La trama argentina, recogida en ocho cuadernos que detallan los sobornos en los contratos de obras públicas durante el kirchnerismo, vuelve a poner en el centro del debate el tema de la corrupción en América Latina.

Los apuntes del chófer Oscar Centeno apenas muestran el costillar de una bestia que sigue moviéndose a sus anchas por estas tierras, sin importarle mucho los colores políticos ni las ideologías.

La investigación judicial de la presunta red de coimas que mantuvieron los Gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández empieza a revelar el volumen y la anatomía de una criatura que se alimenta del dinero de las arcas públicas y de la extorsión, para al final dejar a la sociedad del país sudamericano aún más herida por la inquietud y la desconfianza que emana desde la ciudadanía hacia las autoridades. El golpe a la credibilidad del Estado es demoledor.

Por una década, Centeno anotó cada viaje que realizó con bolsos cargados de dinero, que exigió o entregó a una extensa lista de nombres. Un ir y venir de billetes en el que se movió un monto que podría superar los 200 millones de dólares. Los apuntes de este “lleva y trae” van describiendo con una precisión casi obsesiva al animal insaciable cuya cabeza estaba en la Casa Presidencial pero cuyo cuerpo alcanzaba a políticos, funcionarios y empresarios de todo tipo. Es difícil prever hasta dónde llegan los zarpazos de este monstruo o sus mordidas, literalmente hablando.

Lo que sí fue fácil de vaticinar es que Fernández y sus seguidores justificarían la arremetida judicial como parte de un proceso de hostigamiento político y de persecución ideológica. Sin embargo, más allá del color partidista y del tono del discurso populista que marcó su gestión, las revelaciones no guardan relación alguna con la tendencia de los Kirchner, sino con su profunda falta de ética. Como buena parte de los políticos de este continente, vieron en la carrera hacia el máximo puesto del Estado un camino del que beneficiarse económicamente. Para ellos la presidencia no fue un servicio a los ciudadanos, sino una manera de saquear desde el poder las riquezas del país.

Mientras se parapetaba en un discurso salvador que le hablaba a los más pobres y a los desvalidos, tras bambalinas le rendían culto a la riqueza, amasaban fortunas y se volvían cada vez más insaciables. El anuncio de una obra pública desde la tribuna podía ser en muchos casos la oportunidad para llenarse los bolsillos.

Ahora, cuando la apretada letra de unos cuadernos revela todo ese entramado de pagos ilegales que tejieron por años los Kirchner, el daño causado no irá solo a la cuenta de la “pareja presidencial” sino que afecta a todos los políticos y empresarios argentinos, sobre los que lloverá un mayor rechazo y suspicacia. Esa voraz fiera de la corrupción que ellos alimentaron en la Casa Rosada tiene todavía, lamentablemente, un plato bien servido en otros muchos palacios, senados y cámaras de comercio de esta región.

 

Por Yoani Sánchez

Fuente: dw.com

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