Turquía y Malasia, dos grandes países musulmanes, enviaron casi de manera simultánea una señal a Estados Unidos y a otros países occidentales de que no tienen la intención de anteponerse a China en relación con el tema de los uigures de Xinjiang.

Esta región noroccidental de China ha estado en el centro de la controversia entre China y Occidente por la situación de los uigures, musulmanes que allí viven y se ven a sí mismos como una etnia y cultura más cercana a las naciones de Asia Central que a China.

Los uigures acusan a las autoridades centrales de haber intensificado la persecución contra ellos, siendo ellos una minoría, mientras que Occidente, liderado por Washington, los apoya y exige a Pekín que les garantice más libertad.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, planteó el desafío contra Occidente durante las conversaciones con el presidente chino, Xi Jinping, realizadas en Pekín. Por su parte, el ministro de Asuntos Religiosos de Malasia, Mujahid Yusof Rawa, anunció los resultados de su visita a Xinjiang.

Erdogan afirmó que “es innegable que todos los pueblos de Xinjiang viven felices en el desarrollo y la prosperidad de China”. Estas palabras fueron pronunciadas solo cuatro meses después de que el Ministerio de Asuntos Exteriores turco calificara la situación de los uigures en Xinjiang de “gran vergüenza para la humanidad”. En aquel momento, esta declaración resultó ser la crítica más fuerte a China por parte del mundo musulmán.

Por qué cambió la posición turca

El cambio en la posición de Ankara es el resultado de los arduos esfuerzos diplomáticos de Pekín, señaló a Sputnik Li Bingzhong, director del Centro de Estudios Turcos de la Universidad Pedagógica de Shenzhen.

“Turquía había criticado previamente la política de China en Xinjiang, pero en realidad era solo una declaración de un representante del Ministerio de Asuntos Exteriores turco. No fue a un alto nivel político y no fue necesariamente un reflejo de la posición del presidente Erdogan”, comentó.

A su juicio, Turquía cambió posteriormente su posición debido a que el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Embajada de China en Turquía han realizado una gran labor. El embajador chino en Turquía, Deng Li, aclaró este tema en una entrevista.

Asimismo, destacó que la política interna y la diplomacia de Erdogan “están atravesando un período muy complicado y su visita a China es una forma de encontrar una solución a los problemas de política interior y exterior. En aras de sus propios intereses, Turquía llama la atención sobre cuestiones que preocupan al Gobierno chino y que afectan a sus intereses”.

Varios observadores creen que la anterior evaluación de Ankara de la situación de los derechos humanos en Xinjiang puede haber sido influenciada e, incluso, causada por la presión de Estados Unidos. Sin embargo, el mandatario turco aseguró durante las negociaciones con el líder chino que “la parte turca no permitirá que nadie meta cizaña en las relaciones turco-chinas”.

Cómo reaccionaron en Malasia

El ministro de Asuntos Religiosos de Malasia, Mujahid Yusof Rawa, se vio atrapado en el fuego cruzado de las críticas de políticos y activistas de derechos humanos en su país por sus fotografías desde Xinjiang tras su viaje allí. Las fotos muestran los centros de formación profesional en Xinjiang.

El reportaje fotográfico le “decepcionó profundamente” a Shamini Darshni Kaliemuthu, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Malasia, quien esperaba ver escenas de la vida al estilo de un campo de concentración, como lo representan en Europa y EEUU. Mientras tanto, Malasia se enfrenta a la amenaza terrorista de los islamistas que buscan refugio en su país y lo convierten en una plataforma para organizar y llevar a cabo actos terroristas.

Un poco de historia

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD), en un informe publicado a finales de agosto pasado, denunció que hasta un millón de uigures y otros musulmanes podrían estar en los llamados ‘campos de reeducación’ a lo largo de la región de Xinjiang.

El presidente del gobierno de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, Shohrat Zakir, defendió en una entrevista lo que calificó de “programa de educación y capacitación vocacional”, que busca erradicar el extremismo religioso y la infiltración de terroristas en la zona.

“El mundo no puede permitirse la vergonzosa hipocresía de China hacia los musulmanes. Por un lado, Pekín abusa de más de un millón de musulmanes en casa, pero por otro protege a los grupos terroristas islámicos violentos de las sanciones en la ONU”, publicó Mike Pompeo, el secretario de Estado de EEUU, en su cuenta de Twitter.

 

Fuente: sputniknews.com