Cuando los agentes de la Patrullera Fronteriza de Estados Unidos lanzaron gases lacrimógenos contra los migrantes que buscaban asilo en la frontera con México, aportaron de algún modo una evidencia del aumento que ha tenido el uso de estas sustancias durante la última década.

A primera vista, Noor Noor y Terry Burns no tienen mucho en común.

El primero es un estudiante de Cambridge de 28 años que está buscando graduarse en conservación ambiental y planea ejercer cuando regrese a Egipto.

La segunda vende verduras y otros productos naturales en la localidad de Jamestown, Pensilvania, en el norte de Estados Unidos.

Ellos nunca se han conocido.

Pero Noor y Burns están vinculados por el comercio global de armas no letales, una industria en crecimiento que alcanzó otra vez los titulares del mundo cuando se usaron gases lacrimógenos para dispersar a los migrantes que intentaban cruzar la frontera entre EE.UU. y México.

La primera interacción de Noor con este tipo de armamento fue el 25 de enero 2011, cuando miles de personas se reunieron en la plaza Tahrir de la ciudad egipcia de El Cairo, a protestar en contra del gobierno de Hosni Mubarak.

Era la primera vez que Noor estaba en una marcha de esa magnitud. Y también fue su primer encuentro con los gases lacrimógenos.

“Al principio me llamó la atención el nombre: ¿qué es este gas que nos hace llorar?”, le dijo Noor a la BBC.

Pero cuando las fuerzas de seguridad egipcias comenzaron a dispersar la marcha con este tipo de gases se dio cuenta de su verdadero alcance.

A él no solo lo hizo toser y que le ardieran los ojos, sino que también le revolvió el estómago. Y vio cómo otras personas que habían asistido a la movilización se desmayaban y algunas terminaban en el piso en medio de convulsiones.

“Pensé que se llamaban gases lacrimógenos. No tenía idea de que son gases para casi matarte”, agregó.

Durante los siguientes meses que continuó la protesta, Noor se puso la misión de recoger todas las latas de gas lacrimógeno que les fueran lanzadas y alejarlas de los movilizados.

Por esa razón llegó a conocer bastante bien cómo funcionaban las latas.

Desde lejos se ven como un envase de soda: plateado y redondo”, explicó.

“Uno de los pasatiempos de esos días era ver qué país producía este gas que nos podía matar. Y nos decíamos ‘este es estadounidense’, ‘este es gas lacrimógeno británico’ o ‘se pusieron tacaños y ahora están comprando gas chino'”, narró.

En algunas de esas latas se podía leer “Combined Tactical Systems” y una dirección en Jamestown, Pensilvania, EE.UU.

CTS

Combined Tactical Systems es una marca de Combined Systems (CSI), uno de los mayores productores de gases lacrimógenos en el mundo.

Esa lata que Noor tuvo en sus manos fue fabricada en una planta que está ubicada a menos de 500 metros de la casa de Terry Burns.

Y, al menos en una ocasión, una filtración del gas que se produce allí ha terminado en la plantación de Burns.

“Fue una nube de humo que vino hacia nosotros. Lo único que te puedo decir es que se veía y se sentía peligrosa”, le dijo Burns a la BBC.

No sabía qué hacer“, agregó.

Filtraciones de este tipo son poco frecuentes en Jamestown, pero lo que sí es cierto es que se han presentado múltiples incendios dentro de la planta.

Eso, sin contar las explosiones controladas que se escuchan varias veces al día.

Porque la planta no solo produce latas de gases lacrimógenos, sino también otros elementos para dispersar multitudes como bombas de humo y balas de goma.

A pesar de eso, Burns cree que es algo positivo.

“Es como otras industrias que la gente no quiere tener en el patio trasero. Pero, ¿es mejor para nuestra localidad? Probablemente. Nos trae dólares y empleo”, anotó.

Negocio multimillonario

El negocio de las armas no letales es una industria multimillonaria que va en crecimiento.

Se estima que el mercado va a facturar unos US$9.000 millones anuales en 2022, de acuerdo a Allied Market Research.

Por ejemplo, CSI no solo le vende a Egipto, sino también a Israel, Bahrein y los departamentos de policía de Estados Unidos.

Y, de acuerdo a Amnistía Internacional, CSI le vendió al gobierno egipcio 10.000 latas de gases lacrimógenos entre 2011 y 2013, incluso cuando la represión a las movilizaciones se volvieron más violentas y letales.

El rechazo social contra los gases lacrimógenos creció a medida que se enviaban más al país.

Después de una serie de enfrentamientos particularmente brutales en 2011, los trabajadores del muelle en el Canal de Suez no aceptaron un envío de gas lacrimógeno proveniente de CSI, diciendo que no querían participar en más en generar dolor y muerte.

Casi en todas partes donde vemos imágenes de protestas a gran escala, vamos a ver en las calles un producto de Combined Systems”, dijo Anna Feigenbaum, autora de un libro sobre la historia del gas lacrimógeno.

Primera Guerra Mundial

Ahora, “gases lacrimógenos” es un nombre común para una familia de sustancias químicas irritantes, que no son en realidad gases, sino polvos finos procesados, pulverizados o en aerosol.

El gas lacrimógeno no solo hace lagrimear sino que causa una sensación de ardor, dificultad para respirar, dolor de pecho e irritación de la piel.

Desarrollados en Francia durante la primera Guerra Mundial, los gases lacrimógenos siempre fueron considerados menos letales que el gas mostaza y otras armas químicas.

Por esa razón, Alemania y Estados Unidos no tardaron en replicar el invento.

“Cuando la guerra terminó, todos esos químicos y esas compañías químicas siguieron produciendo gases para tiempos de paz”, explicó Feigenbaum.

Empresas como Dupont comenzaron a producir latas de este gas y a mercadearlo dentro de los departamentos de policía y los encargados de las prisiones para dispersar las revueltas.

Pero la Convención de Armas Químicas de 1993 prohibió el uso de este tipo de gas durante la guerra.

Aunque muchos países, incluido EE.UU., continuaron utilizándolo para el control de movilizaciones.

Si bien de manera global hay evidencia de que se está utilizando mucho más, los gobiernos no registran su uso, por lo que no hay una cifra exacta de este aumento de consumo.

Además, las compañías no hacen públicas sus ganancias. Sin embargo, en las conferencias de los productores las proyecciones son de crecimiento.

Afirman que la industria está en aumento, que durante 2011, cuando ocurrió una protesta global masiva (que incluye la primavera árabe), las ventas de gas lacrimógeno se triplicaron“, dijo la experta.

Y agregó: “Entonces, en los lugares donde hay un conflicto en curso y donde hay menos regulación internacional y nacional, los productores ven un mercado en crecimiento”.

Ese crecimiento ha sido una bendición para Jamestown, Pensilvania.

Combined Systems se estableció allí en 1995.

“Hasta que CSI se instaló, en este poblado en el norte de EE.UU. no había muchos empleos“, dijo el presidente del consejo municipal de Jamestown, Michael Reilly.

“Hace muchos años probablemente había diez estaciones de gasolina, dos paradas de trenes: vías hacia el norte, sur, este y oeste. Pero todo eso se fue. Y lo que quedó fue poco”, anotó.

Actualmente hay algunos negocios relacionados con el turismo debido a un parque estatal cercano.

Fue una bendición para mucha gente. En esta región simplemente no existe el trabajo que solía haber. Tomaremos todo lo que venga para hacer que las personas trabajen”, dijo Reilly.

Las expectativas

Por su parte, CSI no respondió a las solicitudes que se hicieron para obtener su declaración.

Los trabajadores de la planta dicen que no les pagan bien, teniendo en cuenta el mercado estadounidense: menos de US$10 por hora.

A esto se suma que algunos empleados han resultado heridos en accidentes, dados a conocer en la prensa local en los años 2012, 2013 y 2015.

Y eso sin contar que se han reportado al menos cuatro incendios dentro de la planta en los últimos 15 años.

Sin embargo, Reilly dice que CSI es bueno para Jamestown y que es un empleador importante.

Muchas veces, cuando en Israel usan balas de goma y esas cosas, nosotros sabemos que vienen de aquí“, explicó el mandatario local.

“La mayoría de la gente dice: ‘Sí, nosotros lo fabricamos, lo empacamos y lo enviamos’. Hay un sentido de orgullo en eso. Siendo que no es letal, la sensación es mejor”, añadió.

Sid Heal, un experto en armas no letales que ha servido durante más de 30 años en las Reservas de la Marina de EE.UU. y en la policía de Los Ángeles, se ha propuesto como misión de vida crear más opciones no letales para la policía y el ejército.

Incluso ayudó a desarrollar algunas de ellas, como un rayo de calor que hace que una persona se sienta como si le hubieran lanzado un chorro de agua hirviendo.

El gas lacrimógeno ha sido una bendición en el sentido de que es verdaderamente no letal. Es muy, muy difícil matar a alguien con eso”, dijo Heal.

Sin embargo, el gas lacrimógeno no es su opción favorita.

Para él, un arma no letal ideal debe poder usarse para apuntar a una sola persona entre una multitud, además de que no cambie la atmósfera ni tenga efectos permanentes.

En ese sentido, el gas lacrimógeno falla en todos los aspectos.

No me gusta; tiene todo tipo de problemas. Es simplemente la mejor alternativa que existe. La gente olvida que el estándar no es la perfección”, señaló Heal.

Muertes

Sin embargo, la afirmación de que los gases lacrimógenos no matan no es cierta.

Manifestantes han muerto a causa de ellos en Egipto, en Gaza, en Bahréin.

Algunos por asfixia, cuando el gas se dispersó con una dosis demasiado concentrada en un espacio reducido.

Y otros a causa de las latas. Noor pasó varios días en el hospital después de que una lo golpeara en el ojo.

A veces nos disparaban de frente con los gases lacrimógenos, para darle a alguien en la cabeza o en la ingle. Fue una práctica común durante las protestas”, dijo Noor.

Pero la académica es más radical en su concepto.

“La idea de que un arma puede ser no letal es ridícula”, dijo.

“Que algo que fue diseñado para infligir dolor, que fácilmente puede ser letal, se llame ‘no letal’ debería ser ilegal”, agregó.

Heal dice que los términos “no letal” y “menos letal” se usan indistintamente en esta industria y admite que eso es confuso.

Pero agrega que se reduce a la intención. Estas armas están diseñadas para ser menos propensas a matar.

Es realmente frustrante, en el sentido de que nuestros mejores esfuerzos no sólo son marginados sino que son ridiculizados y despreciados”, dijo Heal.

“Nos ven como personas que no nos interesa la gente, en el mejor de los casos, y como gente mala directamente, en el peor de los casos”, añádió.

Pero, dadas las muertes en el mundo real, Feigenbaum rechaza la idea de que el armamento en cuestión es menos letal.

“Explícame qué es una muerte menos letal, ¿qué significa eso de morir de una manera menos letal?”, dijo.

En la Plaza Tahrir, miles de personas murieron de otras maneras, muchas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad.

El levantamiento terminó, el gas se disipó, pero incluso ahora Noor dice que tiene recuerdos contradictorios de esa época.

“Lo que estoy a punto de decir puede sonar masoquista, pero después de un tiempo extrañas el gas“, dijo.

Durante el levantamiento se llevó a casa un recipiente y lo selló en una bolsa. Y luego, de vez en cuando, sacaba la bolsa y olfateaba la lata para recordar.

Si tuviera que describirlo, diría que huele al perfume de Satanás“, dijo Noor.

Él lo describe como picante, pero no es suficiente. Otros dicen que es ácido o que huele un poco a vinagre.

“La vida en realidad se trata de encarar la muerte varias veces”, dijo Noor. “Y el olor a gas lacrimógeno fue un recordatorio instantáneo de eso”.

 

Por Jenn Kinney

Fuente: bbc.com

Anuncios