El uso intensivo de agroquímicos en Argentina, en particular el glifosato, llega al plato del consumidor europeo. Expertos argentinos advierten sobre la emergencia de salud en los llamados pueblos fumigados.

El médico Damian Verzeñassi dirige el Instituto de Salud Socioambiental en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. A principios de la década de los 90, él y su equipo fueron contactados por distintos alcaldes preocupados por lo que sucedía en sus comunidades. Entre tanto, han pasado 28 años y lo que encontraron es una evidencia clara sobre el daño de los agrotóxicos para la salud.

“Lo que hemos encontrado es que ha habido un cambio en la manera de enfermar y de morir en nuestras poblaciones, con un incremento de enfermedades endócrinas como hipotiroidismo, neurológicas como parkinson o alzheimer, abortos espontáneos, malformaciones congénitas y cáncer de distintos tipos; linfoma, leucemia, cáncer de mama y de pulmón, y cáncer en personas jóvenes”.

El equipo de Verzeñassi compuso perfiles epidemiológicos de comunidades de menos de 10.000 habitantes, hasta ahora unas 37 localidades. “Los pueblos que hemos visitado están en medio del área de producción de transgénicos con agentes agrotóxicos.  En 2012 la incidencia anual de cáncer en esos pueblos fue de 397 casos por cada 100.000 habitantes, mientras que en el mismo año la media nacional fue de 217 casos. Hay una diferencia del 80% más de nuevos casos de cáncer en estos pueblos que en la media nacional”.

Argentina, uno de los primeros países en usar glifosato

Argentina fue uno de los primeros países a nivel mundial que comenzó a utilizar el glifosato, principal sustancia del pesticida “roundup”, de Monsanto, utilizado para eliminar la maleza en las plantaciones de soya, uno de los principales productos de exportación del país sudamericano.

“Lo que las poblaciones nos decían era que las fumigaciones con agrotóxicos era un problema y encontramos la evidencia científica. Desde la década de los 70 fue publicado un trabajo que demostraba que los agrotóxicos utilizados por la agroindustria eran los causantes de problemas de salud como los que estamos encontrando”.

El abogado Juan Ignacio Pereyra Queles trabaja en una red de abogados de pueblos afectados por pesticidas, y ha conducido ya varios procesos por el uso descontrolado de glifosato. El abogado acusa al Estado argentino de violar reglamentos medioambientales vigentes: “Pese a que las leyes existen la justicia no es receptiva, no está desplegando los instrumentos necesarios para proteger a las personas ni al medioambiente”.

El abogado señala que las posibilidades legales son relativas dado que la responsabilidad legal es muy difusa. “La integran los fabricantes, vendedores, importadores, aplicadores, y en especial el Estado, que tiene una particular responsabilidad como guardián del medio ambiente y la salud pública”.

Entidades de control al servicio de trasnacionales

El jurista lamenta que los órganos que debieran controlar, son manejados por funcionarios que responden a los intereses de las corporaciones trasnacionales. “Este modelo sólo beneficia a las corporaciones de las patentes, de los formulados químicos y biotecnológicos que registran cada vez mayores ganancias a un costo muy alto”.

No solo la salud de las comunidades se ve afectada, también desaparecen pequeños agricultores, y con ellos la biodiversidad. “Desaparecen las abejas, las mariposas y las luciérnagas a la par de una devastadora deforestación”.

Los expertos argentinos advierten que esta problemática no debe ignorarse en Europa. “Estos productos transgénicos que se producen en nuestro país vienen a Europa como forraje, como alimento para animales, por lo que acaban en el plato del consumidor europeo. Necesitamos que Europa empuje a favor de un cambio en la política de aceptación de este tipo de productos, para que de esa manera podamos impulsar un cambio en nuestro país”.

Verzeñassi y Pereyra Queles, participaron en un debate en Berlín, convocado por la Fundación Heinrich Böll, cercana al partido de Los Verdes, que promueve la prohibición del glifosato en Europa.

El grupo químico y farmacéutico alemán Bayer, que adquirió Monsanto, la compañía fabricante del herbicida glifosato, recibió hasta fines de agosto 8.700 demandas en Estados Unidos, según un informe semestral publicado por Bayer en septiembre pasado. Un Tribunal de San Francisco condenó a Monsanto a indemnizar con 289 millones de dólares a Dewayne Johnson, que utilizó el herbicida Roundup de Monsanto, de manera frecuente mientras trabajaba como jardinero para el distrito escolar de San Francisco.

Se trata de un caso ejemplar, pero la multinacional solicitó una repetición del juicio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) consideró que el glifosato es probablemente cancerígeno, sin embargo, la Unión Europea logró en noviembre de 2017 un acuerdo para renovar durante cinco años más la licencia para aplicar el glifosato, con el respaldo de 18 países, entre ellos, Alemania.

 

Fuente: dw.com

Anuncios