Han sido semanas en extremo convulsionadas en la región. Semanas de mucha confrontación, sangre, violencia y un apogeo de mentiras para avivar la llama del resentimiento en América Latina e intentar derribar a los gobiernos legítimos de Sudamérica.

Primero fue Lenín Moreno y después Sebastián Piñera, dos mandatarios que pidieron combatir a Maduro, pero no con fuerza, sino con diplomacia. El tirano de Miraflores les respondió, pero él no acudió a diálogos ni pidió a sus portavoces lanzar advertencias. Maduro envío delegaciones de terroristas a las capitales de sus países: Quito y Santiago de Chile, y comenzaron a destruir todo lo que les pasara por el frente.

El resultado en Chile y Ecuador terminó siendo el mismo: lamentablemente tanto Piñera y Moreno se retractaron de decisiones económicas razonables que habían establecido para sincerar las economías de sus naciones. Ahora deberán seguir lastrando subsidios para complacer los caprichos de grupos desestabilizadores financiados por el Foro de Sao Paulo. Bien se los dijo Maduro el pasado domingo: «El plan va perfecto, ustedes me entienden. Todas las metas que nos hemos puesto en el Foro de Sao Paulo se han realizado».

No es la primera vez que el chavismo toma responsabilidad sobre las corrientes desestabilizadores de la región. Ya Diosdado Cabello había dicho en un par de ocasiones que lo de Ecuador iba para Colombia, que la brisa bolivariana atacaría a toda la región, que se preparen en el resto del continente. Sus amenazas han sido reiteradas.

Las hordas desestabilizadoras calcinaron por completo el edificio de la Contraloría en Quito, dejaron un número indefinido de comercios destruidos y calles devastadas, pérdidas de al menos dos mil trescientos millones de dólares por el paro de esos días, según la Cámara de Industrias.

No obstante, los destrozos en Ecuador podrían considerarse pocos si se comparan con lo ocurrido en Santiago, donde al menos 78 estaciones del ferrocarril metropolitano sufrieron destrozos, y varias fueron completamente destruidas, según Louis de Grange, presidente de la compañía estatal. Miembros del Gobierno chileno han afirmado que el sistema de metro podría tardar meses en ser reactivado, y que los arreglos superarían una inversión de trescientos millones de dólares (esto solo en cuanto al sistema de transporte).

En Santiago también se saquearon comercios, supermercados, bancos. Fueron incendiados varios autobuses y calcinada la torre de la empresa Enel. El monto total de los destrozos en Chile todavía no ha podido ser calculado. Además, a esto se le debe sumar el monto que proviene de pérdidas por la paralización momentánea de la economía en la capital. La brisa bolivariana que auguró Diosdado va dejando cenizas por donde pasa.

La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha pronunciado al respecto. Ha acusado a las dictaduras de Venezuela y Cuba de desestabilizar la región, e hizo un pronunciamiento directo en contra de las declaraciones realizadas por Cabello, con respecto a las «brisas bolivarianas».

La semana anterior, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Teodoro Ribera Neumann, había seguido la línea diplomática del Gobierno de Piñera para oponerse a una intervención armada en Venezuela, pero afirmó que un bloqueo naval podría ser una acción pertinente para atacar al régimen de Maduro. Por tanto, se deduce que lo ocurrido en Santiago es la respuesta directa a dichas declaraciones. De hecho, el mismo Cabello retuiteó el mensaje de William Castillo, viceministro de Comunicación Internacional de Relaciones Exteriores de la tiranía, el cual posee una tónica bastante peculiar y poco diplomática.

Tras todo esto, finalmente el presidente Piñera parece haberse agotado de la diplomacia y declaró abiertamente que se encontraban en una guerra contra un enemigo poderoso. Lo hizo rodeado del alto mando militar dejando una imagen bastante particular, afirmando sin eufemismos lo que ocurría en la región:

Lo cierto es que Cuba inoculó en primer lugar el cáncer socialcomunista expansionista en la Venezuela chavista, y esta, a su vez, se encargó de propagar la enfermedad por el resto de la región. El continente fue retomando la compostura y los gobiernos democráticos empezaron a recuperar terreno perdido, pero las dictaduras de 60 y 20 años, en Cuba y Venezuela respectivamente, no admitirán una derrota sencilla, y lanzaron su contraofensiva.

Maduro lo ha dicho una y otra y otra vez. Ha sido repetitivo hasta el cansancio. Y Diosdado, el número dos del chavismo, también: no saldrán por las buenas, ni por las malas (afirman ellos). Si esto requiere tener que cortarle las cabezas a todos los que los denuncien en organismos internacionales y sugieran cualquier acción por pequeña que sea en su contra, pues los chavistas lo harán: no ha sido solo en Ecuador y Chile, también ha ocurrido en Colombia, particularmente el vecino país con más fuerza, con el armamento y protección de grupos irregulares.

Actualmente, en Bolivia se acaban de celebrar unas nuevas elecciones presidenciales que repiten a Evo Morales (el aliado de Maduro) como candidato en cuarta ocasión, rompiendo por completo con el trecho constitucional de Bolivia. Argentina está a semanas de ir a elecciones presidenciales donde se presume ganará el candidato kirchnerista y próximo aliado de Maduro, Alberto Fernández, quién ha advertido que se unirá a las posturas de los gobiernos socialcomunistas de Uruguay y México para apoyar la causa del «diálogo» en Venezuela, que ha traído tiempo y reacomodo a la tiranía en Venezuela.

Durante muchos años los gobiernos de la región ignoraron la situación venezolana. Pensaban que haciéndose los sordos y mudos evadirían la realidad, hasta que esta les tocó la puerta y les estalló en las manos; primero con la ola migratoria, después con los grupos delincuenciales exportados con cariño de Maduro al continente, luego con la protección y el financiamiento de las FARC y el ELN en Venezuela, que culminó en la nueva declaratoria de guerra de los primeros contra el Gobierno de Colombia, y después con la infiltración de miembros de colectivos chavistas en movimientos desestabilizadores y protestas en Ecuador y Chile.

Winston Churchill, además de gran estadista y ser uno de los principales responsables de vencer a Hitler, fue un genio de la palabra. No en vano le dijo a Chamberlain: «Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra, y elegiste la deshonra, ahora también tendrás la guerra».

Algo similar ocurre hoy en día con todos los mandatarios de la región, quienes fueron alimentando el cocodrilo, esperando que se comiera primero a otros y no a ellos. Pero el tiempo siempre pone todo en su lugar, y los criminales y terroristas siempre serán criminales y terroristas, y jamás, bajo ninguna circunstancia, pueden ser tratados como políticos, pues tarde o temprano la diplomacia será sustituida por la violencia.

Hoy los mandatarios de la región tienen en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) un elemento que les permite legalmente abrir una expedición militar para combatir a Maduro y sacarlo del poder. Justo el fin de semana pasado el senador Republicano Marco Rubio se los dijo: «no hay ningún país de América Latina que se ha pronunciado a favor de trabajar con Estados Unidos sobre cualquier tipo de solución militar, eso es una gran diferencia, mientras que en Medio Oriente, hay varios países que han invitado y han pedido abiertamente a Estados Unidos a tener una presencia militar», refiriéndose principalmente a Brasil y a Colombia.

En Venezuela una gran parte del país apoya y ha pedido abiertamente que se conforme una fuerza militar para deponer a Maduro. Una buena parte de los venezolanos no se siente representado por el presidente encargado Juan Guaidó, pues él mismo ha traicionado la ruta inicial que le había propuesto al país para salir de la tiranía, y no ha invocado los tratados internacionales y artículos de la Constitución que legitimen una intervención extranjera.

Es preciso recordar que Guaidó surge de una elección parlamentaria realizada en 2015, con una coyuntura política completamente diferente, y que hoy su mandato es el fruto de un acuerdo entre los partidos que manejan la Asamblea Nacional. Una acción de fuerza en el país sería avalada por una gran parte de los venezolanos, así lo demuestran diferentes encuestas realizadas en el país, entrevistas de calle y manifestaciones a través de redes sociales. Es completamente legítima, así Guaidó y parte de la «oposición» lo niegue. Los Gobiernos democráticos de la región pueden encontrar en la sociedad civil y diferentes líderes opositores el respaldo para una acción que libere al continente de los tiranos de América.

Hoy Piñera, Moreno, Duque, Bolsonaro, Macri, Abdo, en compañía de Trump, pueden invocar el TIAR y de forma legítima sacar por la fuerza a Maduro de Miraflores. Les aseguro que los venezolanos apoyarían sus gestiones y se pondrían de su lado.

Cierro con otra fantástica frase de Churchill: «Si Hitler invadiera el infierno, yo haría un discurso en la Cámara de los Comunes con referencias favorables al diablo».

Hoy Maduro es el Hitler de América Latina, y todo el que no apoye su destitución, todo el que enérgicamente no emplee los mecanismos a disposición para acabarlo, sencillamente lo alienta a seguir en el poder destruyendo el continente. Yo también haría referencias favorables al mismo diablo si es necesario para acabar con Maduro.

 

Por Emmanuel Rincón

Fuente: panampost.com