Con el peronismo como columna vertebral, el kirchnerismo tuvo en su apogeo un armado político comunicacional interesante. Contaban con un grupo de violentos autoritarios que saciaban la sed de los seguidores más ortodoxos, pero también con cuadros más “civilizados” a los que ponían en los medios y en algunas candidaturas.

Sin embargo, perder el poder hizo que huyera el peronismo y que no quedara un político de discurso moderado ante la opinión pública. Hoy, Cristina Fernández de Kirchner cuenta con lo más rancio de su esquema. Luego del escándalo de los cuadernos le quedan los pocos violentos impresentables a los que en varias ocasiones tenía que pedirles prudencia y silencio, cuando estaba en el Gobierno.

Hebe de Bonafini, kirchnerista de “paladar negro” y titular de Madres de Plaza de Mayo, es un fiel exponente de lo poco que le queda de capital político a la exmandataria. En su discurso tradicional de los jueves, la dirigente izquierdista (procesada por defraudación de fondos públicos en “viviendas sociales”) alabó el discurso de Cristina en el Senado e insultó a la vicepresidente, Gabriela Michetti.

“La cara de orto de la presidenta del Senado la verdad era para hacer una figurita de esa con las que juegan los pibes en el suelo, era para una chapita. No sabía qué disfrutar más, si el discurso de Cristina o la jeta de esa pelotuda”, dijo Bonafini en relación a la última sesión en el Senado, donde se aprobaron los allanamientos a la exmandataria.

Con relación al discurso de Cristina, Hebe de Bonafini resaltó que era un “placer” escucharla, e insistió en la teoría de la perseguida política: “Fue un placer escucharla, un placer para los argentinos, un placer para los peronista, kirchneristas o como nos queramos llamar; de escuchar a una mujer que ha sido hostigada, perseguida, denigrada, maltratada. Placer de escucharla hablar con una altura”.

 

Por Marcelo Duclos

Fuente: panampost.com

Anuncios