El presidente de China, Xi Jinping, visitó Italia esta semana para firmar, entre otros, un destacado acuerdo con el gobierno italiano: el respaldo de Roma al proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda, que ha generado recelo en Occidente.

La iniciativa, emblema del gobierno de Xi, es un ambicioso plan de infraestructuras que, al igual que la antigua ruta comercial marítima, tiene como objetivo vincular a China con Europa, Medio Oriente y África.

Para Italia, podría significar una potencial inundación de inversiones y un mayor acceso a los mercados y las materias primas de China.

Pero en medio de la creciente influencia del país asiático en el mundo y las dudas sobre sus verdaderas intenciones, los aliados occidentales de Italia en la Unión Europea (UE) y Estados Unidos están preocupados.

Por tierra y por mar

La Nueva Ruta de la Seda tiene en realidad otro nombre oficial: Yīdài yīlù (Una franja, una rutao en inglés Belt and Road Initiative (La Iniciativa de la Franja y la Ruta -o BRI, por sus siglas en inglés-), y consiste en una ola de fondos chinos para grandes proyectos de infraestructura en todo el mundo.

El objetivo del país asiático es acelerar la llegada de sus productos a mercados más lejanos. Para los críticos, también representa una apuesta audaz para aumentar su influencia geopolítica y estratégica.

China ya ha financiado trenes, carreteras y puertos, y las empresas de construcción chinas han obtenido contratos lucrativos para conectar puertos y ciudades, financiados por préstamos de bancos chinos.

Los niveles de deuda que las naciones africanas y del sur de Asia tienen con China han generado preocupación en Occidente, pero se han construido carreteras y ferrocarriles que de otro modo no existirían:

  • En Uganda, los millones de China construyeron una carretera de 50km hacia el aeropuerto internacional
  • En Tanzania, una pequeña ciudad costera está camino de convertirse en el puerto más grande del continente
  • También en Europa, las empresas chinas lograron comprar en 2016 el 51% de la autoridad portuaria de El Pireo, cerca de Atenas, después de años de crisis económica en Grecia

Italia, sin embargo, será la primera potencia europea ymiembro del Grupo de los Siete (G7), que reúne a las 7 democracias más industrializadas, en tomar el dinero ofrecido por China.

Pese a que el país europeo es una de las 10 economías más grandes del mundo, hoy se encuentra en una situación peculiar.

El colapso de un puente en Génova, en agosto pasado, mató a decenas de personas y convirtió la infraestructura desmoronada de Italia en un problema político importante por primera vez en décadas.

Y la economía italiana está lejos de estar en auge.

El país entró en recesión a fines de 2018 y su nivel de deuda nacional está entre los más altos de la eurozona.

El gobierno populista de Italia llegó al poder en junio de 2018 con planes de alto gasto, pero tuvo que dar un paso atrás luego de un enfrentamiento con la UE.

Es en este contexto que se dio el acuerdo de China: fondos que podrían rejuvenecer a las grandes ciudades portuarias de Italia, que están a lo largo de la milenaria Ruta de la Seda marítima.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha mencionado a las ciudades de Trieste y Génova como posibles candidatos a ser renovados.

“Tal como lo vemos, es una oportunidad para que nuestras empresas aprovechen la creciente importancia de China en el mundo”, dijo el subsecretario de Estado para el comercio y la inversión de Italia, Michele Geraci.

“Creemos que entre nuestros socios europeos, Italia se ha quedado fuera. Hemos perdido un poco de tiempo”, dijo a la BBC.

¿Qué gana China?

La decisión de Italia es “en gran parte simbólica”, según Peter Frankopan, profesor de Historia Global en la Universidad de Oxford y autor de “The Silk Roads” (Las Rutas de la Seda).

Pero incluso tener a Roma admitiendo que vale la pena explorar el BRI “tiene valor para Pekín”, señaló.

“Agrega brillo al esquema existente y también muestra que China tiene un importante papel global“.

“El movimiento aparentemente inocuo se produce en un momento delicado para Europa y la UE, donde de pronto hay una gran inquietud no solo por China, sino por averiguar cómo Europa o la UE deberían adaptarse y reaccionar ante un mundo cambiante”, le dijo a la BBC el profesor Frankopan.

“Pero también hay más en juego aquí”, agregó. “Si la inversión para construir puertos, refinerías, líneas ferroviarias, etc., no proviene de China, ¿de dónde provendrá?“.

Antes de su llegada, el presidente Xi declaró que la amistad entre China e Italia estaba “arraigada en un rico legado histórico”.

“‘Made in Italy’ (Hecho en Italia) se ha convertido en sinónimo de productos de alta calidad. La moda y los muebles italianos satisfacen plenamente el gusto de los consumidores chinos; a los jóvenes chinos les gustan las pizzas y el tiramisú”, escribió en un artículo publicado por el diario italiano Corriere della Sera.

Esa etiqueta “Made in Italy” tiene una reputación de calidad en todo el mundo y está protegida legalmente para productos procesados “principalmente” en Italia.

En los últimos años, las fábricas chinas con sede en Italia que utilizan mano de obra china han desafiado esa marca de calidad.

Las mejores conexiones para las materias primas baratas de China y el retorno de los productos terminados desde Italia podrían extender esa práctica.

Inversión “depredadora”

El pacto entre Italia y China se produce en medio de dudas sobre si se debería permitir a la firma china Huawei construir redes de comunicaciones esenciales, luego de que Estados Unidos expresara su preocupación de que podrían ayudar a Pekín a espiar a Occidente.

En cualquier caso, eso no fue parte de las negociaciones que se llevaron a cabo en Italia.

Pero poco antes de la llegada de Xi, la Comisión Europea emitió una declaración conjunta sobre “el creciente poder económico y la influencia política de China” y la necesidad de “revisar” las relaciones.

Y mientras el presidente Xi visitaba Roma, los líderes de la UE reconsideraron en Bruselas algunos puntos de la relación con el gigante asiático.

Si bien éstos incluyen un compromiso más profundo, también se discuten planes para “abordar los efectos distorsionadores de la propiedad estatal extranjera”, así como los “riesgos de seguridad planteados por la inversión extranjera en activos críticos, tecnologías e infraestructura”.

En marzo, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., Garrett Marquis, señaló que Italia era una economía importante y no necesitaba “dar legitimidad al vanidoso proyecto de infraestructura de China“.

Por su parte, el propio Consejo de Seguridad Nacional publicó en su perfil de Twitter: “Italia es una de las principales economías mundiales y un gran destino de inversión. Respaldar al BRI le da legitimidad al enfoque depredador de la inversión china y no traerá beneficios al pueblo italiano”.

Los miembros del oficialista partido de derecha italiano, Liga Norte, tienen sus propias preocupaciones sobre la seguridad nacional.

El ministro del Interior, Matteo Salvini, advirtió que no quería que las empresas extranjeras “colonizaran” Italia.

“Antes de permitir que alguien invierta en los puertos de Trieste o Génova lo pensaría no solo una vez, sino cien veces”, advirtió Salvini.

Preparando la escena

Los funcionarios italianos resaltan que el acuerdo con China no es un tratado internacional ni es vinculante.

“No hay proyectos específicos”, aclaró Michele Geraci. “Es más un acuerdo que sienta las bases”.

También destacó que otras naciones europeas ya aceptan la inversión china a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, patrocinado por Pekín para la construcción de proyectos de transportes y telecomunicaciones en Asia y otras regiones del mundo y visto por los críticos como un posible rival del Banco Mundial.

Geraci, en concreto, mencionó que Reino Unido fue el primero en inscribirse a esta entidad y “luego, uno por uno, Francia, Alemania, Italia y todos los demás también siguieron su ejemplo “, destacó.

El funcionario cree que lo mismo ocurrirá ahora y que los vecinos de Italia pronto lo seguirán con la Nueva Ruta de la Seda china.

“Creo que esta vez Italia está, de hecho, liderando a Europa, y entiendo que pueda ser una sorpresa para la mayoría”.

 

Fuente: bbc.com / CNBC International TV

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