueden verse en la televisión, cine o Netflix, se dan enfrentamientos que nacen de circunstancias distintas. Por un lado están las naciones que se solidarizan con Londres por el supuesto accionar ruso, en esta lista también entran los Estados Unidos, pero también está la crisis, que es anterior al envenenamiento de doble agente y su hija, se trata del Rusiagate.

Esto tiene que ver con la  crisis desatada en el interior de EE.UU por la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 que llevaron a Donald Trump al poder. Repentinamente, luego de haber acusado a su propio servicio secreto de nazis y de hacer campaña en su contra por asegurar que es real que Rusia intervino en la campaña a favor del candidato Trump, ahora el presidente cambio su discurso, tomó como propias las acusaciones y pruebas que antes negaba y tensó las relaciones con quien consideraba casi un ejemplo a seguir, Vladimir Putin.

Washington aplicó sanciones, y amenaza incluso profundizarlas. Mientras esto sucede un iceberg gigante asoma cada vez más. Se trata la investigación que contra viento y marea lleva adelante el fiscal independiente Robert Muller. Busca determinar el papel del entorno íntimo del presidente Trump y hasta del propio mandatario no sólo en los negocios con Rusia sino también durante el ataque más emblemático en la historia de la democracia de los Estados Unidos hacia su sistema democrático. Quizás la pregunta que podríamos hacernos es: ¿Quién es el espía?

 

Fuente: arnoticias.tv

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