El uso de pesticidas no orgánicos en el sector agrícola es muy arraigado, pero hay serias dudas sobre la seguridad de estas semillas. Monsanto, recientemente adquirida por Bayer, la multinacional alemana de la farmacéutica, se está expandiendo en Chile.

Los ambientalistas están preocupados por el nuevo Acuerdo de Libre Comercio actualmente en negociación entre Chile y la Unión Europea, porque podría aumentar la importación de pesticidas tóxicos a Chile y la producción de semillas genéticamente modificadas.

El pequeño pueblo de Paine se encuentra a unos 50 kilómetros al sur de Santiago de Chile, en la provincia de Maipo. Su principal actividad económica es la agricultura. Monsanto decidió establecer aquí la mayor planta procesadora de semillas del país y una de las más grandes de Suramérica.

Por la defensa de la agricultura natural

En 2016, cuando Monsanto decidió expandir su planta de producción, un grupo de ciudadanos de Paine creó el “Comité para defender a Paine”. El comité organiza campañas, protestas y eventos para informar a los ciudadanos sobre los daños que estaría causando Bayer-Monsanto.

Según Camila Olavarría, una de los miembros “a pesar de ser una de las mayores plantas procesadoras de semillas, no han hecho ningún estudio sobre el impacto ambiental”.

La planta de Monsanto en Paine es la mayor planta de procesamiento de maíz de Chile, pero también procesa pequeñas cantidades de semillas de canola y soja. La incorporación de las semillas de canola fue parte de la extensión de la planta en 2016 y uno de los puntos de crítica de los ambientalistas. Uno de los problemas es que la canola transgénica tiene un alto potencial de riesgo de polinización cruzada.

Eso significa que los transgenes de canola pueden pasar a otras plantas fácilmente porque comparten un conjunto común de cromosomas. Camila Olavarría cree que las frutas y verduras en el mercado local ya están contaminadas.

“La mayoría de los semilleros aquí son transgénicos. Monsanto-Bayer les da semillas a los agricultores, los agricultores las siembran en sus tierras, y luego tienen que devolver cierta cantidad de semillas a la compañía, que luego se procesan en la planta de producción para la exportación”, explica Olavarría y agrega que “el problema es que las semillas vienen con un paquete tecnológico de pesticidas y productos químicos agrícolas que son perjudiciales para la salud de las personas”. Según Camila Olavarría, en Paine se utiliza principalmente el herbicida “round-up” con glifosato como componente químico.

Andrei Tchernitchin es toxicólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y ha dirigido importantes investigaciones sobre el desarrollo de enfermedades debido a la exposición prenatal a productos químicos tóxicos. Sus hallazgos sugieren un proceso llamado “imprinting” que puede ser inducido por la exposición prenatal y de la niñez temprana a químicos tóxicos.

Cuando antes de nacer ya enferma la comida

“La exposición prenatal a estos químicos, es decir, el contacto con químicos de mujeres embarazadas, o durante la primera infancia, deja consecuencias irreversibles porque es durante ese período cuando las células definen la cantidad y calidad de los receptores de hormonas para toda la vida”, explica Tchernitchin, y advierte que “si durante ese momento, puede ser de unos pocos días, hay una exposición a una sustancia química, las células pueden cometer un error y definir más o menos receptores. Estos cambios se mantienen durante toda la vida y pueden producir alteraciones o enfermedades neurológicas”. A pesar de ser un hecho delicado hay muy pocos estudios sobre esto.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la importación de pesticidas a Chile ha aumentado en casi un 500% durante los últimos 20 años. Algunos de los pesticidas importados a Chile son altamente tóxicos y están prohibidos en la Unión Europea, como el paraquat y la atrazina.

María Elena Rozas, coordinadora de la Red Chilena de Acción contra los Pesticidas, está preocupada por el Tratado de Libre Comercio, que Chile está negociando con la UE. El Comité para la Defensa de Paine organiza talleres y ferias de intercambio de semillas para motivar a los agricultores a dejar de usar pesticidas y volver a la agricultura ecológica.

 

Fuente: dw.com

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