En sus años de juventud se hizo un nombre por el deporte y la vida nocturna.

Fue el carismático capitán de la selección de cricket de Pakistán, se convirtió en objeto de deseo para los tabloides británicos, se casó con una heredera millonaria y hasta convivía con la princesa Diana.

Pero la intensa vida de Imran Khan, de 65 años de edad, dio un vuelco y pasa ahora por un momento muy diferente.

Él es el líder del partido PTI que se perfila a obtener la victoria en las elecciones generales de Pakistáncelebradas este miércoles.

Aunque está previsto que los resultados finales se den a conocer el viernes, los conteos parciales apuntan a que su formación será la más representada en el parlamento con una amplia diferencia frente a sus adversarios.

“Tuvimos éxito y recibimos un mandato”, dijo en un discurso televisado este jueves en el que ya se proclamó vencedor y futuro primer ministro.

“Creo que ha sido la elección más clara y justa que Pakistán haya tenido”, dijo ante las acusaciones de fraude que lanzaron sus adversarios, alentadas por el retraso en el anuncio oficial de los resultados.

Khan busca convertirse en el líder de su país desde hace más de dos décadas, cuando creó el partido Pakistan Tehreek-e-Insaf (Movimiento por la Justicia, PTI)en 1996.

Necesitaba un golpe electoral de proporciones épicas para finalmente llevar a buen término sus sueños políticos construidos sobre una fama que trasciende las fronteras de Pakistán.

El capitán y “playboy”

El atractivo y la habilidad marcaron la juventud de Khan, quien pasó buena parte de aquellos años en Reino Unido.

Nació en 1952 en el seno de una familia adinerada de Lahore, Pakistán.

Allí acudió a las mejores escuelas del país antes de mudarse a Inglaterra para estudiar en el Keble College de Oxford.

Pronto le atribuyeron una reputación de ser un “playboy” en el circuito de clubes nocturnos de Londres, donde desarrolló su seductora personalidad que lo ha acompañado a lo largo de su vida.

En 1982, protagonizó uno de los momentos más polémicos de su vida al posar para un periódico londinense tendido en una cama, vistiendo únicamente unos calzoncillos.

Pero también demostró gran habilidad en el cricket, el deporte rey en Pakistán.

Su talento lo llevó a convertirse en capitán de la selección que conquistó la Copa del Mundo en 1992, un logro que lo convirtió en una persona muy querida en su país.

Sus matrimonios

En 1995, a la edad de 43 años, se casó con Jemima Goldsmith, una joven de 21 años de la alta sociedad británica e hija de uno de los hombres más ricos del mundo en ese momento, Sir James Goldsmith.

La mujer se convirtió al Islam y tuvieron dos hijos, pero se divorciaron en 2004. La separación fue amistosa y Khan mantuvo una relación cercana con su exesposa.

En 2015, contrajo su segundo matrimonio con la periodista Reham Khan, pero la unión duró menos de un año.

Ella, expresentadora del pronóstico del tiempo de la BBC, denunció después que había sido intimidada por los seguidores de su exesposo y escribió un libro relatando el tormento que asegura haber vivido entonces.

Después de generar controversia en Pakistán, un tribunal ordenó que el libro fuera retirado antes de celebrarse las últimas elecciones.

Khan volvió a casarse en 2018 en una ceremonia discreta con Bushra Watto, quien ya era madre de cinco hijos.

La mujer es considerada como su consejera espiritual por los analistas del país, quienes dicen que la pareja ha sabido sacar partido a sus apariciones públicas de devoción al Islam.

Khan asegura que vida dio un giro desde mediados de la década de 1990.

En diversas entrevistas, aseguró que la muerte por cáncer de su madre le hizo cuestionarse el sentido de su existencia.

Aunque nunca dejó de practicar el Islam, desde entonces se comprometió más con su fe. También se introdujo en el mundo de la política de Pakistán, sin mucho éxito al comienzo.

Su ideología cambiante

Como político, las opiniones de Imran Khan han sido cambiantes o vagas, lo cual no deja en claro cuál será su actuación tras llegar al poder.

Sostiene que es un liberal, pero al mismo tiempo apela a valores conservadores islámicos y al sentimiento contra Occidente, particularmente en todo lo que se perciba como interferencia en los asuntos domésticos de Pakistán.

Khan hizo una ruidosa campaña de oposición a los ataques de drones estadounidenses contra militantes islamistas en áreas tribales de Pakistán.

Ha criticado la violencia de los talibanes, pero el año pasado su partido en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa dio US$3 millones a la escuela islamista Haqqania, cuyo líder es conocido como el “padre de los talibanes”.

Pero el eje central de su campaña de 2018 fue sin lugar a dudas el combate a la corrupción y a la política dinástica en Pakistán.

“En Pakistán, el principal problema no es el extremismo”, dijo en una entrevista con el diario The New York Times.

“Es el gobierno. Somos un fracaso de gobierno. Y en cualquier país del tercer mundo, en el momento en que se derrumba el gobierno, aparecen las mafias”, opinó.

También tiene la promesa de impulsar una nueva clase política “limpia”, pero durante la campaña fue acusado de haberse aliado con militares que amenazaron a sus adversarios para despejarle el camino.

Aprovechó una ola de desilusión en el viejo orden político de Pakistán, particularmente entre la clase media urbana y los votantes jóvenes, que están cansados de vivir en un país con una débil economía y suministros de agua y electricidad en crisis constante.

Pero lo cierto es que, hasta el momento, no se sabe qué tanto de la ideología de estos sectores de la población coincida realmente con la de este carismático excapitán de cricket y “playboy” convertido a político.

 

*Esta nota fue elaborada con información del corresponsal en Islamabad de BBC News, Mohamed Ilyas Khan.

Fuente: bbc.com

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