Los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro lograron convertir la frontera de Venezuela con Colombia en «tierra de nadie», donde la guerra entre bandas paramilitares y terroristas es pan de cada día, y lo hacen vida bajo la mirada complaciente o impotente de las autoridades.

Uno de los principales responsables de lo que sucede en la frontera, es Freddy Bernal, un policía que de la noche a la mañana pasó a tener un cargo paralelo como «Protector del Táchira» usurpando funciones de la Gobernadora del Estado Táchira.

Un reportaje de Infobae revela cómo bajo la mirada complaciente del régimen, colectivos armados del chavismo se unieron a la guerrilla colombiana que opera desde territorio venezolano. Se trata del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y Los Pelusos; bandas que no solo se encargan de contrabando y manejo de la economía local, sino que también protagonizan acciones de tráfico de personas.

Aunque Bernal prometió ocuparse de las bandas irregulares, se mantiene de brazos cruzados, pues la Fuerza Armada de Venezuela no está preparada para lidiar con organizaciones sanguinarias entrenadas y dispuestas para morir y matar.

La zona fronteriza se ha convertido en «tierra de nadie» donde por poder y territorio se desató una guerra entre guerrillas. De allí surgieron graves y silenciosas masacres: decapitan a personas relacionadas con los cuerpos militares y policiales de Venezuela, mientras ejercen sus fechorías.

«Uno de los temidos grupos paracos de la frontera se autodenomina La Línea, que conjuntamente con Los Urabeños y otras bandas, ha enfrentado a los simpatizantes del chavismo y alias El Paisa ha amenazado a Bernal», detalla el reportaje de Infobae.

Y es que al parecer bandas armadas llegaron a la frontera para disputarse el poder con el ELN y los colectivos chavistas y ahora hay una guerra entre delincuentes que el régimen no sabe cómo parar.

Hay que recordar que entre el 24 y 28 de julio, Maduro anunció una supuesta «Campaña Libertadora» en la frontera con la intención se movilizar armamento y cuerpos militares para enfrentar la situación.

«La verdad es que lo que se propuso fue meter a la Fuerza Armada con el mayor despliegue posible para enfrentar a los paramilitares que ya se habían apoderado de la zona sin que la guerrilla y los colectivos pudieran detenerlos», señala Infobae.

Recientemente se llevó a cabo una masacre que dejó el saldo de doce muertos en un enfrentamiento en la frontera colombo- venezolana. La acción criminal fue atribuida a la banda Los Rastrojos.

La policía de Puerto Santander, Colombia, informó haber oído disparos en las primeras horas del 18 de junio desde el lado venezolano del río Grita. Poco después, interceptaron una balsa en la que iban dos hombres que intentaban cruzar desde Venezuela.

Los hombres fueron capturados y se les brindó atención médica por heridas de bala. Fueron identificados como el jefe de Los Rastrojos Jhon Jairo Durán Contreras, alias “El Menor”, y un guardaespaldas. Ambos llevaban puestos uniformes militares y portaban elementos de armamento pesado.

Franklyn Duarte, diputado opositor de la Asamblea Nacional señaló a través de su cuenta en Twitter: “Tenemos un saldo de 12 asesinados, producto de enfrentamiento de grupos irregulares. Hay más de 20 heridos por bala. Vemos con preocupación que los cuerpos de seguridad no actúan como lo exigen la constitución y las leyes”, señaló.

De acuerdo con InSignt Crime, en los días posteriores a la masacre, hubo un éxodo sin precedentes de por lo menos 1.000 venezolanos de Boca de Grita en Venezuela a Puerto Santander en Colombia, temerosos de las consecuencias de esta nueva guerra entre bandas.

En los últimos meses el conflicto se ha centrado en las disputadas rutas de narcotráfico de la provincia de Ureña; mientras que la zona al norte conocida como Guaramito se mantiene bajo el dominio de una frágil alianza entre Los Rastrojos y el Ejército Popular de Liberación (EPL).

Guaramito que es punto de tránsito clave para migrantes y mercancías ilegales, también es un centro de contrabando de gasolina que representa una de las economías criminales más lucrativas de esa región limítrofe. Los Rastrojos tienen una base de operaciones en Boca de Grita por lo menos desde 2018, y desde allí coordinan sus operaciones de contrabando de gasolina en colaboración con elementos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

A Freddy Bernal le encomendaron la misión de poner orden en la frontera, sin embargo, en los años que lleva ejerciendo de «protector del Táchira», se ha dedicado es a extorsionar comerciantes y empresarios de la región, a irrumpir en mercados a plena luz del día para «pedir precios justos», a llevarse presos a empleados de comercios y tiendas, mientras los cuerpos paramilitares delinquen a la luz del día.

 

Por Sabrina Martín

Fuente: panampost.com

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