El cambio climático ha pasado de ser un tema del que solo se hablaba en algunos medios de comunicación y ámbitos, a estar en las portadas mundiales y en boca de todos. Ha pasado de ser un tema puramente ambiental, a ser un debate económico, social, político y de derechos humanos, además de ser la mayor preocupación de los jóvenes entre 18 y 25 años. Pero, una vez más, los gobiernos no parecen estar al mismo nivel.

El 2019 ha sido un año de contrastes en cuanto a lo que piden la ciudadanía y el mundo científico frente a lo que los gobernantes están haciendo. Estuvo marcado por un auge en las protestas callejeras en las que jóvenes y adultos reclamaron que se tenga en cuenta la urgencia de tomar acciones. A lo largo del año vimos cómo, mes a mes, se publicaban nuevos informes advirtiéndonos de las consecuencias de seguir como hasta ahora. Informes que se refieren a la calidad del aire que respiramos, a los animales y plantas que habitan este planeta, informes que nos alertan del impacto que tienen los eventos meteorológicos extremos en las vidas de millones de personas que se han visto obligadas a huir de sus casas, etc…

Incluso el lenguaje está cambiando. Varios medios de comunicación, entre ellos el periódico The Guardian, decidieron modificar la manera en la que se refieren al cambio climático, al que comenzaron a llamar crisis o emergencia climática. Según la editora en jefe del diario británico, Katharine Viner, con este cambio pretenden “asegurarse de que son científicamente precisos además de comunicarle a sus lectores la importancia del problema”. El secretario general de la ONU, António Guterres, habló de “crisis climática” en septiembre durante la cumbre sobre acción climática en Nueva York. La transformación fue tal, que dos de los diccionarios más prestigiosos de la lengua inglesa eligieron como palabras del año ‘emergencia climática’ y ‘huelga climática’.

Varios países y gobiernos locales, que representan unos 798 millones de habitantes, declararon de manera más o menos simbólica la emergencia climática. Sin embargo, 2019 finalizó con otra cumbre de la ONU que concluyó de manera tibia, con un texto final que no convenció.

En este programa especial de medio ambiente en France 24 invitamos a representantes de dos lados una misma moneda: una joven activista ambiental y un trabajador de la Organización de las Naciones Unidas.

Según Jamie Margolin, de 18 años y fundadora del movimiento ‘Zero Hour’ (hora cero) creado en 2017, los jóvenes están “haciendo todo en su poder para empujar a los líderes a tomar acción, porque es la hora cero para actuar contra el cambio climático”. Le preguntamos sobre las críticas que han lanzado algunos presidentes como Jair Bolsonaro o Donald Trump contra el activismo ambiental, en concreto de los jóvenes. Para Jamie, “la verdad está del lado de los jóvenes y (los políticos) saben que no tienen nada más que decir, (así que) solo pueden atacar o criticar. Saben que el cambio climático es real, que ellos y las corporaciones están ayudando a causarlo. Están protegiendo sus billeteras y por eso critican y atacan a los jóvenes. Tienen miedo porque ven que nosotros estamos teniendo un impacto muy grande y se intimidan”. Margolin resaltó el papel de los jóvenes indígenas que llevan muchos años protegiendo y defendiendo el medio ambiente, e indicó su alegría de que el activismo ambiental de los jóvenes esté llevándose más atención ahora, en parte, gracias a la figura de la joven sueca Greta Thunberg.

Juan Bello, jefe de la oficina de ONU Medio Ambiente en Colombia, expresó la decepción del organismo antes los resultados de la última cumbre sobre cambio climático celebrada en Madrid, aunque resaltó algunos éxitos de la COP25: “el hecho de que Europa se haya declarado como primer continente que va a ser carbono neutral en 2050 es un logro gigantesco”. Según Bello, “en este momento de transición hay algunos gobiernos apegados a las viejas formas de crecer económicamente, de producir energía, a los modelos económicos y de desarrollo predominantes, (pero) estamos viviendo el fin de una era”. Para el colombiano, “uno de los roles de la ONU es mostrar qué tanto se está logrando y qué tanto se está quedando atrás”. A través de informes y reportes, la ONU ejerce presión ya que estos “ponen en evidencia qué naciones están cumpliendo y cuáles no, y empoderan a la sociedad civil para que pueda tener evidencia científica para participar en las discusiones”. El propio António Guterres expresó su decepción ante los resultados de la COP25 pero aseguró que no se dará por vencido.

 

Por Marina Colorado

Fuente: france24.com