Hace algún tiempo, el periodista italiano Ernesto Galli della Logia, creador del diario Corriere della Sera, confesó a los lectores del periódico que, aunque nació italiano, no sabía si morir como tal. Según él, el país estaría cambiando demasiado rápido, y para peor. Dijo que notaba los cambios en pequeñas cosas. Por ejemplo, ninguna película italiana compitió en el Festival de Cannes de 2017, por primera vez en la historia del festival.

El fracaso en Cannes, escribe Della Loggia, es parte de una serie de otros fenómenos mucho más graves: una economía estancada, la caída de los salarios, el mal estado de la vialidad y el transporte público, la ineficiencia de la burocracia. Y la lista podría continuar.

Todo esto lleva a una difusa incomodidad para la que los italianos no conocen respuesta, sobre todo una respuesta política, de acuerdo con el sociólogo Marco Revelli. Los antiguos partidos tradicionales se disolvieron tras numerosos escándalos, apunta.

Revelli asegura que esos partidos hacen falta ahora. “Sin un lenguaje adecuado con el que puedan contar su propia historia, los ciudadanos son catapultados al resentimiento y al rencor”. Y es ahí donde los populistas se aprovechan de la situación, sostiene el sociólogo.

Crítica a las élites

El problema no se limita a Italia. Alexander Gauland, uno de los líderes del partido Alternativa para Alemania (AfD), delineó a principios de octubre en un ensayo para el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung qué grupos convergieron en su partido.

“Por un lado, la clase media, a la que también pertenece el sector mediano, que no puede simplemente transferir sus negocios a la India y producir allí de forma particularmente barata. En segundo lugar, las llamadas personas comunes, cuyos empleos son a menudo pésimamente remunerados o no existen más, y que han trabajado toda la vida y hoy tienen que sobrevivir con una jubilación miserable. Estos son también aquellos para quienes la patria todavía es un valor en sí y son los primeros en perderla, ya que los inmigrantes están fluyendo para el entorno en el que viven. Ellos no pueden simplemente mudarse y jugar al golf en otro lugar”.

El artículo de Gauland fue ampliamente criticado. En la crítica a la élite, algunos vieron, por ejemplo, una reformulación contemporánea de viejos motivos antisemitas. La “ausencia de la patria”, antes uno de los tópicos centrales de incitación antisemita, aparece en Gauland con una nueva apariencia, ahora dirigida contra las élites globalizadas.

Francia vista desde la periferia

Sin embargo, Gauland formula problemas que son vistos de forma similar por izquierdistas. En Francia, por ejemplo, el geógrafo social Christophe Guilluy investigó en varios libros el debilitamiento de los socialistas franceses.

“La France Periphérique” (La Francia periférica) es el nombre de su libro más famoso, que dedica a la clase desprivilegiada francesa, que ha sido marginada tanto en sentido social como geográfico y que, tras el desmantelamiento de las grandes industrias, se entregó a una existencia miserable al margen de la sociedad.

“Ningún partido, sobre todo ningún izquierdista, defiende sus intereses, asume su desesperación, y las organizaciones responsables, incluidos los sindicatos, no los representan más”, escribió Guilluy, explicando que muchos ciudadanos recurrieron entonces a nuevas figuras políticas, más específicamente a una mujer: Marine Le Pen, líder del partido Agrupación Nacional, antes llamado Frente Nacional.

Miedo a los demás

El análisis de Guilluy no se limita a Europa. También se aplica en gran medida a Estados Unidos. Allí, la amenazada parte central de la sociedad, o que al menos se siente amenazada, contribuyó a la victoria electoral de Donald Trump, dice en entrevista a DW el especialista en asuntos estadounidenses de la Universidad de Siegen Daniel Stein.

“Fueron principalmente los votos de ciudadanos de la clase media los que hicieron la diferencia. Estas personas tienen a menudo la impresión de no reconocer más su país, algunos temen el declive social, otros están contra de un Estados Unidos pluralista y abierto, y entonces aparece alguien como Trump, que ignora todas las reglas establecidas y pretende que quiere arreglar todo en Washington y en el mundo y pretende imponer los intereses de sus electores contra política correcta. Y muchos sienten simpatía, especialmente dado que canales de televisión derechistas como Fox News confirman esta imagen 24 horas al día”, afirmó el experto.

Una cosa que Trump ha logrado es que hace que sus promesas políticas y su agenda real se aparten ampliamente sin atraer críticas por parte de sus correligionarios, apunta Stein.

“La reforma del sistema de salud iniciada por Obama sería, por ejemplo, una posibilidad de aliviar el miedo a la relegación, pero es precisamente de esto que los republicanos quieren deshacerse. Hay una contradicción entre las demandas populistas de la campaña electoral y una política dura de derecha, que favorece principalmente a las clases más acomodadas y a las grandes empresas”, apunta el docente de la Universidad de Siegen.

Desconfianza en Brasil

Las elecciones presidenciales en Brasil se dirigen a la segunda vuelta. El candidato al frente en las encuestas es el populista de derecha o de extrema derecha Jair Bolsonaro, un hombre que encuentra siempre buenas palabras para describir la dictadura militar brasileña de los años 1960 y 1970.

También Bolsonaro atrae a la clase media bien formada, afirma Claudia Zilla, líder del grupo de investigación sobre el continente americano en el Instituto Alemán de Relaciones Internacionales y Seguridad (SWP) en Berlín.

“Estas personas tienen la impresión de que los otros partidos no son muy diferentes unos de los otros y de que la política es un negocio corrupto”, afirma Zilla. De hecho, en los últimos años, los brasileños han sido testigos de grandes escándalos de corrupción de políticos.

Zilla resalta que el hecho de que Bolsonaro deba parte de su éxito a influyentes grupos evangélicos no es ninguna coincidencia, pues los populistas de derecha y los evangélicos mantienen agendas conservadoras semejantes. “Se trata de orden, se trata de familia, se trata de valores tradicionales, se trata de privilegiar matrimonios heterosexuales”, dice la experta del SWP.

Además, en sus cultos, las iglesias evangélicas neopentecostales suelen usar estrategias de escenificación semejantes a las de los populistas, señala Zilla, explicando que ambos grupos buscan el contacto directo con el pueblo: ambos apelan primariamente a las emociones y, si es el caso, sólo en segundo plano al intelecto.

 

Por Kersten Knipp

Fuente: dw.com

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