El exterminio de Palestina, comenzó mucho antes de la declaración de independencia del estado de Israel, el 14 de mayo de 1948, y sin duda la responsabilidad de esta lenta agonía fueron las políticas coloniales del Reino Unido y Francia, ejecutadas por el acuerdo Sykes-Picot (1916), la Declaración Balfour (1917) y otros enjuagues diplomáticos, aunque la invasión a Palestina había comenzado a finales del siglo XIX y principios del XX.

Los grandes progroms del zar Ruso Alejandro III, en procura de exterminar la peligrosa simiente del sionismo, obligara a miles de judíos a abandonar Rusia y países del este europeo

Las dos primeras grandes migraciones o aliyá judías a Palestinas, se extendieron desde 1882 a 1903, en que dobló las comunidades yishuv pasando de 24 mil a 50 mil, la segunda de 1904 a 1914, llevó el número total de judíos en Palestina a 85 mil. Esto provocó las quejas de los palestinos.

Fue la Comisión King-Crane, creada por el presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson en 1919 y que tuvo la misión de recorrer Palestina y otros territorios árabes “de arriba abajo”, la que recibió más de 220 quejas sobre los planes de asentamientos sionistas en Palestina, aunque ya entonces, como ha sucedido hasta la actualidad, las protestas palestinas no fueron atendidas. Entre 1919-21 la inmigración judía a Palestina alcanzaría a unas 20 mil personas. Con la intención de quitarse de encima a la colectividad judía de Inglaterra, Winston Churchill, un connotado antisemita, escribiría en 1922: “Palestina es tan judía como inglesa es Inglaterra” Lo que sin duda provocó que, entre los años 22 y 26, los sionistas arribados ilegalmente a tierras palestinas superaran los setenta mil.

El ataque artero perpetrado contra la aldea palestina de Deir Yassin, en abril de 1948, que dejó cientos de muertos, realizado por las bandas sionistas Irgún (Organización Militar Nacional en la Tierra de Israel) y Leji (Luchadores por la Libertad de Israel) solo fue el preámbulo de las políticas sionistas que desde entonces se han multiplicado por miles generando ciento de miles, sino un par de millones de víctimas, y los innumerables conflictos, guerras y atentados, como el sucedido en la mañana de este último viernes 30, en que efectivos del ejército de ocupación sionista abrió fuego contra la columna compuesta por unos 17 mil manifestantes civiles y desarmados, que se acercaron hasta la frontera del enclave sionista proveniente de cinco puntos diferentes de Gaza: Rafhá y Jan Yunis por el sur, El-Bureij al este de Gaza capital en el centro, y Yabalia en el norte.

La represión dejó 16 muertos y 2000 heridos, todos ellos palestinos, con impactos de balas de francotiradores apostados en trincheras del otro lado de la frontera. Mientras que otros fueron atendidos en diferentes centros sanitarios por inhalación de gases lacrimógenos lanzados por el ejército. En la brutal represión judía la policía estreno un dron, desde donde se lanzaron una veintena de granadas con gas lacrimógeno a los manifestantes, desde una altura de entre 10 a 20 metros.

Este hecho anuncia una nueva escalada que podría terminar con nuevos bombardeos por parte de la aviación sionista contra la población civil de Gaza, como ocurrió en 2014.

La manifestación convocada por el movimiento islamista  Hamas, en el marco de la campaña de protestas denominada la “Gran Marcha del Retorno”, que coincide con la recordación del “Día de la Tierra” en que fueron asesinados seis campesinos palestinos en Galilea, en 1976 que protestaban por la confiscación de sus tierras, se extenderá hasta la Nakba (Catástrofe), día 15 de mayo, fecha que marca la expulsión de más de 700 mil campesinos de sus tierras y propiedades y el comienzo del genocidio palestino y el despojo continuo de sus ancestrales territorios a manos de las fuerzas sionistas apoyados por los británicos entonces y los Estados Unidos en la actualidad.

Tanto el Secretario General de Naciones Unidas, (ONU) el portugués, António Guterres y la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), la italiana Federica Mogherini, han reclamado una investigación profunda e imparcial de los sucesos del último viernes, aunque como todo lo ateniente a lo provocado por Israel, quedara impune. Por su parte, los Estados Unidos se limitaron a declaración de circunstancia donde expresan su “profunda pena” y el pedido de “medidas para reducir tensiones”.

A pesar de los pedidos de Israel y los Estados Unidos, de postergar la reunión para el sábado, con la excusa de la pascua judía, en la noche del mismo viernes se reunió el Consejo de Seguridad de ONU, sin la asistencia de ningún delegado de Israel.

Turquía y los miembros de la Liga Árabe, por su parte, han denunciado a Israel, por el “uso desproporcionado de la fuerza” y tachado de “respuesta salvaje” al ataque sionista.

Mientras que la organización judía B´Tselem (Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados) emitió una declaración en la que advierte al gobierno sionista, que “Gaza no es un campo de batalla y disparar a los manifestantes en un crimen”.

Lo que vendrá ya se conoce

El régimen teocrático sionista ha declarado que de no retirarse de sus posiciones los manifestantes gazeties, incrementaría la represión, incluso que “podrían ir más allá”, lo que remite a la última operación sionista contra Gaza, de 2014 en la que a lo largo de 40 intensos días de bombardeo asesinó casi a 3 mil personas de los que unos 800 eran niños.

La larga ocupación sionista en Palestina está próxima a cumplir 70 años, donde la brutalidad y el vandalismo solo se pueden comparar a la Alemania nazi.

Más allá de la destrucción física de la nación palestina, donde se han demolido miles de pueblos y aldeas, y arrancando de cuajo plantaciones milenarias de olivos, el enclave sionista se convirtió en la única nación del mundo que reconoce como legal la tortura, de la que no se excluyen a los menores.

En lo que va del siglo Tel-Aviv asesinó a más de 3500 niños e hirió a unos 13 mil menores de edad, mientras que detuvo y encarceló ilegalmente a cerca de un millón de palestinos de los que un 95% han sufrido agresiones y torturas. En la actualidad son cerca de 6500 los civiles presos en cárceles sionistas, de ellos 300 niños y unas 60 mujeres y niñas. Desde la Segunda Intifada, en octubre de 2015, fueron detenidos 2000 niños en el primer año y otros 700 por cada año siguiente.

Este nuevo “incidente” dará oportunidad al genocida Benjamín Netanyahu, para avanzar en sus políticas de aniquilación de las pocas posiciones palestinas y continuar avanzado con nuevos asentamientos, en tanto que la opinión pública mundial, al igual que organizaciones internacionales como Naciones Unidas, se limitan a observar “escandalizadas” la lenta agonía palestina.

 

Por Guadi Calvo

Fuente: alainet.org

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