Entre 1999 y 2012 la disfuncional economía petrolera venezolana disfrutó una burbuja de altos precios petroleros, tan prolongada que todavía se discute: Cuándo empezó exactamente, cuánto duró realmente, y en qué grado fue discontinua. El precio del crudo subió menos los primeros años que en los últimos. En 2009 bajó coyunturalmente. Siguieron precios record. Sostenidos en una banda muy alta de varios años.

Hugo Chávez alcanza al poder en las elecciones de diciembre de 1998. Y en el poder fallece en marzo del 2013, casi década y media después. Logró imponer una nueva constitución –larga, farragosa y contradictoria– que abrió el camino al totalitarismo. Que avanzó su revolución con creciente –aunque accidentado– gobierno de hecho,  sobre todos los poderes. Clave de la radicalización del socialismo –y del empobrecimiento que ocasionaría– fue en inicio del control cambiario permanente. Le posibilitó retomar y extender controles de precios. Imponer expropiaciones, incautaciones y racionamiento. La destrucción del capital privado como política de Estado.

Desinversión y deterioro de infraestructura dejaron en jaque el aparato productivo, privado y gubernamental. Fracasaban alucinantes proyectos de economía comunitaria, socialista, cooperativa. Y folclórica. Y se extendían por Venezuela redes del crimen organizado continental. Confluencia de socialismo revolucionario, narcoterrorismo y corrupción a escala inédita. Ingresaban por exportaciones petroleras a Venezuela más de 980 mil millones de dólares.

En 1998 el precio del petróleo venezolano era de aproximadamente 11 dólares por barril. En 1999, primer año de gobierno de Chávez subió a 16 dólares por barril. En 2004 ya se había duplicado a 32 dólares por barril. En 2008 llegaba a 88 dólares por barril. Bajó en 2009 con la recesión global. Pero subió más que nunca antes a partir de 2010. Manteniéndose entre 84 y 103 dólares por barril de 2011 a 2014. Ese Tsunami de petrodólares permitió diferir los efectos de la destrucción socialista del aparato productivo venezolano con masivas importaciones y gigantesco gasto clientelar. Y financiar la expansión continental del Foro de Sao Paulo. Clientelismo mediante, de 1999 a 2012 se reducía la pobreza.

La previa combinación de socialismo moderado y sustitución de importaciones habían transformado una de las economías más prosperas del planeta en una disfuncional economía empobrecida, que sufría desinversión y empobreciendo estructural. Inconsistentes y débiles intentos de ajuste. Y apertura parcial al mercado libre. Chocaron con intereses privilegiados apoyados en la tradición política y hegemonía ideológica socialista. Y fracasó políticamente el intento de abandonar la carrera al abismo. Dejando al país con cifras coyunturales de pobreza elevadas. La revolución chavista superaría por mucho las altas cifras de pobreza de la coyuntura que la elevó al poder.

Entramos a una prolongada recesión inflacionaria desde el 2014. Con un círculo vicioso de financiamiento monetario del un déficit creciente. Así llegamos a la mayor hiperinflación del mundo actual. Una de las mayores y más prolongadas de la historia. En medio de la destrucción socialista radical del aparato productivo y tejido económico. Y se suele pasar por alto que la recesión inflacionaria venezolana empezó antes de la caída de precios del crudo. Porque la masiva destrucción de capital junto al financiamiento clientelar del consumo, era insostenible en sí misma. Independientemente del precio del crudo.

Durante el colapso final del modelo económico intervencionista del socialismo moderado. En medio de una severa caída de precios del crudo. La mayor tasa –previa al chavismo– de hogares en pobreza extrema –con ingresos que no permiten adquirir 2 mil 200 calorías diarias por persona– eran 19,3%. Y los hogares en pobreza no extrema –con ingresos inferiores al doble de lo necesario para adquirir 2 mil 200 calorías por persona–  eran 28,7%. Cerca de la mitad de la población en 48% de hogares en la pobreza. Es difícil caer más bajo en una economía petrolera. Pero el socialismo revolucionario lo lograría.

En 2013, la pobreza en la Venezuela revolucionaria comienza a crecer nuevamente. La pobreza extrema había subido del previo 6% al 9,3%. Mientras el porcentaje de familias en pobreza no extrema llegaba al 23,7%. 33% de hogares caían bajo la línea de pobreza. Para el segundo semestre del 2015 el gobierno venezolano deja de publicar estadísticas de pobreza. El apagón estadístico se extendió rápidamente. Desabastecimiento. Inflación. Crédito público. Producción y exportación de crudo. Etc.

Que la primera estadística que deciden ocultar fuera pobreza es fácil de entender. De 2012 a 2014 reportan el repunte de la pobreza. Y una caída del Producto per cápita de 4,7%. De 2014 a 2017 el producto per cápita cayó 35%. Y la caída real sería mayor, quedando parcialmente oculta tras la indescifrable distorsión estadística que ocasionan el cambiante control de cambios diferencial. Y los controles de precios. Entre el 60 el 75% del PIB previo al chavismo ha dejado de existir. Y vemos una acelerada caída de la producción petrolera. Signos ominosos. Tras una prolongada desinversión que descapitalizó un aparato productivo cada vez más obsoleto.

Aunque las cifras oficiales no se ha publicado en años. Todavía se estiman razonablemente desde fuentes internas y externas. PDVSA no publica producción o exportaciones. La OPEP calcula y reporta. El Estado venezolano no revela información estadística. Multilaterales como el FMI la reconstruyen de fuentes diversas. Los Índices de precios son de encuestas de la acorralada Asamblea Nacional. Y centros de estudios económico independientes. El INE no revela cifras oficiales de pobreza. Pero la Encuesta ENCOVI de las principales universidades del país, nos mantiene al día.

Al cierre de 2017, el 25,8% de los hogares venezolanos estaba bajo la línea de pobreza no extrema. Y el 61,2% sufría pobreza extrema. Iniciaron 2018 un 87% de hogares venezolanos en la pobreza. Y para empeorarlo, en lo que va de 2018 el Producto per cápita ya ha caído otro 15% adicional. Por consecuencia, el 90% –o más– de la población hoy ya es pobre en la Venezuela socialista revolucionaria. Ese es el legado de Chávez. Y del previo socialismo moderado que le abrió camino.

 

Por Guillermo Rodríguez González

Fuente: panampost.com

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