López Obrador alegó durante la transición que recibió un país en bancarrota. El PRI y el PAN, gracias a sus políticas neoliberales arruinaron al país. Esa es su historia.

Basta revisar estudios académicos y arrastrar el lápiz un rato para darse cuenta que la historia dista de ser cierta. Eso no niega que haya demasiados focos rojos y que problemas como la pobreza y la pobreza extrema puedan ser ignorados. Tampoco pueden ser ignorados problemas como la destrucción ecológica que se ha vivido, los feminicidios y la inseguridad, los empleos precarios y las condiciones laborales que distan de ser óptimas. De ahí a que el país sea una tierra de destrucción es una mentira.

Debe considerarse con el presidente que aquello de lo que habla es tan importante como aquello que calla. No ha dicho una sola vez que el PRI previo a su conversión con Miguel de la Madrid Hurtado hubiera errado el camino, ni siquiera en la época en que las decisiones económicas llevaron al país a la bancarrota con José López Portillo. Ese silencio es significativo porque quiere retomar aquello que en su imaginación eran las políticas correctas.

Así como guarda silencio sobre las políticas económicas y los feminicidios, guarda silencio sobre una contradicción en su discurso: si hay que rechazar al modelo neoliberal porque arruinó al país, entonces se esperaría que por consistencia rechazara cualquier modelo económico que llevara a los mismos resultados.

De ahí que sea extremadamente extraño y preocupante que apoye a un régimen que ha llevado a su país a una crisis de tamaños inimaginables, a una de las peores crisis económicas que se haya visto en este lado del continente. Sí, Chávez fue adorado cuando su política de regalar dinero a los pobres funcionaba porque los precios del petróleo hacían posibles ese tipo de políticas (como fue el caso en México durante unos años con López Portillo), pero cuando bajaron los precios se acabó la posibilidad de hacer esos “milagros”. Culpar a Estados Unidos de la situación económica de Venezuela por el bloqueo es ridículo. Quien quiera corroborar que mucho se debe a las pésimas políticas de Chávez y a la peor administración de Maduro puede hacerlo sin mayor problema. Hay muchos estudios al respecto y la prensa seria, sea en forma escrita o con documentales, da detalles de cómo tanta ineptitud gubernamental llevó a esa crisis. Si me atrevo a escribir esta reflexión es porque hay evidencia que puede ser resumida en unos cuantos párrafos.

El que el gobierno nacional apoye a Maduro en nombre de la no intervención y el que busquen una salida negociada muestran dos problemas graves, además de la inconsistencia en cuanto a criticar propuestas económicas fallidas (y habría que demostrar que el “neoliberalimo” fue un fracaso): ignorancia por parte de quienes insisten en que la situación en Venezuela no es lo que se presenta en los medios de comunicación (o ceguera ideológica) y apoyo a un narcoestado. Nuevamente, la información es abundante en los dos temas.

La primera ceguera es preocupante porque muestra una incapacidad sistemática para ignorar la realidad y ver lo que quieren ver. Un gobierno a la altura de los problemas es aquel que se atiene a los hechos y que es suficientemente flexible para adaptarse a las condiciones cambiantes de la realidad. No es un gobierno que impone sus ideas y obliga a que esa realidad no sea lo que es. Se buscan cambios incrementales. Quien dude de las consecuencias de la ceguera ideológica en este sentido debería tomarse un rato para analizar las matanzas de Lenin y Stalin en nombre de cumplir con sus ideas, algo particularmente terrible en Ucrania y gracias a los planes quinquenales. Si este comportamiento ante Venezuela es lo característico del gobierno actual entonces no podemos esperar nada mínimamente gubernamental por parte del nuevo equipo, pero sí mucha ideología, algo que se empieza a ver en sus actividades en el Congreso.

Se ha lanzado una lucha contra el robo de gasolina por defender “nuestros recursos” al mismo tiempo que se autoriza un proyecto que daña la ecología en la Península de Yucatán. Y se apoya la supervivencia de Maduro siendo que ese estado fallido se ha aliado al narco, beneficiando las rutas y comercialización de lo que supuestamente se va a combatir en México. ¿Cómo? ¿Lucha al narco nacional y apoyo al narco internacional? ¿No que México primero? Regreso al mismo punto: o no se han informado, siendo que hay muy buena información y análisis al respecto, o de plano son incapaces de hilar dos idea al mismo tiempo o en pensar en forma estratégica. Como mexicano me siento indignado porque no encuentro razón alguna para que el gobierno apoye a un asesino, aunque no debería sorprenderme pues el señor presidente admira al hoy defunto dictador Castro, un distinguido millonario.

Como mexicano me preocupa profundamente el nivel de improvisación y trabajo mal pensado que se está haciendo desde el gobierno. Han dejado en claro que diagnósticos y estudios no son lo de ellos. Basta que se sueñe para que se haga realidad. Recuerdan a cierto grabado de Goya en que se cuestiona sobre los monstruos que produce la razón. ¿Qué monstruos produce la sinrazón? Ya lo hemos vivido con Echeverría y López Portillo, pero no se entiende. Y como mexicano me indigna y encuentro aberrante que esta “izquierda” que dice gobernar al país en nombre del “pueblo” con una teoría mezcla de Hobbes, Rouseau y Dussel (la secularización de la teología de la liberación) esté llevando al país a a la inestabilidad y a dos clases: ellos los millonarios (como Castro, Morales, Chávez, Ortega) y nosotros los jodidos.

El apoyo a Maduro muestra la clase de gente con la que no se puede contar para que este país se la potencia que podría ser.

 

Fuente: misesreport.com

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