Visto desde el aire, el campamento de Kutupalong, en Bangladesh, parece un laberinto construido en una colina.

Allí se amontonan cientos de miles de rohingyas que huyeron de Myanmar, en tiendas de campaña improvisadas sobre un terreno escalonado.

Desde el suelo, es una extensión caótica y abarrotada.

Y en los últimos meses Kutupalong no sólo se ha ganado el notorio título del mayor campamento de refugiados en el mundo, también se ha convertido en el más densamente poblado, con cerca de un millón de habitantes, según estimaciones de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y de la organización de ayuda Médicos sin Fronteras.

 

Éxodo masivo

El éxodo rohingya comenzó en agosto del año pasado, cuando cientos de miles de personas huyeron hacia Bangladesh escapando de la violencia en el estado de Rakhine, en la vecina Myanmar.

En cuestión de semanas, cientos de miles de personas huyeron hacia Cox’s Bazar, una ciudad costera bangladesí, donde unos 200.000 rohingya ya habían buscado refugio anteriormente.

Los rohingyas -una minoría musulmana en un país de mayoría budista- llegaron al campamento denunciando una brutal campaña del ejército de Myanmar.

Desgarradoras historias de aldeas incendiadas, violaciones y asesinatos generalizados son parte de lo que la ONU ha descrito como una campaña de “limpieza étnica”, aunque el ejército birmano afirma sólo estar combatiendo a militantes extremistas rohingyas y niega los abusos contra la población civil.

Y en estos meses, las agencias de ayuda humanitaria han descrito las condiciones en los campamentos como desastrosas, con serios problemas que incluyen la falta de agua potable y de alimentos.

Por su parte, Bangladesh ha reiterado que la situación en su frontera es “insostenible”.

Aunque en noviembre pasado firmó un acuerdo con Myanmar para que cientos de miles de refugiados rohingya pudieran retornar a sus aldeas, no se han difundido los detalles.

Perseguidos

Los rohingya han sufrido décadas de persecuciones en Myanmar donde la religión mayoritaria es el budismo.

En ese país no son considerados ciudadanos, porque no tienen reconocimiento como grupo étnico.

Y el origen de este pueblo sigue siendo extensamente debatido.

Ellos afirman que son indígenas del estado de Rakhine descendientes de comerciantes árabes, pero el Estado birmano asegura que son migrantes musulmanes provenientes de Bangladesh y que emigraron a Myanmar durante la ocupación británica.

Desde 1948, cuando se independizó el país, han denunciado ser víctimas de torturas, negligencia y represión.

El Estado les prohíbe casarse o viajar sin permiso de las autoridades y no tienen derecho a poseer tierra ni propiedades.

Se cree que la brutal represión histórica en su contra ha creado una diáspora de por lo menos otro millón en varias partes del mundo.

 

Fuente: bbc.com

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