Deseoso de cerrar la investigación, el jefe de la Casa Blanca puede caer en la trampa de declarar bajo juramento, que sus abogados intentan evitar

¿Cuándo supo Donald Trump que su hijo y su yerno se reunían con una abogada rusa que les había prometido «trapos sucios» sobre Hillary Clinton? ¿Cuál era su propósito al invitar a cenar al director del FBI James Comey? ¿Qué sabía de las comunicaciones de su asesor de campaña Roger Stone con el fundador de Wikileaks, Julian Assange? Todo eso y más le quiere preguntar el fiscal especial Robert Mueller, en una declaración que el presidente dice estar «deseando» realizar, pero que sus abogados no le recomiendan.

Las preguntas son parte de un cuestionario al que ha tenido acceso ‘The New York Times’. Trump cree que es «vergonzoso» que se hayan filtrado, pero el rotativo ha indicado que salieron de la oficina legal que le asesora, aunque no de sus abogados. El listado se lo facilitó el equipo de Mueller al jefe legal de Trump John Dowd cuando intentaba convencerle de que el presidente se preste voluntariamente al interrogatorio. La lista de casi medio centenar de preguntas convenció a Dowd de que su cliente no debía participar, pero no al presidente. Una semana y media después Dowd dimitió, o Trump le despidió.

El laxo concepto de la verdad que tiene el mandatario hace poco recomendable que declare bajo juramento ante el FBI, la principal razón por la que han ido a la cárcel sus asesores en este caso. Le subestiman. Antes de llegar a la Casa Blanca ya había estado involucrado en más de 3.500 casos legales. El magnate era un experto en demandas, había interpuesto cerca de 2.000. A la hora de testificar sabe bien la diferencia entre la verdad y la mentira, aunque trate de manipularla.

Su nuevo abogado en jefe, el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, es un viejo amigo que le asesoró durante la campaña. Alguien que en estos momentos dice estar averiguando si el fiscal especial «será objetivo» cuando le interrogue.

 

Fuente: diariosur.es