Durante el kirchnerismo (2003-2015) la posición del Gobierno argentino respecto a Venezuela no dejaba dudas: alineamiento total y absoluto con el régimen. El vínculo de Néstor y Cristina Kirchner con Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después, era una mezcla de intereses políticos y económicos adornado con una supuesta afinidad ideológica. Detrás del burdo discurso «antineoliberal» se tejían los acuerdos como el intercambio del ingreso del chavismo al Mercosur a cambio de un financiamiento sin restricciones ni control, beneficios que el Fondo Monetario Internacional no le podría brindar a Argentina.

Si algo continuó como «política de Estado» con Mauricio Macri fue la claridad para con Venezuela. Argentina (2015-2019) cambió de bando y apoyó sin restricciones a la oposición y a Juan Guaidó. Elisa Trotta Gamus, representante de la Asamblea Nacional antichavista, fue recibida como Embajadora sin cuestionamientos y el país se convirtió en un faro por la democracia y los Derechos Humanos en Venezuela.

Desde que asumió Alberto Fernández como presidente, con Cristina Kirchner de vicepresidente, el frente neoperonista ha ofrecido como política para Venezuela, lo que se dice en Argentina, una de cal y una de arena. Es decir, la nada misma.

Esta mañana se confirmó que el Gobierno rechazó a la embajadora propuesta por el chavismo, e incluso, que las autoridades argentinas ordenaron que la candidata de Maduro se vuelva a Caracas. Antes de esto, el albertismo le había hecho un guiño al dictador, pero horas antes de eso, lo había cuestionado duramente por el intento de golpe al Parlamento. PanAm Post repasa la historia de este desconcierto lleno de contradicciones.

«Autoritarismo sí, pero no dictadura»

Durante la campaña presidencial, Alberto Fernández llevó la voz cantante en materia de relaciones internacionales. Consultado por la prensa, el actual mandatario evitó describir al chavismo como una «dictadura» y aseguró que se trata de un gobierno electo democráticamente que devino en un proceso «autoritario». Sus palabras enojaron a los dos bandos enfrentados: la izquierda y el kirchnerismo consideraron que Fernández le daba la espalda a Maduro, pero los críticos del chavismo consideraron que Alberto «se quedó corto» con la crítica. Así empezó el mandato.

El tuit agridulce para Maduro

Una vez electo, el dictador venezolano felicitó a Fernández en las redes sociales y el flamante presidente argentino respondió ambiguo: agradeció el saludo de Maduro, pero le indicó que los desafíos de la región solamente se conseguirán de la mano de la «plena vigencia democrática».

Insultos y advertencias de Caracas

Apenas empezaba el mandato de Fernández en Argentina, Diosdado Cabello le dejó una advertencia al mandatario del país vecino desde la televisión chavista: «No vaya a creer que lo eligieron a él», indicó el hombre fuerte de la dictadura. Su referencia era clara:  según su punto de vista, los votos pertenecen casi exclusivamente a Cristina.

La hostilidad siguió luego del informe Bachelet, cuando Maduro, también por televisión, calificó como «estúpidos» a los que se hicieron eco del reporte de la expresidente chilena. Sin nombrarlo, el usurpador de Miraflores hacía referencia a Alberto Fernández, principalmente.

El hombre propaganda del régimen, en Buenos Aires para la asunción

Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y ministro de Comunicación de Maduro, se hizo presente en el acto protocolar donde asumió formalmente Alberto Fernández. Su presencia indignó al representante de los Estados Unidos, que abandonó el lugar. Rodríguez, que tenía prohibida la entrada al país, tuvo que haber ingresado con la autorización del macrismo, que se encontraba en el último día en funciones.

La bipolaridad en 48 horas

Con sólo dos días de diferencia en la última semana, el Gobierno argentino, mediante su cancillería, mostró las contradicciones respecto a Venezuela de una forma clara: primero criticó duramente el intento de golpe a la Asamblea, asegurando que el régimen «se condena al ailsamiento». Sin embargo, horas después, le quitó las credenciales a Elisa Trotta Gamus. Desde el ministerio de Relaciones Exteriores dieron excusas técnicas para la acción, que fue duramente criticada por el macrismo.

Ahora le dicen que no también a la designada por Maduro

Stella Lugo es amiga personal de Maduro y mujer del riñón de la dictadura chavista. Probablemente, ante la poca o nula comunicación informal entre Caracas y Buenos Aires, la dictadura pensó, sobre todo luego de la acción contra Trotta Gamus, que podría presentarla como embajadora en Argentina. Sin embargo, el canciller Felipe Solá, no sólo le negó el nombramiento sino que le ordenó que se vuelva a su país con urgencia.

Un paso más en una historia llena de improvización e incertidumbre total. Aunque al peronismo tradicional le agrada la postura de la supuesta «tercera posición», que hace referencia a la idea de «ni yankees ni marxistas», la relación para con Venezuela se parece más a ningúna posición.

 

Por Marcelo Duclos

Fuente: panampost.com