El ataque del sector adverso al papa ha desencadenado una encarnizada lucha entre partidarios y defensores de Francisco, dentro y fuera del Vaticano, dando lugar a un incendiario combate abierto cuyas consecuencias son inseguras.

La elección de Francisco, el 13 de marzo de 2013, llevaba entre líneas la división tradicional de la Iglesia católica y el triunfo de uno de los dos bandos principales: el del sector progresista, mayormente preocupado por ofrecer su visión sobre los problemas de carácter socioeconómico que afectan a la humanidad, sobre el bando tradicionalista, predominantemente enfocado en hacer oír su voz sobre cuestiones éticas; como el aborto y los matrimonios homosexuales. Una lucha que ahora se ha encarnizado.

Tras cinco años de pontificado, el sector adverso al Papa argentino lanzó un ataque sin precedentes al acusar públicamente a Francisco de encubrir a un excardenal acusado de abusos y pidió su dimisión como jefe de la Iglesia católica. La agresión tuvo su cenit el 26 de agosto, con la difusión de una carta acusatoria firmada por el exnuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò y difundida por cuatro medios ultraconservadores, incluido el español ‘InfoVaticana’ y el canadiense ‘LifeSiteNews’.

La carga de estos provocó una inmediata reacción de los defensores del Papa, dentro y fuera del mundo eclesiástico y, a continuación, las respuestas de los primeros. A partir del ese mismo 26 de agosto hasta la fecha, se han producido un sinfín de declaraciones, desmentidos, cartas e incluso artículos periodísticos, de unos y otros, para arremolinar a la opinión pública hacia sus posturas.

Analistas vaticanos como el italiano Andrea Tornielli, el jesuita Antonio Spadaro y grupos de informadores latinoamericanos, junto con antiguos colaboradores de la oficina de prensa del Vaticano, como el sacerdote estadounidense Thomas Rosica, aportaron pruebas, documentos y testimonios en defensa del Papa, en particular por su gestión del caso de Theodore Edgar McCarrick, antiguo cardenal despojado de la púrpura en junio por voluntad de Francisco.

De igual manera, el C9, el grupo de cardenales asesores del Papa, reunido esta semana en Roma, expresó su solidaridad con Francisco, así como también lo hicieron varias conferencias episcopales, entre ellas la del país natal del pontífice, Argentina.

En esta línea, el C9 también sugirió que se estaría preparando una respuesta del Vaticano a las acusaciones. “Hay un complot contra Francisco”, se leyó en medios afines al papa, ya sumidos en el usual combate abierto que se desencadena en los ambientes del Vaticano en los momentos críticos.

En el bando opuesto, el vaticanista Marco Tosatti, quien sorprendentemente reconoció casi de inmediato el haber participado en la edición de la carta acusatoria contra Francisco, así como prelados representantes del ala tradicionalista, en particular italianos y estadounidenses, insistieron en su tesis de que la culpa de Francisco habría sido la de no haber actuado rápidamente castigando a McCarrick.

El sector tradicionalista golpeó así a Francisco, usando una de las plagas más vergonzosas para la Iglesia católica: los casos de abusos sexuales que continúan a involucrar a varios de sus miembros.

Los tradicionalistas lo hicieron conscientes de que, en el último año, Francisco ha tropezado sobre el asunto en Chile cuando, durante su viaje al país en enero, defendió a un obispo acusado de encubrir a un importante miembro del clero chileno acusado de pederastia.

El papa argentino dio posteriormente marcha atrás, reconociendo su error e invitando a algunas víctimas del prelado en cuestión a pasar unos días en el Vaticano, pero la herida ya había dejado su huella.

¿El papa Francisco está siendo mal aconsejado por los hombres que le hablan al oído?

Todo esto cuando continúan a difundirse casos, anteriormente desconocidos, de prelados involucrados en actos de abusos sexuales, que han sido sancionados mal o tardíamente, y de grupos religiosos que aún actúan opacamente en su lucha contra estos fenómenos.

Uno de estos casos, relativo a un prelado mexicano que pertenecía a los Legionarios de Cristo y fue despojado de los hábitos en 2013, será discutido en noviembre y diciembre próximo por el tribunal de Novara, en el norte de Italia. Francisco indultó a los Legionarios de Cristo en 2015.

De ahí que el sentir que circula en Roma de que Francisco estaría siendo mal aconsejado por algunos de sus hombres más cercanos. Mientras que otros, como el analista estadounidense John Allen Jr, también se han se ha preguntado por qué Francisco todavía no ha respondido claramente a las acusaciones que se han difundido contra él.

Las divisiones, querellas e intrigas romanas también esconderían, según algunos observadores, peleas que se remiten al espectro político internacional, desencadenadas por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Esta es la tesis del historiador Alberto Melloni, según el cual existiría un diseño que quisiera que la Iglesia “se parta en dos”, para debilitar a Francisco y desautorizar su mensaje de inclusión y abertura hacia los inmigrantes y en defensa de las franjas más pobres.

El objetivo final de esto sería, de acuerdo con Melloni, lograr que la ultraderecha política y la católica se unan, una tesis que no pocos comparten.

 

Por Irene Savio

Fuente: france24.com

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