¿Qué tienen en común el candidato Jair Bolsonaro con Alejandro Magno, el rey de Macedonia del siglo IV antes de Cristo? Desde luego, nada. A menos, claro, que la comparación sea hecha por el general Antonio Hamilton Mourao, quien acompaña en calidad de vice la fórmula presidencial encabezada por el diputado. Este militar, que pasó a retiro a principios del año, describe el nexo entre el gran guerrero macedonio y el actual presidenciable de la derecha de la siguiente manera: “Llegó Alejandro el Grande (a la ciudad de Gordión), sacó su espada y dijo: voy a desatar el nudo gordiano. En Brasil de hoy solo hay una persona capaz de desatarlo, que va a sacar su espada y nos va a liberar. Esa persoba es Bolsonaro”.

Esa fue la parte más sobresaliente de la entrevista que Mourao dio a la radio Jovem Pan el jueves por la noche. Confirmó, también, su parco respeto por las instituciones de la democracia, al decir que desde el fin de la dictadura militar “se pensó que aliados a la democracia y a la libertad tendríamos progreso. Fuimos engañados. Vivimos una sucesión de escándalos, todos ellos vinculados a dsvíos de los recursos de los cofres de la Nación”. En simultáneo, su mistificado jefe hablaba para la TV Record, propiedad de la Iglesia Universal. A esa red le dio una entrevista exclusiva. Y esta se transmitió en el mismo horario en que otros 6 presidenciables: Fernando Haddad, Ciro Gomes, Marina Silva, Geraldo Alckmin, Guilherme Boulos y Alvaro Dias, protagonizaban el último debate antes de la primera vuelta, en los estudios de Globo.

Invitado, Bolsonaro desechó discutir ideas y propuestas con sus competidores, con la excusa de una prohibición médica. Por eso, su aparición en las pantallas de otro canal fue interpretado por los adversarios como un “desprecio evidente por la confrontación democrática”. Gomes y Alckmin intentaron mover sus abogados para prohibir la emisión de ese programa, pero no tuvieron tiempo: el reportaje a Bolsonaro se había anunciado recién cuatro horas antes de ser exhibida. El candidato ultraconservador consiguió levantar 13,6 puntos de rating; aunque Globo le ganó con el debate: tuvo 22 puntos en promedio. El ex capitán del Ejército cuenta con el apoyo explícito de Edir Macedo, el dueño de Record, desde fines de septiembre. Y el martes último, recibió el respaldo formal del bloque parlamentario evangélico, lo que convirtió esa entrevista en tan solo un discurso.

El estilo de la campaña bolsonarista fue hasta ahora marcada por su líder, inclusive desde el lecho hospitalario donde debió permanecer por 21 días luego de un atentado a cuchillazos. Para muchos brasileños, la figura del diputado infunde confianza y certeza de que cumplirá con sus promesas. Esa imagen paternal es “deificada” en los más diversos estratos sociales, incluidos los más ricos y más educados. Esto explicaría, según la última encuesta de Datafolha –publicada el jueves por la noche—que el diputado ha logrado acelerar su crecimiento los últimos cinco días previos a los comicios. Logró así alcanzar 39% de los votos válidos (que excluyen blancos y nulos); mientras que Fernando Haddad se ubicó en 25%. Para los expertos de Datafolha e Ibope, se abre un escenario incierto el próximo domingo.

Ellos consideran difícil que Bolsonaro logre llevarse ahora los votos procedentes de los otros candidatos de la centroderecha: Alckmin, Amoedo y Alvaro Dias. Afirman, también, que una parte del 9% del postulante socialdemócrata podría correrse para Haddad, ante el temor expresado sobre todo por intelectuales del “advenimiento de una experiencia fascista”. Es lo que advirtió, hace cuatro días, Jason Stanley en una entrevista concedida al diario Folha de Sao Paulo. Se trata del autor del libro “How fascism works: the politics of us and then” (en traducción libre: “Cómo el fascismo funciona: las políticas del nosotros y ellos”), quien además es profesor de filosofía en Yale.

En el reportaje sostuvo: “Bolsonaro es aterrador porque es abiertamente antidemocrático. Habla públicamente de arrestar y matar adversarios. Los políticos fascistas difunden el pánico al hablar de los extranjeros que gente que destruye la fuerza de su país. Bolsonaro hace todo eso. Ve la democracia como una debilidad”. Stanley se interrogó: “¿Por qué votarlo cuando él mismo está diciendo que si llegara al poder va a permanecer en él? El es explícitamente anti democrático”.

En ese contexto, no deja de ser una curiosidad el dato aportado por Datafolha, en su encuesta del jueves. Afirma que 69% de los electores brasileños “consideran el régimen democrático como la mejor forma de gobierno para el país”. Señala también que ese indicador batió un record desde que empezó a medirse en 1989, cuando fue elegido Fernando Collor de Mello. Más sorprendente todavía es el hecho de que las virtudes de la democracia son más valorizadas ahora que en junio de este año, cuando tan solo 57% de los encuestados la respaldó.

 

Por Eleonora Gosman

Fuente: clarin.com

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