Es desconocido fuera de Irak. Pero su gesto de lanzarle dos zapatazos al expresidente norteamericano George Bush en 2008 durante una conferencia de prensa en Bagdad le dio una proyección internacional de la que, luego de cumplir apenas nueve meses en prisión, supo sacar siempre buen provecho. Tiene su libro, una película, preside una fundación humanitaria y ahora acaba de anunciar que se postula para las próximas elecciones parlamentarias en Bagdad del 12 de mayo, según informó esta semana BuzzFeed News.

“No me arrepiento de haber lanzado mis zapatos a Bush. Sólo siento no haberle dado”, dice con ironía.

Tras lanzarle el primero gritó en árabe: “Este es un beso de despedida del pueblo iraquí para tí, perro”. Luego le tiró el otro zapato y agregó: “Esto es por las viudas y huérfanos y todos los asesinados en Irak”. Inmediatamente se abalanzaron sobre él y lo detuvieron los custodios del primer ministro Jawad al-Maliki, que compartía el estrado junto a Bush.

En el mundo árabe el calzado y su suela representan la suciedad, por eso deben quitarse antes de entrar a una mezquita. Al lanzar sus zapatos al presidente norteamericano, Al-Zaidi tuvo entonces una actitud mucho más agresiva que si hubiera tirado una silla o un objeto más contundente.

El gesto desafiante fue muy celebrado en Irak, en otros países árabes e incluso en Occidente.

Al-Zaidi se convirtió en un héroe, pero tuvo que pagar un precio muy alto. Condenado a tres años de prisión, pasó nueve meses en una cárcel de Bagdad. Denunció haber sufrido continuas agresiones, torturas, y un aislamiento total.

En septiembre de 2009 quedó en libertad por buena conducta. Su familia y la gente que encontraba a su paso por Bagdad, ya en libertad, celebraron su regreso. Cumplida su sentencia, esperaba comenzar una nueva vida en la casa que le regaló su empresa, la televisión Al Baghdadia. A eso se sumaron todos los demás regalos que le hacían diversos jeques y líderes políticos. Pero Al-Zaidi se radicó en Ginebra, Suiza, donde pidió asilo político porque tuvo miedo de ser asesinado en Irak.

Siempre afirmó que no se arrepentía de su acción “porque Bush ha matado a mi gente, ha matado a un millón de personas, ha dejado muchísimos huérfanos y viudas. Nadie en mi lugar se arrepentiría”.

Tampoco consideró que su zapatazo estuviera desconectado de su actividad periodística. En una entrevista de Euronews recordó: “Cubrí las masacres cometidas por las fuerzas ocupantes en Ciudad Sadr. Filmé un reportaje sobre mujeres violadas por los soldados estadounidenses y asesinadas junto a sus familias. Y quería transmitir un mensaje al mundo, un mensaje de paz. Ustedes no saben todo lo que pasa en Irak, ignoran lo que el ejército estadounidense le hace a mi gente”.

Luego de su liberación en 2009, anunció en Ginebra que había creado una fundación humanitaria para “construir orfanatos, un hospital para niños y centros médicos y ortopédicos que ofrezcan tratamiento gratuito y tripulados por médicos y personal iraquí”.

En 2011, regresó a Irak pero mantuvo siempre un perfil bajo y se centró en su fundación que trabajó para ayudar a los niños que habían perdido a sus padres durante la ocupación estadounidense de Irak, informó BuzzFeed News.

Aunque no se conocen muchos detalles de la plataforma de Al-Zaidi o la coalición con la que espera trabajar en el parlamento, su figura tiene suficiente popularidad en Irak como para lograr la banca a la que aspira.

 

Fuente: lanacion.com.ar