México elige presidente este domingo en condiciones extremas. Con 2.890 homicidios, mayo se convirtió en el mes más sangriento desde que hay registros oficiales. En lo que va del año, 13.298 personas fueron asesinadas. Las proyecciones indican que 2018 va a superar a 2017, año récord con 29.168 víctimas.

La tasa de asesinatos informada por la Secretaría de Gobernación fue de 20.5 cada 100 mil habitantes. Alta, pero inferior a otros países de la región como Brasil y Colombia, que registraron 27, o Venezuela, que alcanzó los 57.

Sin embargo, al desagregar los datos por estado se percibe la gravedad de la situación. Colima, por ejemplo, tuvo el año pasado una tasa de 93.6 homicidios cada 100 mil habitantes. Otros casos alarmantes son los de Baja California Sur, con 69.1, y Guerrero, con 64.2.

Un nivel de violencia semejante no podría nunca pasar desapercibido en la campaña electoral. Mucho menos cuando la dirigencia política se convierte en blanco predilecto de los ataques en algunas zonas del país.

Según el Índice de Violencia Política que elabora la consultora Ettelekt, desde septiembre de 2017, cuando comenzó la carrera que culmina este domingo, 132 políticos fueron asesinados. De ellos, 48 eran candidatos a distintos cargos, en su mayoría, de nivel local.

El caso más conmocionante fue el de Fernando Purón Johnston, del PRI, que aspiraba a convertirse en diputado federal por Coahuila. Cuando se tomaba una foto con una mujer en la calle el 8 de junio pasado, un sicario se acercó por detrás y lo mató de un tiro en la nuca.

Todos los partidos sufrieron bajas. Con 12 candidatos asesinados, lidera el PRI, del presidente Enrique Peña Nieto, que postula a José Antonio Meade para la sucesión. Luego, con 10, está el PRD, que presenta a Ricardo Anaya en alianza con el PAN (seis muertos) y el Movimiento Ciudadano (cinco). Siete homicidios sufrió Morena, de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que lidera cómodamente todas las encuestas.

Elecciones sitiadas por la violencia

“La violencia afecta a México desde hace 12 años de manera tremenda. En este proceso electoral han sido asesinados varios candidatos de distintos partidos políticos a lo largo y ancho del territorio, situación casi inédita en un país donde el asesinato político no era tan frecuente. El problema es que el crimen organizado y la corrupción se han mezclado de forma preocupante, y esto ha enrarecido el ambiente electoral, indudablemente”, dijo a Infobae Samuel F. Velarde, profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Es inevitable que esta ola de asesinatos afecte el funcionamiento de la democracia y, puntualmente, el desarrollo de los comicios de este domingo. La matanza de candidatos tiene un objetivo evidente: amedrentar al resto, para evitar que afecten los intereses del crimen organizado.

Hay indicios de que en muchos casos cumplieron con el objetivo. El dato más contundente es que 5.703 postulantes renunciaron a sus candidaturas en los últimos meses, según el Instituto Nacional Electoral. Lo que ninguna estadística puede medir es cuántos dirigentes desistieron de hacer cualquier tipo de transformación por haber sido comprados o, sencillamente, por tener miedo.

 El problema es que el crimen organizado y la corrupción se han mezclado de forma preocupante, y esto ha enrarecido el ambiente electoral

Otro de los interrogantes que genera la violencia es si puede tener un impacto sobre la cantidad de gente que decida ir a votar. “En las zonas de mayor afectación podría desincentivar la participación, pero esa es solamente una potencialidad. Hasta donde tengo noticia, no ha habido amenazas para no acudir a votar o para hacerlo a favor de candidatos específicos. Sin embargo, si esta tendencia se mantiene, escenarios así serán cada vez más probables”, explicó Carlos Antonio Flores Pérez, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, consultado por Infobae.

Tampoco se puede descartar el efecto contrario. Como gran parte de la ciudadanía está hastiada con la combinación de corrupción y criminalidad que atraviesa al país, no sería extraño que muchos quieran usar el sufragio como herramienta para cambiar esta realidad.

“Tal vez en las zonas violentas se inhiba la concurrencia —dijo Velarde—. Pero, en lo general, la votación presidencial y la coyuntura que atraviesa el país motivarán el voto, incluso de los todavía indecisos”.

Raúl Benítez Manaut, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, experto en temas de seguridad nacional y política exterior, sostuvo que “no está prevista una disminución de los votantes”. “Los cálculos indican que la participación va a ser de aproximadamente 60%, que es el promedio normal de asistencia”, dijo en diálogo con Infobae.

De todos modos, cualquier previsión debe ser realizada con extrema cautela, porque no se puede descartar que el domingo ocurran episodios violentos que alteren el proceso. Las mafias vienen demostrando una osadía que no se había visto antes en su voluntad de intervenir en la vida política del país.

“Aún está por verse si, en el marco de la jornada electoral, los grupos criminales dejan o no instalar y operar con normalidad a las casillas donde se acude a votar, y no ejercen acciones de terror que propicien miedo y el alejamiento de la gente. Lo sabremos el mismo domingo”, dijo a Infobae Vicente Sánchez Munguía, profesor del Departamento de Estudios de Administración Pública del Colegio de la Frontera Norte.

 Hay regiones donde el crimen está decidiendo por quién no votar, porque han estado atentando, asesinando candidatos de todos los partidos

Lo que parece más allá de toda duda es que la democracia mexicana se encuentra ya profundamente afectada por el accionar de la delincuencia organizada. Esto es evidente desde hace tiempo por su documentada capacidad de infiltrar a las fuerzas de seguridad y a todos los niveles de gobierno. Pero la intervención sin precedentes en estas elecciones hace pensar que su influencia sobre el sistema político podría ser aún mayor en los próximos años.

“Ya lo dijo la presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial (Janine M. Otálora Malassis), hay regiones donde el crimen está decidiendo por quién no votar, porque han estado atentando, asesinando candidatos de todos los partidos. Ése es un impacto muy fuerte en el funcionamiento de la democracia, porque si el crimen y sus socios, quienes sean, condicionan la elección, quiere decir que la democracia no funciona para que la voluntad popular se exprese en las urnas. Están hablando las armas del crimen, que busca establecer o mantener el control territorial en ciertas regiones, someter a los partidos, a los políticos y a las instituciones del Estado”, afirmó Sánchez Munguía.

La respuesta de los presidenciables

“Es un tema candente, difícil —dijo Velarde—. No existen fórmulas fáciles para terminar con la violencia, es un problema incluso geopolítico por nuestra cercanía con Estados Unidos, que es el principal consumidor de drogas. Creo que todos los candidatos evitaban la cuestión o la planteaban de forma improvisada”.

La campaña electoral tuvo una paradoja. A pesar de que la violencia fue la gran protagonista por la sucesión de homicidios, el tema sólo fue abordado esporádicamente por los principales candidatos a presidente. Ninguno brindó un diagnóstico pormenorizado sobre la problemática, ni ofreció un programa integral para hacerle frente.

“Puede haber varias hipótesis. Una de ellas es que a la fuerza que aparece arriba en las preferencias, Morena, le es vital la afluencia masiva de votantes a los comicios. Un discurso de preocupación podría atemorizar a sus propios votantes. Al PRI, como partido gobernante, le resulta contraproducente hacer referencia a estos hechos de violencia, porque tiene la responsabilidad sustancial de la gobernabilidad del país. El PAN no lo señala probablemente porque sus candidatos no parecen ser los que más han sido objeto de violencia”, sostuvo Flores Pérez.

 Sólo reclaman cuando asesinan o atentan contra uno de sus candidatos o militantes, pero en general carecen de un plan para enfrentar al crimen

Cualquier respuesta que se le encuentre a la falta de compromiso de la dirigencia política con el fenómeno de la violencia resulta inquietante. El peor escenario sería que lo hagan por complicidad, porque en el fondo no están dispuestos a cambiar nada. Pero no sería menos preocupante que la causa sea el temor o la escasa consistencia de su programa de gobierno.

“Sólo reclaman cuando asesinan o atentan contra uno de sus candidatos o militantes, pero en general carecen de un plan para enfrentar al crimen —dijo Sánchez Munguía—. Hay balbuceos y propuestas sueltas que a veces enuncian, pero no dicen cómo lo van a hacer. El problema ha crecido, se ha vuelto muy complejo, y requiere necesariamente de un gran acuerdo político. Al tratarse de un tema mayor, un tema de Estado, enfrentados como están ahora en campaña no iba a ser el momento”.

Algunos analistas consideran que AMLO es el único presidenciable que abordó la cuestión con cierta profundidad. La apreciación es discutible, pero lo cierto es que probablemente sea el único en condiciones de capitalizar el descontento que genera en la población.

“Creo que la violencia ha generado que López Obrador sea una opción interesante, pues ha prometido terminarla o bajarla en base a diferentes políticas públicas a las ahora impuestas por el oficialismo”, dijo Velarde.

Si bien AMLO es un actor del sistema, porque fue alcalde de la Ciudad de México (2000 — 2005) y además fue candidato a presidente en dos ocasiones, su lejanía del PRI y del PAN, los dos partidos tradicionales, lo convierten en una alternativa de renovación creíble para muchos. Por eso, en la medida en que se deteriore la situación social y política del país, se profundiza el rechazo a las fuerzas políticas del orden y se fortalece López Obrador.

Está modificándose la forma de votar de los mexicanos por la violencia. En el norte del país, donde la izquierda no tiene ningún respaldo, de manera inusual cambió la tendencia política de la población, que está respaldando la opción de AMLO. Es un voto de castigo a Peña Nieto y al PRI”, concluyó Benítez Manaut.

 

Por Darío Mizrahi

Fuente: infobae.com

Anuncios