Nicolás Maduro sigue empecinado en no dejar entrar la ayuda humanitaria a Venezuela, mientras el líder opositor Juan Guaidó insiste en su pedido a los militares para que desconozcan al régimen. Estados Unidos, por su lado, descarta el uso de la fuerza para hacer llegar ayuda humanitaria.

Para que militares extranjeros ingresen a Venezuela para cumplir esta tarea se necesita la venia de la Asamblea Nacional, según el artículo 181 de la Constitución venezolana. Ayer viernes, en declaraciones a la agencia AFP, Guaidó manejó esta opción, que ya había adelantado en la entrevista que publicara El País el jueves.

El líder opositor, cuya presidencia interina reconocen medio centenar de países, enfatizó que hará “todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños” o pacientes por falta de medicinas. “Vamos a hacer todo lo que sea que tenga menor costo social, que genere gobernabilidad y estabilidad para poder atender la emergencia”, sostuvo, preguntado por AFP dos veces sobre si autorizaría una intervención militar.

Guaidó se proclamó presidente encargado el pasado 23 de enero luego de que la Asamblea Nacional declaró a Maduro en usurpación del cargo. “Aquí los días en Venezuela ya se cuentan en vidas humanas (…). Del 23 al 30 (de enero) asesinaron a sangre fría, el FAES, una unidad de las fuerzas armadas, a 70 jóvenes”, denunció.

Sin embargo, Maduro no da el brazo a torcer, y ayer viernes aseguró que no permitirá el “show” de la “falsa” ayuda humanitaria. “Venezuela no va a permitir el show de la ayuda humanitaria falsa, porque nosotros no somos mendigos de nadie (…) El paquete es muy bonito por fuera, pero por dentro lleva veneno”, afirmó Maduro en una rueda de prensa.

Según Maduro, la “emergencia humanitaria” es “fabricada desde Washington” para “intervenir” en Venezuela y controlar su petróleo.

“Si llegan tropas estadounidenses a Colombia, que se queden” allí, advirtió, al señalar que nunca entrarán a Venezuela aunque sean dos millones.

Una decena de vehículos cargados de medicinas y alimentos llegaron el jueves a la ciudad fronteriza de Cúcuta (Colombia), donde fue instalado un centro de acopio cerca del puente internacional Tienditas, bloqueado por los militares venezolanos con dos camiones y una cisterna.

En la peor crisis de su historia moderna, Venezuela sufre escasez de productos básicos y una hiperinflación que según el FMI será de 10.000.000% en 2019. Casi 3 millones de venezolanos han emigrado desde 2015, según la ONU.

Pero Maduro alega que no hay ninguna crisis humanitaria y culpa de la carestía a sanciones impuestas por Estados Unidos, que congeló cuentas y activos al gobierno, y embargará la compra de petróleo venezolano a partir del 28 de abril.

Mientras niega la crisis humanitaria en su propio país, Maduro envió un barco militar a Cuba con 100 toneladas en materiales de construcción y maquinaria para atender a los afectados por el tornado que golpeó la isla en enero. “El T-91 Les Moines de las Fuerzas Armadas Bolivarianas llegó al puerto de La Habana con ayuda para las personas afectadas por el fuerte tornado”, escribió en su cuenta de Twitter la embajada de Venezuela en Cuba, divulgando una foto del barco.

Presión a militares.

Guiadó convocó a dos movilizaciones, una el 12 de febrero y otra por definir, para presionar a los militares para que no bloqueen la ayuda humanitaria. “Están en un dilema: o se ponen al lado del pueblo necesitado o de la dictadura”, reiteró.

“Soldado, amigo, contamos contigo”, reza una pancarta que carga un venezolano, entre un puñado de migrantes que protestan a las afueras del puente Tienditas. Frente a las bodegas donde están almacenados los alimentos y medicinas en Cúcuta, el diputado Lester Toledo, delegado de Guaidó para coordinar el acopio, dijo que prevén la llegada de un “tsunami de ayuda humanitaria”.

La actitud de los militares le permitirá medir la unidad del mando de la Fuerza Armada, principal sostén de Maduro. Además de los militares, Maduro depende cada vez más del apoyo de sus aliados Rusia, China y Turquía, pero los chinos son pragmáticos y se enfocan “en recuperar sus préstamos”, lo que “limita sus opciones” de aguantar las sanciones estadounidenses, opinó Eurasia Group.

La crisis.

Inflación. Se estima que la hiperinflación ha alcanzado un nivel de 1.370.000% durante 2018, según datos del FMI. El costo de los alimentos que necesita una familia durante un mes, es 100 veces mayor al salario mínimo. Como resultado de esto, numerosos venezolanos no comen todos los días.

Colapso. La infraestructura en ruinas ha hecho que se discontinúen los servicios de agua y saneamiento, y el colapso del sistema de salud ha propiciado brotes de enfermedades que ya habían sido erradicadas, como el sarampión, que se han propagado a países vecinos.

Salud. Casi el 90% de los hospitales venezolanos consultados informaron faltantes de medicamentos, y casi el 70% indicaron sufrir cortes de energía y de agua periódicamente. En 2017, el régimen de Nicolás Maduro despidió a su ministra de Salud, no en respuesta a la catástrofe de salud que sufría el país, sino porque la ministra divulgó estadísticas actualizadas sobre la crisis del sistema sanitario. Desde entonces, el régimen ha dejado de publicar estadísticas de salud.

Éxodo. Según cálculos de las Naciones Unidas, más de tres millones de venezolanos se han ido del país, una cifra que se prevé que aumente a más de cinco millones para fines de 2019. La salida de venezolanos en situación vulnerable está desbordando la atención de la salud, la educación y otros servicios sociales en países vecinos, como Brasil, Colombia, Ecuador y Perú.

Asistencia. Estados Unidos anunció una partida de US$ 20 millones, Canadá US$ 40 millones y la Unión Europea US$ 7,5 millones para Venezuela una vez que se vaya Maduro.

Joven preso muere por falta de atención

“Me voy a morir”, le dijo Virgilio Jiménez a su hermana la última vez que habló con ella. El joven de 20 años, preso desde 2017 tras haber sido detenido durante las protestas contra el régimen de Nicolás Maduro, falleció esta semana por una hemorragia digestiva. Familiares y organizaciones de derechos humanos, que lo sepultaron ayer viernes, denuncian la falta de tratamiento médico en la cárcel de Uribana, donde estaba recluido en Barquisimeto (estado Lara). Es el octavo recluso del lugar que muere en condiciones similares en lo que va de año, según la ONG Observatorio Venezolano de Prisiones.

“Él empezó a tener fiebre desde diciembre”, relató a AFP su hermana Yoliani. Virgilio fue finalmente trasladado el 1º de febrero a un hospital de la ciudad, pero unas cuatro horas después fue devuelto al penal, agrega Yoliani. Su condición empeoró y volvió a ser enviado al centro médico el martes, donde falleció en la noche debido a un shock hemorrágico tras varios días de sangrado digestivo. Cuando Yoliani llegó ese día al hospital, encontró a Virgilio delirando. “Él me dijo: Yoliani, yo siento que me voy a morir”. Poco tiempo después, cuando el joven fue al baño, “se desbordó en sangre”. Virgilio estaba preso en Uribana desde el 21 de noviembre de 2017, detenido por militares durante una oleada de protestas opositoras contra Maduro que dejó 125 muertos. Fue acusado de “terrorismo”, y aún no se había hecho una audiencia por el caso.

 

Fuente: elpais.com.uy

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