Frente a la ola de violencia en el estado de Ceará, el nuevo Ejecutivo de Jair Bolsonaro ordenó el envío de unos 300 agentes federales, que ya han arrestado a un centenar de sospechosos por vandalismo.

Desde este sábado 5 de enero, alrededor de 300 agentes de las fuerzas federales se mantienen desplegados en todo el estado brasileño de Ceará, ubicado en el noreste del país, con el objetivo de frenar una ola de violencia que se cree que ha sido desatada por bandas criminales.

De este modo, este domingo 6 de enero ya se logró arrestar a más de 100 personas de la región por presunta participación en los ataques iniciados esta semana, según datos de la policía local.

Así lo comunicó el nuevo Gobierno del presidente Jair Bolsonaro, luego de que el viernes autorizara la orden con el punto de mira en Fortaleza, capital del estado y núcleo de mayor vandalismo, pese a su carácter turístico.

En concreto, la medida de intervención fue firmada por el nuevo ministro de Justicia y Seguridad Pública, el exjuez Sergio Moro, tras “los ataques de autobuses y “edificios públicos” registrados en Fortaleza y en más de veinte localidades de la zona.

Y es que, según un informe del Ministerio, esta situación llevó al cierre de numerosos comercios y a la reclusión de varios ciudadanos que temen salir a la calle. Por lo que las tropas de la Fuerza Nacional de Seguridad Pública patrullarán en Ceará, sin fecha límite y prorrogable, hasta controlar la situación.

“El momento, más que nunca, es de unión de todas las fuerzas, de los Gobiernos, el Poder Legislativo, la Justicia, el Ministerio Público y la sociedad civil, para ser duros contra el crimen”, expresó el gobernador de Ceará, Camilo Santana.

La primera prueba para Jair Bolsonaro, frente a grupos criminales

No ha pasado ni una semana de su investidura (el día 1 de enero) y Jair Bolsonaro se enfrenta ya a su primera prueba de mandato, con una propuesta de endurecimiento de las políticas de seguridad y del sistema de justicia.

Precisamente, medios como la Agencia EFE atribuyen estos incidentes violentos (algunos incendiarios) a una respuesta de los grupos criminales sobre unas nuevas medidas del gobernador de Ceará, Camilo Santana, que buscan endurecer las normas en las cárceles, reforzando los controles internos.

Desde allí, desde las prisiones, los jefes de estas organizaciones orquestan todo lo que ocurre en el exterior: desde las pequeñas órdenes hasta los grandes ataques, y Santana quiere evitar con ello que sus cómplices siembren el caos. Así lo explican también los medios brasileños, que añaden que dos bandas criminales rivales han dejado de lado sus diferencias para enfrentarse a las autoridades regionales.

Una idea apoyada por otros ataques ocurridos en marzo, cuando varias ciudades del estado fueron atacadas, después de que se bloqueara la señal de los teléfonos a los presos de Ceará.

Después de El Salvador y Cuba, Brasil es el país de América Latina con más población carcelaria por habitante, de acuerdo con un informe de World Prison Brief de 2018. No por no ser el primero está exento de casos de muertes y asesinatos dentro de su sistema penitenciario, lleno de cárceles sobrepobladas y sin la suficiente vigilancia, pero también fuera de él, siendo un país que causa unas 60.000 muertes cada año.

Ese es uno de los argumentos de Bolsonaro para justificar una medida como la impunidad a los soldados y a los policías, lo que garantizaría su uso de la violencia en ciertas circunstancias que no serían cuestionadas por la ley, y hasta el discurso del porte de armas por parte de “buenos” ciudadanos, que podrían aplicar la justicia por ellos mismos.

Este mismo domingo el mandatario brasileño apeló a ello, tras pronunciarse por la muerte de un agente de la Policía Militar de Río de Janeiro, asesinado en un intento de asalto. “Mi pesar a la familia de otro policía asesinado en Río de Janeiro, el soldado (Daniel Henrique) Mariotti. La cacería de agentes de seguridad y la masacre de los ciudadanos de bien siempre fueron tratados como números”, afirmó Bolsonaro en sus redes sociales.

 

Por Janira Gómez Muñoz

Fuente: france24.com

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