Beijing y Moscú son algunos de los pocos aliados que le quedan a Nicolás Maduro. Intereses económicos, pero también geopolíticos, motivan a Vladímir Putin y Xi Jinping a seguir apoyando a un gobierno que otros países consideran “ilegítimo”. ¿Por qué?

El 1 de marzo, el Gobierno venezolano acordó con Rusia el traslado de la oficina de PDVSA de Lisboa a Moscú, con el fin, según la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, de proteger los activos de la petrolera de su país. Ese mismo día, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, negó que hubiera conversaciones en curso entre Vladímir Putin y Nicolás Maduro para realizar más préstamos de dinero al país sudamericano.

Sin embargo, Peskov reiteró el apoyo de Rusia a Venezuela: “Estamos interesados en continuar la cooperación con Venezuela, especialmente porque muchas de nuestras compañías están trabajando en grandes proyectos allá”, declaró. “Esperamos que estos proyectos tengan buenas perspectivas, que haya posibilidad de expandirlas y por supuesto esperamos que nuestros socios venezolanos puedan superar lo más pronto posible las dificultades políticas y económicas que enfrentan internamente”, añadió Peskov.

El 8 de marzo, el consejero de Estado chino, Wang Yi, volvió a rechazar la interferencia externa en Venezuela, aunque no aclaró si todavía reconoce al Gobierno de Nicolás Maduro o ha tenido contacto con la oposición: “Los asuntos internos de cada país deben ser decididos por sus propios ciudadanos. La interferencia externa y las sanciones solo exacerbarán la situación de tensión y permitirán que la ley de la selva se imponga sin control”. El funcionario aseguró que “ya hay suficientes lecciones de la historia y no se debe volver por el mismo camino viejo y desastroso”.

Rusia y Venezuela son algunos de los pocos aliados que le quedan al Gobierno de Maduro, o al menos los más poderosos. Además de los intereses económicos que ambos tienen en el país petrolero, su postura también responde a una confrontación geopolítica con Estados Unidos.

Rusia y Venezuela: una relación que se forjó en la época de las ‘vacas gordas’

La relación actual entre el Gobierno de Vladímir Putin y el de Nicolás Maduro dista mucho de lo que fue en la primera década de los años 2000, cuando el fallecido Hugo Chávez estaba en el poder. Con la bonanza que trajo el elevado precio del petróleo, Venezuela pudo fortalecer su arsenal armamentístico.

Y entre más se distanciaba de la Casa Blanca, más se acercaba al Kremlin. Es así como el gobierno bolivariano compró cerca de US$4.000 millones en equipo militar ruso entre el 2006 y el 2013 (año de la muerte de Hugo Chávez), según datos del Instituto internacional de investigación para la paz de Estocolmo.

Como le explicó a France 24 el economista venezolano Francisco Rodríguez, hay un interés militar de Rusia “que ha sido el principal proveedor de armas del Gobierno de Maduro y que tiene muchísima influencia sobre las Fuerzas Armadas venezolanas. Los rusos se buscan este tipo de regímenes, contrapuestos a Estados Unidos, como el Gobierno de Ásad en Siria, los apoyan, y saben que tienen gente leal, esa es la forma en que ellos están en su poder político”.

La relación entre ambos países no solo se fortaleció en el plano militar, sino también en el político y económico. Una figura clave en ese vínculo fue Igor Sechin, quien se desempeñó como primer ministro delegado de Rusia entre 2004 y 2008, y es muy cercano al presidente Putin. Pero, además, Sechin es el CEO de Rosneft, la petrolera rusa de composición estatal y privada. Y es a través de esta empresa, principalmente, que el país europeo ha incursionado en el sector petrolero venezolano.

Según el reporte anual de Rosneft del 2018, la petrolera tiene participación en cinco proyectos petroleros en Venezuela y posee el 100% del proyecto gasífero Mejillones y Patao, con derechos de exportación. De acuerdo con datos incluidos en este mismo reporte, en el 2018 Venezuela le pagó a Rosneft US$2.300 millones del préstamo que había recibido de dicha petrolera, y todavía debe otros US$2.300 millones, sin incluir intereses. Aparte de la deuda, analistas consultados por S&P Global Platts calculan en unos US$2.500 millones los activos de Rosneft en el país latinoamericano.

Si bien el Gobierno de Putin sigue respaldando a Nicolás Maduro, la luna de miel quedó atrás. La caída de la producción petrolera venezolana hace que cada vez le quede más difícil a ese país cumplir con sus compromisos. Según fuentes consultadas por Reuters en noviembre del 2018, Sechin estuvo en Caracas y le reclamó al Gobierno de Maduro por el retraso en entregas de petróleo el año pasado, destinadas al pago de deudas.

El escalamiento de sanciones por parte de Washington se siente también en Moscú. El lunes 11 de marzo el Departamento del Tesoro anunció el congelamiento de activos del banco ruso Evrofinance Mosnarbank en Estados Unidos, así como la prohibición a ciudadanos estadounidenses de hacer negocios con esta entidad. Según el Gobierno de Estados Unidos, el Evrofinance fue concebido para financiar proyectos petroleros conjuntos entre Rusia y Venezuela, que posee el 49% de las acciones.

A pesar de las dificultades económicas, un gobierno favorable a Estados Unidos en Venezuela no es algo que le guste a Rusia. Es por eso que deciden seguir apoyando a Maduro, según explica Francisco Rodríguez. “Se podría decir que estamos entrando en una nueva Guerra Fría, se percibe que las acciones de Guaidó están muy bien coordinadas con el Gobierno de Estados Unidos”.

China, “socio estratégico de largo plazo”

De acuerdo con el reporte de Reuters de noviembre del año pasado, uno de los reclamos de Igor Sechin habría sido que el Gobierno de Nicolás Maduro estaba cumpliendo sus pagos con China más que con Rusia.

Y es que según la base de datos financiera China-Latinoamérica de Diálogo Interamericano, entre el 2005 y el 2017 Venezuela fue, de lejos, el mayor receptor de financiamiento estatal chino en la región, con un total de 17 préstamos por valor de 62.200 millones de dólares. Sin embargo, en el 2017 los dos bancos estatales chinos, China Development Bank (CDB) y Eximbank se abstuvieron de realizar préstamos a Venezuela.

Al igual que con Rusia, Venezuela ha venido pagando sus deudas con China con petróleo, cada vez con más dificultad. Según cálculos de Reuters, con base en datos de PDVSA, la petrolera venezolana entregó unos 463.500 bpd a China entre enero y agosto del año pasado, una tasa de cumplimiento de apenas 60%.

Según le dijo Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de estudios China México de la UNAM a France24, además de ser un gran financiador de Venezuela, China también ha sido un importante socio comercial y aliado militar. Dussel afirma que el caso de China y Venezuela constituye un gran ejemplo de las nuevas relaciones triangulares que comenzaron a darse en la región, en donde antes del ascenso de China predominaban las relaciones bilaterales con Estados Unidos.

Para Dussel, la de Beijing y Caracas es “una relación estratégica de largo plazo”. Porque “más allá de insolvencias u otras dificultades, Venezuela es de enorme relevancia para un importador de petróleo como China o Estados Unidos”.

Las dos grandes economías del mundo juegan sus cartas en medio de la crisis del país sudamericano. Estados Unidos trabajando activamente por debilitar económicamente a Maduro mientras brinda su apoyo irrestricto a Juan Guaidó; China apropiándose de un discurso de no intervención. Ambos, posiblemente, con sus ojos puestos en las mayores reservas de petróleo del mundo.

 

Fuente: france24.com

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