El asesinato del general iraní Qasem Soleimani durante un ataque de Estados Unidos en Iraq constituye una dramática escalada entre Washington y Teherán que podría conducir a una violencia generalizada en la volátil región del Medio Oriente y más allá, según advirtió un artículo publicado por el influyente diario The Washington Post.

Para el secretario de Defensa Mark Esper, el Pentágono tomó “una decisiva acción defensiva” contra Soleimani, la venerada figura militar que tenía estrechos vínculos con una red de grupos armados respaldados por Irán en todo Medio Oriente y que, según Estados Unidos, era responsable de cientos de muertes estadounidenses.

“El general Soleimani estaba desarrollando activamente planes para atacar a los diplomáticos estadounidenses y a los miembros del servicio en Iraq y en toda la región”, dijo Esper en un comunicado, acusaciones que las autoridades iraníes califican de engañosas y rechazan enérgicmante.

“Este ataque tenía como objetivo disuadir los futuros planes de ataque iraníes”, dijo Esper, citado por el periódico.

Irán confirmó la muerte de una de sus figuras militares más activas y prometió vengarse de Estados Unidos. El líder supremo de Irán, el ayatollah Seyyed Alí Khamenei, expresó en un comunicado el viernes que la muerte de Soleimani fue “amarga” pero que “la victoria final hará la vida más amarga para los asesinos y criminales”.

El ministro de defensa de Irán, el general de brigada Amir Hatami, añadió que el ataque sería recibido con una respuesta “aplastante”.

Mientras el ministro de Relaciones Exteriores Mohammad Javad Zarif calificó el ataque como un “acto de terrorismo internacional” y, en un mensaje en Twitter, dijo que Estados Unidos “es responsable de todas las consecuencias de su pícaro aventurero”.

Antes, los oficiales de la milicia iraquí y el canal estatal de televisión del país anunciaron que Soleimani había sido asesinado en un ataque aéreo junto con un importante líder de la milicia iraquí justo fuera del principal aeropuerto del país.

El iraquí, Jamal Jaafar Ibrahimi, más conocido por su nombre de guerra, Abu Mahdi al-Muhandis, está estrechamente asociado con los ataques contra Estados Unidos que datan de 1982, según The Washington Post.

En una declaración, el primer ministro iraquí Adel Abdul Mahdi condenó el “asesinato” estadounidense, añadiendo que el asesinato del líder de la milicia iraquí fue un acto de agresión contra Iraq y una violación de las condiciones en las que las fuerzas estadounidenses operan en el país.

Un video difundido por grupos de milicianos chiítas mostraba, acompañado por el sonido de los lamentos, los restos del vehículo en el que supuestamente viajaba Soleimani, reseñó el rotativo.

Un funcionario estadounidense, que como otros habló con la condición de mantener el anonimato porque no estaba autorizado a hacer comentarios, afirmó que el ataque fue realizado por un avión teledirigido estadounidense y que golpeó a un convoy de dos coches que transportaba a Soleimani y a otras personas en una carretera de acceso cerca del aeropuerto internacional de Bagdad. Se cree que al menos media docena de personas murieron.

Altos cargos de las Fuerzas de Movilización Popular, como se conoce a las milicias iraquíes, lamentaron las muertes en los mensajes que circulaban en WhatsApp. “Que Dios le recompense por la pérdida de los valientes líderes, Hajj Soleimani y Hajj Muhandis. Que Dios los acepte como mártires en su inmensa misericordia”, escribió Ahmed al-Assadi, el principal portavoz de las Fuerzas de Movilización Popular, muchas de las cuales son consideradas como financiadas y dirigidas por Irán.

A pesar de un largo período de creciente tensión entre Irán y la administración Trump, que ha prometido una postura más dura sobre el apoyo de Teherán a los grupos de poder, el ataque contra una figura incomparable en el establecimiento de seguridad de Irán sorprendió a muchos analistas, en parte porque se consideró que era probable que desencadenara una importante respuesta iraní.

Ilan Goldenberg, quien trabajó en temas de Medio Oriente durante la administración de Barack Obama, caracterizó el movimiento como un “cambio masivo de juego” en la región.

“Irán buscará venganza. Puede que se intensifique en Iraq, El Líbano, el Golfo o en cualquier otro lugar”. Puede que intente apuntar a altos funcionarios estadounidenses”, dijo Goldenberg, ahora un académico del Center for a New American Security.

“Desafortunadamente, dudo mucho que la administración Trump haya pensado en el siguiente paso o sepa qué hacer ahora para evitar una guerra regional”, subrayó el experto.

El ataque, que según Esper fue autorizado por el presidente Trump, plantea nuevas preguntas sobre el enfoque del presidente republicano sobre Medio Oriente.

 

Fuente: almayadeen.net