Luiz Inácio Lula da Silva recuperó la libertad después de 580 días. Salió de la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba vestido de negro, delgado y sonriente. Afuera lo esperaban su hija Lurian, un nieto, su novia la socióloga Rosángela da Silva, dirigentes del Partido de los Trabajadores, amigos, y líderes sindicales y de movimientos sociales. Esta libertad se produce después de que la Corte Suprema cambio un aspecto de la jurisprudencia que permite continuar apelando pero en libertad hasta que el tribunal defina. El ex presidente tiene ocho causas en total, dos con condena. De esas dos, una solo en primera instancia.

Lula caminó entre centenares de personas, se abrazó y se besó con muchas de ellas. Sus simpatizantes le entregaron flores y Lula, condenado a ocho años, diez meses y 20 días de prisión por corrupción, cumplió su promesa de agradecer a los militantes por la vigilia que mantuvieron durante cada día en los que el ex obrero metalúrgico permaneció detenido.

El ex presidente presentó a su novia, la besó, y enseguida se lanzó a la ofensiva: dijo que en su corazón no había espacio para el odio, pero calificó al juez que lo condenó en primera instancia, Sergio Moro, actual ministro de Justicia y Seguridad Pública, y al tribunal que ratificó esa decisión, como “una banda de mafiosos”.

Dijo que logró “la proeza de conseguir novia” estando preso “y que ella acepte casarse conmigo” y enseguida atacó a “al lado podrido” de la Justicia, de la Policía Federal, y de la autoridad tributaria del país, a los que acusó de trabajar para penalizar a la izquierda de Brasil, al PT y a él mismo. También cargó contra el presidente Jair Bolsonaro​, la TV Globo y el coordinador de la Operación Lava Jato, el fiscal Deltan Dallagnol, quien encabezó la acusación en su contra en la causa conocida como el “triplex de Guarujá”. Es un apartamento que, según la Justicia, fue entregado a Lula por la constructora OAS a cambio de intermediar contratos con la petrolera estatal Petrobras.

La defensa de Lula niega que el ex presidente haya sido propietario de ese inmueble y, en cambio, busca anular ese y otros procesos en su contra asegurando que fue víctima del “lawfare”, o el uso del derecho con fines de persecución política. Además, quiere que la Corte trate rápidamente un habeas corpus para declarar a Moro sospechoso de parcialidad, abriendo el camino a la anulación de los procesos contra el ex mandatario.

“Salgo de aquí sin odio. A los 74 años mi corazón sólo tiene espacio para amor porque es el amor que va a vencer en este país”, dijo Lula, y anunció que se propone recorrer Brasil, un país que, según dijo, “empeoró” desde su detención. “El brasileño está en la desgracia. El pueblo no tiene trabajo. Está trabajando en Uber y en bicicleta entregando pizza”, aseguró.

Preso desde el 7 de abril del 2018 en una celda de 15 metros cuadrados con baño en la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba, Lula fue liberado por el juez Danilo Pereira Júnior, del juzgado penal federal 12 de Curitiba, quien atendió un pedido de la defensa del ex mandatario.

Los abogados de Lula pidieron la liberación del ex mandatario tras la determinación del Supremo Tribunal Federal, que cambió la jurisprudencia vigente desde el 2016 y declaró inconstitucional la detención de acusados con condenas en la segunda instancia, es decir, sin que estuvieran agotadas las posibilidades de apelación. Esa decisión beneficiará unos 5.000 detenidos, entre ellos unos 40 presos por la Operación Lava jato. Además de Lula recuperó su libertad el ex gobernador de Minas Gerais, Eduardo Azeredo, quien pertenecía al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y purgaba una condena a 20 de años de cárcel.

También era inminente la liberación de José Dirceu, ex jefe de Gabinete de Lula, y varios otros detenidos por el Lava Jato, entre ellos ex funcionarios de Petrobras y ex ejecutivos de empresas involucradas en ilícitos.

Temerosos de una mayor inestabilidad política en Brasil, los mercados financieros recibieron la decisión de la Corte depreciando al real, la moneda brasileña, hasta 4,16 por dólar, y la Bolsa de Valores de San Pablo cayó un fuerte 1,78%.

Auxiliares cercanos al ex presidente dijeron a Clarín que Lula viajará por el país e intentará organizar la debilitada oposición al presidente Bolsonaro, que ha avanzado en el Congreso con sus propuestas de ambiciosas reformas económicas liberales, entre ellas una ya aprobada del sistema jubilatorio.

“Continuará apelando para anular la sentencia a través del habeas corpus sobre la parcialidad de Moro, hará una evaluación política de la situación brasileña tan pronto como sea posible, y recorrerá Brasil defendiendo la soberanía nacional y el legado de su gobierno”, dijo a Clarín un muy cercano colaborador de Lula.

Ese rol pondrá a Lula como el principal antagonista de Bolsonaro, pese a que el ex mandatario continúa inhabilitado para inscribir su candidatura para un cargo electivo debido a la Ley de Ficha Limpia, que impide postulaciones a ciudadanos con condenas en segunda instancia. Una eventual anulación de los procesos en su contra, con la consiguiente extinción de las condenas, eliminaría ese impedimento. Lula dejó la cárcel sin tobillera electrónica para monitoreo y su pasaporte no fue retenido, por lo que podrá viajar fuera de Brasil.

“Jair Bolsonaro crecerá en la polarización con Lula, pero lo que podrá inviabilizar al lulopetismo a largo plazo es el avance de las reformas en el Congreso: más Brasil, menos Brasilia y menos tetas estatales. Todo eso priva a la izquierda de recursos políticos vitales”, dijo el analista político Paulo Kramer.

Otro politólogo, Alberto Carlos Almeida, prefirió ser más cauto. “En un país tan desigual como Brasil, con niveles de pobreza creciendo, Lula vuelve a ser un combatiente más de la trinchera de la oposición. La guerra por el momento es de trinchera. Ahora el PT y la izquierda tienen de nuevo al mayor comunicador político de la historia reciente del país”, dijo.

Lula, tras el acto en Curitiba, abordó un auto junto a su novia. Con seguridad reforzada, el ex líder sindical dirigió otro mensaje, en el que dijo que salía de la cárcel “con muchas ganas de luchar”. Bolsonaro, en cambio, se sumergió en un inusual silencio.

 

Por Guido Nejamkis

Fuente: clarin.com