Mientras Rusia está trabajando en una respuesta formal a la suprema provocación del régimen israelí en el Mediterráneo, que causó la muerte a 15 soldados rusos, un primer elemento de esta respuesta se ha producido ya: el Ministerio de Defensa ruso anunció el jueves, 20 de septiembre, el cierre del tráfico aéreo y marítimo en el Mediterráneo oriental debido a un nuevo “ejercicio militar”. Esta medida incluye una vasta región que se extiende desde las costas siria y libanesa hasta Chipre. Fue en esta misma área que un F-16 israelí, que utilizó a un Il-20 ruso como escudo, provocó su caída. Según Haaretz, que recoge esta información, los nuevos ejercicios rusos en el Mediterráneo oriental durarán hasta el miércoles.

Según algunos analistas, Rusia, con esta decisión, ha privado automáticamente a la Fuerza Aérea israelí de cualquier posibilidad de lanzar ataques desde el mar o desde el cielo libanés. Los ataques aéreos israelíes ahora solo pueden realizarse desde Israel o desde el espacio aéreo jordano. La zona de exclusión rusa en el Mediterráneo oriental impide de hecho que los misiles israelíes lleguen a la costa siria.

El presidente ruso anunció durante un discurso que iba a dotar a las dos bases -la aérea de Hamaimim y la naval de Tartús- de nuevos dispositivos de control y vigilancia. Según el diario sirio Al Watan, los dispositivos de vigilancia electrónica se desplegarán ampliamente en los dos sitios rusos para contrarrestar cualquier futuro ataque enemigo. La base de Hamaimim fue blanco de docenas de ataques con drones de los grupos terroristas de Idleb antes de que Israel llevara a cabo su agresión con misiles el martes (17 de septiembre).

El anuncio del establecimiento de una zona de exclusión aérea rusa en el Mediterráneo oriental parece haber llamado la atención de los círculos militares israelíes, que ahora están apostando por un “enfrentamiento entre EEUU y Rusia” para salir del callejón sin salida. Así, el sitio Debka, vinculado a los servicios de inteligencia israelíes, evoca la presencia del portaaviones USS Harry S. Truman, que se está preparando para unirse a la sexta flota estadounidense. “El portaaviones transporta 6.000 tripulantes, 9 escuadrones de cazabombarderos en sus cubiertas y lleva además una escolta de cruceros y destructores con misiles guiados”, dice el sitio que ve en la presencia de estos buques “una primera gran respuesta de la administración” Trump al despliegue por parte de Rusia de una armada de 25 buques de guerra frente a la costa siria desde la última semana de agosto”.

Sin embargo, los expertos creen que Israel deja volar su imaginación. En las horas posteriores a la destrucción del Il-20 ruso, el Pentágono negó formalmente cualquier participación en este incidente y afirmó que Israel no le había informado previamente. Incluso Francia, que Rusia había señalado en las primeras horas después del incidente del Il-20, ha negado formalmente cualquier participación. Para muchos analistas, el intento israelí de desatar un choque sangriento entre Rusia, por un lado, y EEUU y la OTAN, por otro, ha fracasado hasta ahora miserablemente.

 

Fuente: almanar.com.lb

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