A nivel económico y de gasto militar ya es el número dos en el mundo, pero China carece de una estrategia clara y atractiva en cuanto a la política exterior.

El presidente de China, Xi Jinping, no carece de confianza en sí mismo. Propuso reestablecer las relaciones entre las dos principales potencias y crear un “mundo G2” en el que Estados Unidos y China tomen el mando a nivel global. Xi Jinping formuló ese “sueño chino” que se basa en el pasado glorioso de China y tiene como objetivo devolver a China su sitio justo entre las naciones que lideran el mundo.

Desde 2016, el presidente chino habla repetidamente de la “solución china” para los problemas del mundo. Es decir, el modelo chino – un gobierno autoritario de un solo partido más las libertades económicas – proporciona mejores resultados para los problemas regionales y globales que la democracia liberal y la economía de libre mercado favorecida por Occidente.

“La política exterior de Pekín tiene más confianza que nunca y los tiempos de contención pertenecen definitivamente al pasado”, dice la sinóloga Angela Stanzel, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. La nueva seguridad se manifiesta sobre todo en el prestigioso proyecto de la nueva “Ruta de la Seda” (en inglés: Belt and Road Initiative, BRI), pero también en la manifestación de poder militar en los mares del sur o la defensa china del libre comercio mundial desde que Donald Trump empezó a cuestionarlo.

Presión sobre la Unión Europea

La Unión Europea también siente la ofensiva diplomática de Pekín. Según un informe del diario alemán FAZ, China escribió un memorándum confidencial sobre la iniciativa de la Ruta de la Seda en abril de 2018 y lo envió a las capitales europeas. Estos documentos suelen ser negociados bilateralmente, pero esta vez China no permitió negociar sobre el contenido, sino que quiso que los líderes europeos pusieran simplemente su firma bajo el documento. Una negativa a firmar podría conducir a desventajas en el comercio con China. A pesar de la presión, 27 de 28 países de la UE acordaron no firmar el documento y elaborar una respuesta coordinada.

A pesar de los éxitos, muchos intelectuales chinos se preguntan si el país realmente persigue una estrategia clara y definida. Wang Jisi, Decano de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Pekín, lo niega y afirma que no es suficiente con determinar intereses fundamentales. También es necesario explicar cómo se deben lograr y coordinar esos intereses entre sí.

El politólogo y experto en temas de Asia Gerhard Will, de la Fundación para Ciencia y Política en Berlín, opina de manera similar: “Para ser verdaderamente una potencia mundial se requiere algo más que solo poder militar y económico”. Lo que se necesita, según Will, es influencia diplomática o “Soft Power”, es decir la capacidad de influir en las naciones sin incentivos económicos o intimidación militar.

El “sueño chino” es poco atractivo

“Si China no respeta las normas internacionales, tiene que establecer sus propias normas. Y luego tiene que buscar apoyo para esas normas. Y ahí es donde veo el gran déficit de China”, opina Will.

Además, observa un gran contraste entre la aceptación del ascenso de China entre las élites y la población en el sudeste de Asia: “China es capaz de ganarse el apoyo de algunos gobiernos, pero no de la población: eso conducirá a conflictos masivos a largo plazo”.

Camboya se orienta claramente hacia China, al menos el gobierno del primer ministro Hun Sen. La población de Camboya, sin embargo, no tiene una inclinación pro China, dice Will, que viaja a menudo por la región. “Cuanto más aumenta la influencia, menor es la simpatía por China en la población”. El “sueño chino” todavía carece de atractivo.

 

Por Rodion Ebbinghausen

Fuente: dw.com

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