El gigante asiático puede vengarse de la guerra comercial de Estados Unidos bloqueando los acuerdos de fusión y de absorción de las empresas estadounidenses. El acuerdo entre las compañías Walt Disney y 21st Century Fox para la absorción de la segunda por parte de la primera podría pender de un hilo si China lo desea.

¿Para qué necesitan el permiso de China dos empresas extranjeras que quieren firmar un acuerdo de absorción? El mercado multimedia del gigante asiático es, para muchas corporaciones estadounidenses, el más grande de todos. Un contrato por la compra de una compañía por otra tan enorme como el que firmaron Walt Disney y 21st Century Fox en 2017 no es para tomárselo a broma, porque se han pagado 52.400 millones de dólares por él, porque Disney se ha adueñado de la totalidad del estudio de cine y porque cada segundo se venden 66 productos de Disney en China. Por eso, cuando se firma un contrato de semejante magnitud, se debe contar con la conformidad del Gobierno chino.

Si no da su beneplácito, el gigante asiático puede cerrar su mercado a las empresas y provocar un cataclismo.

No sería la primera vez que China utiliza a compañías estadounidenses como rehenes. En 2017 se esperaba que un acuerdo entre Qualcomm —el gigante de los microprocesadores— y la china NXP —fabricante de semiconductores— se cerrase. Al final, Qualcomm rechazó la propuesta de absorber NXP porque China no dio luz verde a la operación. La estadounidense tuvo que pagar a NXP una multa de 2.000 millones de dólares. Pasaron las horas, caducaba el plazo, y Pekín no dijo nada. Y por no decir nada, Qualcomm se bajó del carro, convirtiéndose en la primera gran víctima de la guerra comercial desatada por EEUU.

“La lógica de China fue la siguiente: como ustedes nos han sancionado (…), nosotros les negamos el acuerdo de Qualcomm”, explica a Sputnik Li Kai, analista de la Universidad de Finanzas de Shanghái.

En el caso de Walt Disney, Kai no ve tan claro que China acabe tirando por la borda el trato. “Ven la guerra comercial como una oportunidad de abrir China al mundo”, argumenta. Eso es un pequeño consuelo para Disney, porque la fecha límite del gigante asiático para aceptar o no el trato es el 19 de octubre y, por ahora, solo hay silencio por su parte. Una de cal y otra de arena, porque precisamente ahora en China se censura más que antes el contenido multimedia proveniente de fuera.

En cualquier caso, concluye Kai, es del todo lógico que los chinos revisen con especial atención esos 2.000 millones de dólares.

Estados Unidos importa desde China productos por valor de 506.000 millones de dólares. Desde el lado contrario solo se importan 130.000 millones de dólares. Por ahora, los aranceles estadounidenses afectan a la mitad de las exportaciones chinas, y la Administración Trump amenaza con que entre más dentro del mismo saco. Pero Pekín promete no solo medidas cuantitativas, sino también cualitativas y, a la vez, sin aclarar de cuáles se podría tratar.

Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos en el país asiático, más de la mitad de las 430 empresas norteamericanas con presencia en él se han quejado de las molestias que está causando el proteccionismo.

 

Fuente: sputniknews.com

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