Desde hace mucho tiempo, los fiordos de Noruega han inspirado a los artistas del País y atraído a oleadas de turistas. En el invierno, sus superficies salpicadas de hielo brillan junto a las montañas cubiertas de nieve: una visión de belleza natural, idílicamente virgen.

Sin embargo, perdido en las profundidades del fiordo en Oslo, que se extiende desde la Capital, se halla un tesoro que complacería a cualquier arqueólogo intrépido o detective nórdico de novela negra: chucherías vikingas hundidas, lingotes del preciado buque de guerra de Hitler y, posiblemente, algunas víctimas de homicidio.

Sin embargo, en su mayoría, está lleno de basura, como autos chatarra. Y eso ha alarmado a los ambientalistas.

Ahora, la capital está recurriendo a tecnología nueva para ayudar a ubicar la basura para que buzos humanos puedan limpiar el lecho marino. Este mes, miembros del consejo de la Autoridad Portuaria de Oslo aprobaron un plan innovador de remoción de basura.

“Vamos a poner drones a prueba”, apuntó Svein Olav Lunde, director técnico de la autoridad portuaria, al explicar cómo estos vehículos no tripulados serán utilizados para ayudar a despejar las “islas de basura” bajo el agua.

Oslo está recurriendo a la tecnología de drones en parte por un delfín muerto. Imágenes sangrientas de los restos del animal, tomadas en enero en una orilla salpicada de basura del Fiordo de Oslo, hicieron eco en medios sociales entre los noruegos, quienes tienden a ver su costa escarpada como un modelo de belleza natural prístina.

Los fiordos están vinculados indeleblemente a la identidad de Noruega como una nación marítima. Ensenadas largas, estrechas y profundas se forman en la base de las montañas donde el agua del mar fluye hacia valles formados cerca de la costa. El Fiordo de Oslo mide 100 kilómetros de largo.

Alrededor de una tercera parte de los 5 millones de habitantes de Noruega vive en sus costas. Para abordar la basura residencial, se espera una licitación de drones para dar con tecnología capaz de detectar los puntos donde hay basura.

“Hay muebles de casas enteras”, dijo recientemente Christine Spiten, de 27 años, una operadora de drones y emprendedora tecnológica, en el Río Lysaker de Oslo.

Spiten habló antes de desenredar un cable amarillo brillante de hule y kevlar que conectaba a un controlador de videojuego y una pantalla sensible al tacto con un dron submarino llamado BluEye.

Había presentado el dron a representantes de la autoridad portuaria y de la industria naviera de Noruega, en febrero.

Con el plan de limpieza de basura acordado, Roger Schjerva, presidente de la autoridad portuaria, mencionó artículos aún más importantes en los fiordos que aún requieren atención urgente: minas terrestres que datan de la Segunda Guerra Mundial. Hay más de mil 550 en el Fiordo de Oslo.

 

Por Richard Martyn Hemphill y Henrik Pryser Libell

Fuente: lanacion.com.ar