El presidente estadounidense Donald Trump encendió este jueves la mecha de una posible guerra comercial global descontrolada: Estados Unidos decidió finalmente imponer tarifas a las importaciones de acero y aluminio de la Unión Europea, México y Canadá, una decisión que fue repudiada por los países afectados, que inmediatamente lanzaron fuertes medidas de represalia.

A tono con la política proteccionista del “America first”, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, anunció que, a partir del 1° de junio, se aplicará un 25% de aranceles al acero y un 10% al aluminio importado desde esos destinos. Horas después del anuncio de la medida, Trump tuiteó en mayúsculas: “¡COMERCIO JUSTO!” En pocos minutos, Europa, México y Canadá reaccionaron con el anuncio de tarifas similares sobre miles de productos provenientes de Estados Unidos, en una escalada alarmante que también afectará sin dudas a los productores del interior, que verán cerrarse sus mercados internacionales.

Trump había anunciado en marzo que impondría esas restricciones a todos los países porque consideraba que el exceso de esos metales en Estados Unidos afectaba la “seguridad nacional”. Pero había decidido analizar el caso en particular de algunos Estados que protestaron por la medida. Tras arduas negociaciones, Argentina, Brasil, Australia y Corea del Sur lograron a fines de abril acuerdos individuales que los colocaron fuera de la “lista negra”.

Mientras tanto, la UE, México y Canadá, esperaban una revisión final del Departamento de Comercio, que estimaban que fuera favorable. México y Canadá confiaban en negociar ese tema en el marco del acuerdo con el NAFTA, que está en pleno debate, pero no hubo avances. Ross señaló que esas conversaciones “están llevando más tiempo de lo que esperábamos”.

La UE había amenazado con represalias al ingreso de productos estadounidenses y había hecho una lista con más de mil ítems, entre los que se contaba el bourbon de Kentucky y las motos Harley Davidson. La propia canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron habían intentado convencer a Trump, en sendas visitas a la Casa Blanca, que no impusiera el “tarifazo”.

Pero todo fue en vano. Ross dijo este jueves que el diálogo con Europa había tenido “algunos progresos” pero no lo suficiente como para que ameritara una excepción a las tarifas. La UE ya activó la contrapartida. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el premier de Canadá, Justin Trudeau, se comunicaron enseguida por teléfono para hablar sobre la decisión de Trump. “Ambos mandatarios expresaron su rechazo a la medida”, informó la Presidencia mexicana en un comunicado. Además, los dos países “reaccionarán de manera inmediata con medidas compensatorias proporcionales”.

México respondió con tarifas sobre productos estadounidenses como aceros planos, lámparas, piernas y paletas de cerdo, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos y quesos. Canadá anunció que se gravarán desde acero y aluminio estadounidense hasta jarabe de arce y bolígrafos, por un valor de 12.800 millones de dólares.

El economista Douglas Irwin, experto en historia del comercio estadounidense desde 1763, dijo a The Washington Post: “Es más que altamente inusual. No tiene precedentes que hayan avanzado de esta manera con tantos aliados de EE.UU. y socios comerciales, enloqueciéndolos y forzándolos a tomar represalias”. Agregó que “es difícil ver cómo Estados Unidos puede salir bien de esto”.

Como se esperaba, Wall Street reaccionó negativamente ante la medida, aunque el impacto fue menor porque lleva tiempo arrastrando la posibilidad del aumento de tarifas y ya el mercado venía preparándose. El Dow Jones retrocedió este jueves un 1,02 %, una bajada relativamente menor a lo que podría esperarse después de la imposición final de aranceles.

Desde el FMI, el vocero Gerry Rice señaló que “todo el mundo pierde en una guerra comercial” y agregó que “desafortunadamente, estas tensiones surgen en momentos en que la recuperación económica global se sustente el en libre comercio” Pero la guerra comercial tiene además otros protagonistas de peso porque Estados Unidos también amenaza aplicar a China tasas de 25% sobre 50.000 millones de dólares en bienes que tienen “importantes tecnologías” para compensar lo que la Casa Blanca considera como robo de propiedad intelectual.

Washington quiere reducir en 200.000 millones de dólares su déficit comercial con China que actualmente es de 375.000 millones. Los chinos amenazan con represalias, pero negocian. Beijing trató de apaciguar a Washington al reducir los derechos aduaneros que cobra a los autos importados de Estados Unidos. También ofrece medidas similares para vestimenta, cosméticos y aparatos electrodomésticos. Pero esta semana Trump también dio por terminado el alto al fuego con China y advirtió de que los aranceles por valor de 50.000 millones de dólares se concretarán el 15 de junio.

La decisión de Trump es un arma de doble filo. Si bien puede beneficiar a las industrias locales de acero y aluminio, subirán los precios para una buena cantidad de productos de consumo masivo, como latas de bebidas y automóviles. Además, si el mundo comienza a aplicar tarifas a los bienes estadounidenses, los mercados internacionales se cerrarán a los productores locales y se perderán miles de negocios.

 

Por Paula Lugones

Fuente: clarin.com