En 1965, los viajes al espacio recién comenzaban. Y allí estaban, dando vueltas alrededor de la Tierra, los astronautas de la NASA James McDivit y Edward White, en la misión espacial “Gemini 4”, cuando vieron en nuestro planeta algo que les llamó mucho la atención.

En el omnipresente amarillo del desierto del Sahara sobresalía una extraña formación, prácticamente circular -más bien con líneas concéntricas, en forma de espiral-, a la que llamaron “el ojo del Sahara”, y también “la estructura Richat”.

Este curioso accidente geográfico -con forma, poco más, poco menos, de ojo- que se encuentra en pleno desierto cerca de la ciudad de Oudane, en Mauritania, y tiene un diámetro de aproximadamente 50 kilómetros, era desconocido hasta aquel día de 1965. ¿Por qué? Simplemente porquesólo se lo puede apreciar plenamente desde el espacio.

El origen de esta formación es aún incierto. Al principio se pensó que se había generado por el impacto de un meteorito, pero estudios posteriores se inclinaron por señalar que más bien podría tratarse de una estructura simétrica de un domo anticlinal, creada por efecto de la erosión a lo largo de millones de años.

Tanto como 2.500 millones de años, que es cuando comenzó el Proterozoico, período que se extendió hasta hace 542 millones de años. De ese tiempo son las rocas que forman el centro del ojo. Las que conforman las partes externas, en cambio, datan del Ordovícico (entre 485 y 444 millones de años atrás).

Lo cierto es que este “ojo de la Tierra”, que parece escudriñar el universo,es un enigma. Y como todo enigma, dispara todo tipo de versiones. Tal vez la que más entusiasma a muchos es la que asegura que esta estructura es llamativamente similar a la representación que tenemos de la mítica Atlántida, de acuerdo con la descripción del filósofo Platón. Describía aquella mítica ciudad-isla erigida por Neptuno como circular, y dividida en círculos concéntricos de tierra y agua intercalados.

Un curioso antecedente de esta versión de la ciudad perdida en la arena figura en la novela “L’Atlantide”, del escritor francés Pierre Benoit, publicada en 1919.

Allí, Benoit detalla la teoría de que la mítica ciudad en realidad no se hundió en el mar, según la interpretación clásica a partir del Critias de Platón, sino que alrededor de la isla, con círculos concéntricos de islas, murallas y canales, emergió la tierra.

Así, para él la Atlántida se localiza en el macizo del Ahaggar, en medio del Sahara, rodeada por océanos de arena, y en ella reina aún una descendiente de la dinastía atlante, la reina Antinea (“la nueva atlante”).

Lejos de poder develar el enigma, nos limitamos a disfrutarlo, tanto como a las hermosas vistas de este sorprendente “ojo” en medio del desierto.

 

Fuente: clarin.com

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