(Opinión– Bloomberg) – La oposición a la activista climática adolescente Greta Thunberg, quien acaba de ser nombrada el personaje del año de la revista Time, no tiene nada de racional. Sus críticos tienen derecho a tener sus propias opiniones subjetivas de que otra persona ha tenido un mayor impacto o de que hay algún otro problema más importante, y el presidente Donald Trump -para sorpresa de nadie- puede burlarse de la elección, pero Thunberg está bien alineada con la ciencia tradicional y con los economistas conocedores del clima.

Pese a años de correos de odio, campañas de desinformación y ridiculización, la comunidad científica tradicional ha fortalecido aún más su posición, gracias a más datos sobre la atmósfera, el suelo, los océanos y los núcleos de hielo, así como a mejores modelos por computador. Y ahora están observando el desarrollo de los cambios globales largamente previstos en tiempo real. Al Gore tuvo razón todo el tiempo en asustar a las personas en su película de 2006 Una verdad incómoda.

Thunberg está añadiendo ira a la mezcla emocional, mientras pide poner fin a nuestra larga historia de endilgarle el problema a las futuras generaciones.

Su causa no es simplemente una cruzada moral. Existen argumentos científicos para hacer algunos sacrificios económicos ahora. Radican en el hecho de que el carbono atmosférico no se disipará simplemente como la nube de contaminación sobre Los Ángeles. El exceso de dióxido de carbono permanecerá en la atmósfera y los océanos por miles de años. La física de la situación demuestra que incluso si empezáramos a recortar nuestra tasa de emisiones hoy, la cantidad total de carbono en la atmósfera seguiría subiendo como el agua en una bañera tapada; y parece que el drenaje se está tapando aún más. Cálculos recientes demuestran que para 2050 necesitaríamos recortar las emisiones a la mitad de los niveles de 2010, y alcanzar el cero neto de emisiones para 2100, a fin de evitar un calentamiento potencialmente catastrófico de dos grados centígrados o más.

Los científicos entendieron mal lo mal que entendió el resto del mundo el problema. Un artículo de 2008 de los profesores de MIT John Sterman Linda Booth Sweeney demuestra que incluso los estudiantes de MIT, en su mayoría, no eran conscientes de la naturaleza acumulativa de los gases de efecto invernadero. Cuando los investigadores encuestaron a una mezcla de estudiantes de posgrado y miembros del público en general, encontraron que la mayoría de las personas asumían erróneamente que las temperaturas globales se estabilizarían una vez estabilizáramos la tasa de emisiones, y que la temperatura podría incluso caer si la tasa se redujera.

Peor aún, el efecto de añadir gases de efecto invernadero no es lineal. En el cambio climático abundan los puntos máximos, circuitos repetitivos y resultados difíciles de predecir.

Sin embargo, algunos economistas están entendiendo la naturaleza del problema. Richard Alley, un investigador de la Universidad Penn State, me mostró un artículo escrito por economistas para la revista Science, en el que argumentan que habían subestimado el costo que tendrían que pagar las generaciones futuras por nuestro cambio climático sin detener. Demuestran que lo mejor es abordar el problema ahora.

En algunas ocasiones puede ser rentable posponer la solución de los problemas hasta las futuras generaciones. Si no se intenta resolver un problema costoso hoy, el dinero que se ahorra tiene tiempo de crecer, y las personas del futuro tendrán más riquezas y capacidades para pagar una solución. La colonización de Marte puede ser más fácil en un futuro más rico, al igual que el desvío de asteroides y la disposición de los desechos nucleares. Es posible que un asteroide nos elimine en este siglo, pero probablemente no será así, por lo que las generaciones futuras nos perdonarán si no gastamos billones para evitar la colisión de un asteroide hoy.

Ahora bien, la procrastinación benéfica no aplica en todos los casos. No aplicó en la crisis de la capa de ozono del siglo XX, la cual los científicos aseguran ahora habría sido catastrófica de no ser por una acción rápida luego de un acuerdo internacional llamado Protocolo de Montreal.

Tampoco aplica a la acumulación en efecto irreversible de las emisiones de carbono. En los años recientes ha quedado claro que el calentamiento global no es un proceso suave. Nuestra atmósfera alterada, que atrapa el calor, empeorará los eventos extremos: las olas de calor serán más mortales, los huracanes más húmedos y las inundaciones más prolongadas.

En vez de una tormenta de categoría 3 podría llegar una de categoría 4, y en vez de US$1.000 millones en daños nos enfrentaríamos a US$100.000 millones, afirma Kevin Trenberth, climatólogo del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de los Estados Unidos en Colorado, quien ha estado estudiando la conexión entre el calentamiento y los eventos climáticos extremos. Es un problema que los economistas no manejan bien, asegura.

Los científicos climáticos llevan décadas instando a la acción, y le atribuyen parte del retraso a la falta de información y a la campaña de difamación que alcanzó su cúspide hace 10 años, cuando hackers robaron información de los correos electrónicos personales de científicos y los medios de comunicación conservadores distorsionaron esos mensajes para que la ciencia pareciera mala y la investigación poco digna de ser tomada en serio.

Gavin Schmidt, ahora director del Instituto Goddard de la NASA para los Estudios Espaciales, asegura que hace una década fue demandado por Competitive Enterprise Institute, en un intento por obligarlo a divulgar mensajes personales. “Las personas están sorprendidas por lo que está sucediendo” asegura Schmidt, a medida que sus televisores les muestran imágenes de olas de calor mortales en Europa e inundaciones e incendios forestales apocalípticos en los Estados Unidos. No es porque los científicos no les hayan advertido, dice, “sino porque las personas básicamente no escuchan a los científicos”.

Greta Thunberg sí escuchó, y ahora otras personas la están escuchando a ella.

Entonces, no hay nada infantil en la campaña de Thunberg, de 16 años, excepto tal vez la manera en que algunos la han usado para crear un juego distractivo de guerra entre generaciones. Algunos adultos muestran desdén por la juventud y la convicción de Thunberg; el presidente Trump, por ejemplo, le sugirió que fuera al cine con amigos. Algunas personas más jóvenes, incluso algunos de los fanáticos de Thunberg, han culpado a los boomer por la crisis climática, sin tener en cuenta que es gracias al trabajo de décadas de científicos que ahora tienen 60 o 70 años que se descubrió el problema en primer lugar.

Dejemos de señalarnos, y permitamos que la elección de Time sea un recordatorio de que el problema no se resolverá por sí mismo. Cada día entra más carbono en la atmósfera. La bañera se está llenando.

 

Por Faye Flam

Fuente: infobae.com