Medios oficiales chinos defendieron esta semana la detención del ex presidente de Interpol, Meng Hongwei, acusado por las autoridades chinas de haber recibido sobornos, y recriminaron a los medios occidentales su “falta de respeto” y “menosprecio” ante la “firme campaña anticorrupción que está llevando a cabo el país”.

“Los medios occidentales se apresuraron a hablar deliberadamente de la ‘desaparición’ de Meng para atacar al sistema político chino pese a que las autoridades chinas informaron debidamente sobre su situación”, señaló un editorial publicado por el diario oficial Global Times.

Meng, viceministro chino de Seguridad Pública cuando fue elegido presidente de Interpol en 2016, desapareció tras subirse a un avión con destino a China el pasado 25 de septiembre, momento en el que su familia dejó de tener noticias suyas y se perdió su pista.

Tras varios días de silencio y ante la presión internacional, que exigía a China explicaciones sobre su desaparición, la Comisión Nacional de Supervisión (el órgano anticorrupción chino) confirmó su detención e informó que será investigado por recibir sobornos.

“Las críticas de los medios de comunicación occidentales se deben a su falta de respeto a la ley china y a que no entienden la campaña anticorrupción de China. Si el sistema legal de China difiere del de Occidente, consideran con arrogancia que estas diferencias son ‘fallos’ de nuestro sistema”, subraya el medio.

El diario también recalca que Meng, como funcionario del Ministerio de Seguridad Pública, “está sujeto al justo escrutinio de la Comisión Nacional de Supervisión”, que la ley establece que puede ser investigado por sus presuntos delitos y que su posición en la Interpol “no es un escudo” para escapar de las leyes chinas.

“La promoción integral del estado de derecho es una política nacional establecida desde el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China. Desde entonces, China ha lanzado una amplia campaña contra la corrupción, la cual ha traído grandes cambios y que ha sido un hito en el país”, asegura el medio chino.

Dicha campaña, añade el periódico, se está llevando a cabo según las “realidades chinas” con el objetivo de establecer “un entorno estable y limpio para el ejercicio del poder público”.

El Ministerio de Seguridad Pública reveló el lunes pasado en un comunicado que la investigación a Meng se abrió tras detectar que aceptó sobornos y violó la ley estatal, un comportamiento que ha causado un “grave daño” al partido y a la seguridad nacional.

Ahora, las autoridades seguirán investigando el comportamiento ilegal de Meng y perseguirán a aquellos que participaron con él a la hora de cometer estos delitos “que no quedarán impunes”.

La Comisión Nacional de Supervisión, que investiga el caso de Meng, puede mantener detenidos en secreto a sospechosos durante seis meses, sin avisar a su familia ni dar acceso a un abogado.

La Comisión es el principal órgano a cargo de implementar la campaña anticorrupción lanzada por Xi Jinping desde que llegó al poder en 2012. Según un balance oficial, más de 1,5 millones de cuadros del aparato estatal chino fueron sancionados en esta campaña, de la que se sospecha es utilizada para eliminar la oposición interna al presidente chino.

Golpe a la imagen de China

Pese a la enfática defensa de la detención de Meng, lo cierto es que el caso asesta un golpe a la imagen de China y su ambición de consolidar su presencia en las organizaciones internacionales, estiman los observadores.

La elección de Meng Hongwei al frente de la organización de cooperación policial a fines de 2016 fue un triunfo para el régimen del presidente Xi Jinping, a pesar de la inquietud que suscitó entre los defensores de los derechos humanos.

China, el país más poblado del mundo, tiene una presencia relativamente modesta en las organizaciones internacionales en relación a los países occidentales, y no dirige ninguna institución desde que pasó a retiro la hongkonesa Margaret Chan, que estuvo al frente de la Organización Mundial de la Salud entre 2007 y 2017.

Pero la desaparición de Meng a fines de septiembre cuando regresó a China, seguida del anuncio de su detención por corrupción y de su dimisión, deja en evidencia los crudos métodos del aparato represivo chino, en contradicción con las normas de transparencia seguidas en los países democráticos.

Beijing no estimó conveniente avisar a Interpol que su presidente estaba siendo investigado, ni tampoco a Francia, país en donde tiene su sede la organización. Las autoridades francesas tuvieron que iniciar una investigación a pedido de la esposa de Meng.

“Este caso tendrá un impacto negativo en el ‘soft power’ chino”, especula el politólogo Willy Lam, de la Universidad china de Hong Kong. En plena guerra comercial transpacífica, el caso conforta lo que dicen los estadounidenses “que acusan a China de no respetar el Estado de derecho”.

Meng Hongwei podría haber aceptado sobornos pero también “comprometido la seguridad nacional”, supone Su Wei, profesor de una escuela de cuadros del Partido Comunista Chino (PCC), citado el martes por el diario oficial Global Times.

“Xi exige una lealtad absoluta”, observa Willy Lam, presumiendo que los investigadores pudieron tener dudas sobre la fidelidad de Meng con la línea presidencial.

A partir de ahora “las organizaciones internacionales lo pensarán dos veces antes de elegir a un chino en su dirección”, observó desde Washington la sinóloga Bonnie Glaser, del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, subrayando al mismo tiempo que el caso no es bueno para la imagen de Interpol.

“Interpol será muy criticada si no exige una investigación pública y el respeto a los derechos del acusado”, advierte.

El portavoz de la diplomacia china, Lu Kang, aseguró que China seguirá actuando “como actor responsable” con un “papel necesario en las relaciones internacionales y las organizaciones internacionales”.

 

Fuentes: AFP y EFE

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