Europa coquetea con un nuevo orden mundial mientras observa cómo su relación trasatlántica se va a pique. Así puede resumirse el artículo que el politólogo Simon Nixon publicó en The Wall Street Journal. Para el columnista de Sputnik Iván Danílov, las palabras de Nixon demuestran que, para que a EEUU le vaya bien, a los demás les debe ir mal.

El artículo de Nixon llama al pesimismo. El futuro de Europa pasará por la vuelta al escenario que atravesó el Viejo Continente en 1989, solo que esta vez el papel de imperio moribundo que ha perdido su influencia europea de la noche a la mañana no será representado por la Unión Soviética, sino por Estados Unidos.

“Desde la perspectiva europea, el riesgo de que el continente se enfrente al colapso del orden estadounidense en Europa es comparable al colapso del orden soviético de 1989. Aquel año, el control que Rusia mantenía sobre Europa Central y Europa del Este colapsó prácticamente de la noche a la mañana cuando se evaporó la ideología en la que se basaba el sistema de reglas comunes. Eso obligó [a los países del este] a buscar alternativas”, escribe Nixon.

Ahora será Europa quien se verá obligada a buscar las suyas. Para Iván Danílov, los europeos recuerdan bien y se han tomado muy a pecho las opiniones una vez vertidas por su aliado estadounidense, Donald Trump: “Europa es peor que China” y “la Unión Europea no fomenta los intereses estadounidenses”. Así que, desde el punto de vista de los europeos, el camino que ha tomado la Administración estadounidense demuestra que Washington ya no quiere tratarlos como si fuesen sus aliados —con los que cabe y merece la pena compartir los frutos de la geopolítica norteamericana—. Entre EEUU y la UE pueden acabar teniendo lugar encontronazos ideológicos, advierte Danilov.

Para entender la nueva posición que Washington ha optado por mantener con Europa se hace necesario tener en cuenta la salud de la economía estadounidense. En su posición de presidente de Estados Unidos, Donald Trump “está obligado” a hacer que parezca que a la economía estadounidense le va todo bien, explica Danílov, y que en el futuro solo cabe esperar que le vaya mejor. No siempre fue así.

“Durante la campaña electoral, Trump dejó bien claro que la economía estadounidense era ‘una gran burbuja’. Precisamente el estado de su economía es el principal problema y dolor de cabeza del mandatario. Los intentos de corregir el estado crítico en el que se encuentra a expensas de otros (…) definen la estrategia en la que se basa toda su política exterior”, subraya Danílov.

Para que Estados Unidos evite que esa burbuja explote, necesita que los chinos, los europeos, los japoneses, los mexicanos, los canadienses y toda una lista de empresas —y también sus empleados de todo el mundo— ganen mucho menos y que, a la vez, gasten bastante más dinero comprando productos estadounidenses. Ello permite a las empresas y a los empleados de estas en Estados Unidos obtener bastantes más ganancias, prosigue Danílov. “Trump necesita ‘saquear’ al mundo entero a la vez y cuanto antes. Si no, las cuentas no cuadran”, resume el columnista ruso.

“Eso deja a los europeos ante un reto probablemente existencial. El presidente francés, Emmanuel Macron, dice que a Europa se le está obligando a elegir entre hacer que el momento que está atravesando el continente sea carolingio o lotaringio, haciendo referencia al periodo de unidad por el que pasó Europa bajo el control de Carlomagno (…) y al de inestabilidad y fractura que siguieron a este tras su muerte”, explica Nixon.

Para Danílov, la solución a esta situación requerirá que los líderes europeos adopten medidas de brocha gorda y no tímidas pinceladas sobre el tablero del continente. Habrá que ver cambios geopolíticos serios.

Pueden intentar convertir la crisis existencial en un instrumento mediante el que consolidar y centralizar Europa bajo una única voz, como propone Macron, y pueden, también, tratar de establecer alianzas tácticas con China y con Rusia. “O intentar combinar ambos escenarios”, advierte. Aunque por ahora tanto la canciller alemana, Angela Merkel, como el propio Macron se comportan como si hubiera una tercera opción: “Esperar hasta que EEUU recupere la cordura”. Aunque después de la fallida cumbre del G7, son pocos los que creen que suceda.

 

Fuente: sputniknews.com

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