Los líderes de Irán, Turquía y Rusia, protagonistas de la guerra en el país árabe, se reunieron para definir el asalto a Idlib. En la comunicación conjunta llamaron a hallar una solución definitiva al conflicto mediante el diálogo.

Vladimir Putin, el hombre que cambió la suerte de Bashar al-Asad en la guerra siria, llegó a Teherán este 7 de septiembre. En una reunión extraordinaria, el líder ruso habló con Irán, aliado en Siria, y con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aliado de algunos de los opositores, para definir el proceder en el bastión rebelde de Idlib.

El Gobierno sirio, apoyado por el poder aéreo ruso, prepara la ofensiva contra los insurgentes, mientras las Naciones Unidas advierten que el ataque puede llevar a una catástrofe humanitaria.

La reunión arrancó con una postura fuerte de Turquía. El presidente Erdogan abogó por un “alto al fuego” en la provincia de Idlib. Y agregó que su país no va a recibir más refugiados sirios, Turquía alberga alrededor de 3.5 millones de refugiados. El jefe de Estado instó a proteger a la población civil al tiempo que se diseñan acciones para luchar contra los grupos terroristas presentes en Idlib.

“Cualquier paso erróneo que demos puede tener consecuencias negativas y dañar a los civiles (…) Turquía llama a evitar un derramamiento de sangre”, alertó.

Por ello, pidió “garantías” para que una eventual ofensiva contra esta provincia no derive en “una masacre de civiles” ni provoque “una nueva tragedia humanitaria”.

Vladímir Putin se adelantó a rechazar la propuesta de alto al fuego y dijo que los grupos de oposición que mayor presencia hacen en Idlib, reductos del yihadista grupo del frente Al Nusra afiliado a Al Qaeda, no hacen parte de los diálogos de paz. Además, subrayó que Siria “tiene derecho a retomar el control”.

Por otro lado y en un rol de mediador, el presidente iraní, Hasan Rohaní, expresó su acuerdo con Turquía sobre la posibilidad de un alto el fuego, pero este apoyo no quedó reflejado en la declaración final. Rohaní, dijo que “el fuego de la guerra y la matanza en Siria están llegando a su final”.

Pero las tropas de Asad, respaldadas por efectivos iraníes y rusos, están ad portas de lanzar la ofensiva contra Idlib.

Hilal Khashan, profesor de ciencia política de la Universidad Americana de Beirut, dijo que “la batalla de Idlib va a ser la gran batalla final” y explicó que, aunque se haga un esfuerzo por minimizar el daño va a dejar una “ola de civiles muertos”.

Declaración conjunta resaltó la necesidad de defender la “soberanía, independencia e integridad territorial de Siria”

El encuentro en Teherán era clave para el destino de la guerra de siete años en Siria. Y sin la presencia de Estados Unidos y occidente, fichas claves de apoyo a la oposición, los principales aliados de Asad definirán el asalto final junto a Turquía, país que ocupa el norte kurdo del país árabe.

En la declaración final conjunta los tres países acordaron que seguirán cooperando para erradicar a los terroristas -Estado Islámico (EI) y antiguo Frente al Nusra-, diferenciando entre estos y los grupos armados que acepten un alto el fuego con el régimen.

El comunicado subrayó, además, la necesidad de defender la “soberanía, independencia e integridad territorial de Siria” y de hallar una solución definitiva al conflicto mediante el diálogo entre los sirios y no solo por la vía militar.

El temor de un escalamiento de la guerra, que ha dejado más de medio millón de muertos, no parece distante

Para Rusia e Irán la victoria en Siria es un paso clave en su objetivo para nivelar la balanza de poder en la región. Irán, de mayoría chiita, disputa cada escenario de la península con Arabia Saudita, la otra gran fuerza árabe. Además, Ali Alfoneh, del Instituto Árabe del Golfo en Washington, dijo a Reuters: “Teherán está tratando de comunicar el mensaje a Washington de que ellos son indispensables en el balance del Medio Oriente”

Por su parte, Rusia ha logrado fortalecer su posición frente a Estados Unidos, incluso para algunos analistas la victoria de Putin es una bofetada al histórico poderío estadunidense en el medio oriente. Turquía, por su parte, que apoya sectores de la oposición que se opone a Assad, mientras extiende operaciones militares sobre el norte kurdo de Siria, busca, según dijo su presidente “una solución permanente” al conflicto al sur de su país.

Ankara ha dicho que el asalto en Idlib sería un desastre humanitario y podría causar otra ola de refugiados sobre la frontera turca. Turquía enfrenta a un grupo separatista kurdo al sur de su territorio, situación que le ha servido de pretexto para afianzar su posición en el norte bajo la operación “Ramo de Olivo.”

Turquía había pactado con Rusia e Irán una “zona de desescalamiento del conflicto” en Idlib, incluso erigió una serie de puestos de observación a lo largo de la línea de frente entre los rebeldes y el ejército. Un ataque a Idlib, sin un acuerdo político con Ankara, podría escalar el conflicto.

Sin contar con que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió a Assad y sus aliados que de haber un “ataque imprudente” contra la población civil, él respondería. El enviado de Estados Unidos en Siria dijo que “hay mucha evidencia” de que las fuerzas sirias preparan un ataque con armas químicas en Idlib. El temor de un escalamiento de la larga guerra, que ha dejado más de medio millón de muertos y 11 millones de desplazados, no parece distante.

 

Fuente: france24.com

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