Todo está listo. Ya no hay tiempo para promesas de campaña, fotos inaugurando obras o difundir encuestas de opinión. Este domingo habrá elecciones presidenciales en Argentina, y se espera que marquen el futuro de una vibrante América Latina, caracterizada por dos polos ideológicos muy opuestos.

El presidente, Mauricio Macri, busca la reelección en medio de una sofocante crisis económica, mientras buena parte de la ciudadanía lo ve como el principal responsable de la complicada situación que atraviesa el país. En la vereda de enfrente, el opositor Alberto Fernández pretende llegar a la Presidencia por primera vez, habiendo sido jefe de Gabinete durante el kirchnerismo. ¿Y el resto de los candidatos? No tienen chances. Como máximo, pueden aspirar a obtener bancas en el Parlamento para sus alianzas políticas.

Un claro favorito, pero nada definido

Antes de llegar a esta instancia, los postulantes tuvieron que haber sido votados por al menos el 1,5 % de los electores en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 11 de agosto, dejando afuera a los partidos más pequeños. Aquella vez no se definieron cargos, pero sirvió de fase clasificatoria para la fecha más decisiva: el 27 de octubre.

Con este marco, desde el último sábado está prohibido difundir sondeos, aunque si nos guiamos por los resultados de las primarias, es innegable que Fernández, el referente del Frente de Todos, llega como el gran favorito: en la última votación ganó con el 49,49 % de los sufragios afirmativos, contra el 32,93 % de Macri, quien quedó en segundo lugar. Nadie esperaba una diferencia tan grande.

  • Requisitos para evitar el ‘balotage’

Para ganar en primera vuelta se debe obtener más del 45 % de los votos afirmativos, o al menos el 40 % y una diferencia mayor a los diez puntos. Por lo pronto, estas condiciones ya se cumplieron en las PASO, pero resta por ver si el dirigente peronista repite un resultado similar para consagrarse sin ir a la segunda ronda.

En efecto, para Macri llegar al ‘balotage’ sería un verdadero triunfo. Ni el oficialista más confiado piensa que el presidente obtendrá el primer lugar el próximo fin de semana. La victoria de Fernández es un hecho, pero la gran pregunta es por cuántos puntos, como sucedió en el caso boliviano. ¿El Gobierno dará la sorpresa?

Así llegan Macri y Fernández

El presidente viene corriendo de atrás. Después del tremendo golpe en las PASO, que lo dejó al borde del nocaut, un manto de optimismo cubrió su campaña. De hecho, comenzó por anunciar futuras medidas, como la mejora en la atención a las víctimas de violencia de género, para culminar con una serie de movilizaciones en distintas ciudades argentinas, bajo el lema del ‘Sí se puede‘.

Las marchas tuvieron su broche de oro el último sábado con una masiva concentración frente al Obelisco de la capital, la cuna donde emergió la figura de Macri en política. En efecto, antes de llegar a la Casa Rosada fue jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires y, previamente, presidente del club Boca Juniors. En el centro porteño había cientos de miles.

Las convocatorias macristas tuvieron su tinte de épica, al fin y al cabo, deben remontar una elección adversa. Así, el mandatario argentino hizo de todo: arengó al público, cantó y hasta le besó el pie a una señora que subió al escenario. La llamó “la cenicienta Manuela”.

En los dos debates presidenciales el referente de la derecha local fue de menor a mayor: en el primero se mostró más inseguro que su principal adversario, pero en el siguiente estuvo mucho más suelto y, más allá del contenido discursivo, visualmente lució mejor que Fernández. En ambas presentaciones se repitió la estrategia de confrontar con el kirchnerismo, recordar presuntos casos de corrupción, remarcar la cercanía del Gobierno pasado con Venezuela y repasar algunos logros de su actual gestión. No obstante, el golpe de efecto que necesitaba para achicar la brecha, no sucedió. El desarrollo del ciclo fue bastante previsible.

Más allá de presentaciones televisivas, la esperanza macrista radica en incorporar nuevos votos de aquellos candidatos intermedios, o netamente de extrema derecha. Al mismo tiempo, si un número considerable de votantes de Alberto Fernández prefiere elegir a la extrema izquierda, o a un candidato “central”, el gran beneficiado sería, sin dudas, Mauricio Macri. Es la única forma de achicar el margen para lograr la segunda vuelta.

Por su parte, Fernández llega muy fortalecido. El llamado núcleo duro del kirchnerismo, sumado al rechazo que genera Macri en grandes porciones de la sociedad, provocan una gran adhesión popular para el dirigente de centroizquierda, que se vio reflejada en las últimas elecciones. Bajo su figura se alinearon muchísimos dirigentes peronistas de renombre, y eso es algo difícil de conseguir en un movimiento tan enorme, famoso por las ambigüedades de muchos integrantes.

Para algunos, la sorpresa durante la campaña fue que Alberto, a pesar de llegar con cierta comodidad tras el gran envión de las PASO, se mostró muy confrontativo con Macri. De hecho, su discurso varió entre la pretendida unión de los argentinos para sacar adelante al país, y remarcar los errores estructurales del Gobierno actual, sumado a sus consecuencias sociales, como el aumento de la pobreza.

Así, hubo actos y movilizaciones. Entre sus presentaciones más destacadas, sobresalió el anuncio del plan para combatir el hambre, con el aporte de empresarios y organizaciones sociales. En algunos tramos de la campaña se hizo lugar para continuar dando clases en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde enseña Derecho Penal hace más de 30 años.

También atendió a la prensa, e incluso dio entrevistas a medios afines al Ejecutivo. Arriesgó. Recientemente, se declaró a favor de la legalización del aborto, a pesar de que muchos de sus votantes defienden las llamadas ‘dos vidas’.

La estrategia para los debates fue similar a la de su oponente: osciló entre un modelo pacificador, pero destacó la crisis económica desatada en la actual Administración. También jugó a la lógica del blanco o negro, de hecho, al resto de los candidatos casi ni les llevó el apunte. En el primer debate tuvo una actuación muy superior a la de Macri, aunque en el segundo estuvo más deslucido. Y para distanciarse del Ejecutivo, afirmó que saldría del Grupo de Lima en caso de ser presidente: “Siempre fui muy crítico de la situación en Venezuela, pero espero que ningún soldado argentino tenga que pisar tierra venezolana”.

Si bien es cierto que la diferencia de votos ya es demasiado grande, para asegurar el resultado puede sumar electores del candidato del “medio”, y de la izquierda argentina. A su vez, si la extrema derecha logra quitarle adherentes a Macri, también le daría mayor tranquilidad. Con este marco, si no hay exabruptos, el 27 podría convertirse en el futuro presidente.

Los otros candidatos

Además de Macri y Fernández, hay otros postulantes que se disputarán la Presidencia, aunque saben que no podrán conseguirla. Los repasamos.

  • Roberto Lavagna (Consenso Federal): es el candidato “intermedio”, recordado por muchos como el artífice de la puesta en marcha de un país que venía de la crisis económica del 2001. Fue ministro de Economía bajo los gobiernos de Eduardo Duhalde (2002-2003) y Néstor Kirchner (2003-2005), pero no finalizó la gestión al frente de la cartera. Su discurso no revela opiniones ni ideologías, es netamente económico, apostando por relanzar el aparato productivo. Tiene seguidores de centroizquierda y centroderecha. En las PASO obtuvo el tercer puesto, superando el 8 % de los votos. Sin embargo, el postulante de 77 años tuvo una floja actuación en los debates presidenciales.
  • Nicolás del Caño (Frente de Izquierda y de los Trabajadores): en las PASO consiguió casi el 3 %, lo que refleja un ascenso de la izquierda argentina en los últimos años. Sus propuestas son bastante claras, sin pragmatismos ni concesiones, y pasan por reducir la jornada laboral, romper con el FMI, nacionalizar la banca y legalizar el aborto, entre sus principales consignas. Del Caño tuvo una presentación poco convincente en el primer debate; parecía que impostaba un personaje, muy apegado al guión, aunque tildó al presidente de “lame botas de Trump”. Pero en la última edición fue el candidato más solido, con proclamas concretas, y algunas diatribas para Macri y Fernández. Reivindicó las luchas populares de Ecuador y Chile, y dijo que a Maduro debería quitarlo el pueblo en las calles, sin intervención extranjera.
  • José Luis Espert (Frente Despertar): el liberal de derecha emergió a la política tras la fama conseguida en los medios de comunicación como economista, criticando duramente al “populismo”, pero también al macrismo, afirmando que en verdad “es más de lo mismo”. En los debates tuvo comentarios fuertes. Al kirchnerismo lo tildó de “virus”, opinó que se debe arancelar la educación y estigmatizó a la dirigencia sindical. También elogió el modelo económico de Chile. En las primarias cosechó más del 2 %, siendo la primera vez que se postula.
  • Juan José Gómez Centurión (Frente Nos): el candidato de extrema derecha acumuló 2,7 % de votos afirmativos en agosto. Su principal mensaje es “defender las dos vidas”, es decir, oponerse a la legalización del aborto. Tiene un discurso de mano dura contra la delincuencia y el narcotráfico. En los debates, cuestionó el proceso de memoria, verdad y justicia sobre los crímenes de la dictadura, y hasta habló del “‘curro’ (robo) de los derechos humanos”, relativizando a los miles de desaparecidos entre 1976 y 1983.

Así las cosas, el pasado 11 de agosto siete de cada diez votantes optaron por un candidato distinto a Macri. ¿Se mantendrá el rechazo popular?

 

Por Leandro Lutzky

Fuente: rt.com