El pueblo venezolano ha salido multitudinariamente a las calles a respaldar al líder opositor Juan Guaidó y crece la lista de países que lo reconocen como presidente legítimo.  Sin embargo, los altos mandos de las fuerzas armadas han mandado otro mensaje. Todavía sostienen a Nicolás Maduro y son el actor más decisivo con miras a un eventual desenlace de la crisis.

En sucesivos mensajes, generales frente a la tropa juraron el jueves su apoyo al acosado presidente Nicolás Maduro, en una muestra de lealtad que a pocos sorprendió.

Desde que tomó las riendas del gobierno en 2013, Maduro, un protegido del difunto líder socialista Hugo Chávez, cimentó el apoyo de las fuerzas armadas al ascender a los militares leales, darles el control de sectores clave de la economía y nombrarlos a puestos en el gabinete.

Eso significa que los altos mandos están en deuda con Maduro y temen perder sus puestos o ir a la cárcel si lo traicionan, de acuerdo con expertos. La tropa, que tiene dificultades para satisfacer sus necesidades familiares, tal vez no tenga una lealtad tan firme, pero las probabilidades de que un sector importante deserte y reconozca a Guaidó son escasas, dijeron varios oficiales en activo y retirados.

“Hay que esperar las próximas 48 horas”, dijo José Antonio Colina, un teniente del ejército retirado. Añadió que si en ese lapso los que no están de acuerdo no se pronuncian, se puede entender que apoyan a sus mandos.

Las fuerzas armadas han sido tradicionalmente los árbitros de las disputas políticas, aunque de acuerdo con la Constitución promovida por Chávez no están al servicio de persona o partidismo político alguno.

Exactamente 61 años antes de que Guaidó se proclamara ante una multitud de partidarios como presidente encargado de Venezuela, los militares destituyeron al dictador Marcos Pérez Jiménez, quien huyó en avión a la República Dominicana en medio de disturbios crecientes.

En 1992, el entonces mayor del ejército Hugo Chávez lideró un golpe fallido y 10 años después él mismo fue destituido por un breve tiempo.

Guaidó, un legislador de 35 años que ha inyectado nuevo vigor a la oposición dice que tres sectores son cruciales para instaurar un nuevo gobierno: el pueblo, la comunidad internacional y las fuerzas armadas.

Pero las fuerzas armadas cuyo apoyo solicita son muy distintas de las del pasado; Chávez y luego Maduro han borrado los límites antes nítidos entre los soldados, el gobierno y el partido gobernante. En ese ambiente, es sumamente improbable que se produzca una fractura en la conducción, aunque aparecen algunas grietas en la base militar.

En los últimos años, cientos han huido al exterior en busca de mejores perspectivas económicas y decenas han ido a la cárcel bajo sospecha de conspirar contra el gobierno. El lunes por la madrugada, algunas decenas de guardias nacionales se apoderaron de un depósito de fusiles de asalto, pero el alzamiento fue aplastado rápidamente.

Es llamativo que las fuerzas armadas no hayan activado el protocolo de emergencia llamado “Plan Zamora”, que se ha utilizado en disturbios anteriores y las autoriza a reprimir y controlar las movilizaciones masivas. Un ex general que habló bajo la condición de no ser identificado dijo que podría ser un reconocimiento de que los subalternos decepcionados no obedecerían esas órdenes.

Rocío San Miguel, una experta en las fuerzas armadas, dijo que si bien hubo choques el miércoles entre manifestantes y las fuerzas de seguridad, la concentración multitudinaria en la que habló Guaidó transcurrió sin enfrentamientos.

El jueves, un guardia nacional de 19 años dijo que no quería verse en la situación de tener que golpear a manifestantes. Hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias, dijo que se sentiría indignado de arrestar a “personas inocentes“.

Otro compañero que patrullaba con él una arteria que conduce al Tribunal Supremo dijo que no había visto los videos en los que los jefes militares dieron su apoyo a Maduro, pero aseguró que obedece las órdenes de sus superiores.

A su vez, los militares y sus familias tienen mayor acceso a los alimentos subsidiados por el régimen, de difícil alcance para el grueso de la población. Es que el Ejecutivo le dio a las Fuerzas Armadas el control del programa Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), muchos de los cuales terminan en un mercado negro, siendo así a la vez una fuente de ingresos para los responsables del contrabando.

No obstante, en los cuarteles, que solía ser un lugar de comida abundante, las racionales y la calidad de los alimentos ha mermado drásticamente, reportan fuentes locales.

El teniente retirado Colina dijo que si bien muchos soldados sufren hambre como tantos otros venezolanos, no tienen una conducción que les permita desafiar a sus superiores, lo cual significa que probablemente optarán por el status quo.

No es suficiente, lamentablemente“, dijo. “Dejaron de ser el esqueleto moral”.

En tanto, varios ex jefes que mantienen contacto estrecho con militares en activo dijeron que si Guaidó quiere tener una posibilidad de ganar el apoyo de sectores de las fuerzas armadas, tendrá que seguir movilizando a la gente y demostrarle a los militares escépticos y con mucho qué perder que cumplirá su promesa de amnistiar a quienes promueven los cambios.

Lo que está ocurriendo en Venezuela no ha terminado“, dijo San Miguel, “Está en desarrollo”.

 

(Con información de AP)

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