El coronavirus que se propaga desde China ha enfermado a por lo menos 73.000 personas y causado la muerte de 2.000 como mínimo, desatando una emergencia sanitaria mundial. Pero los seres humanos no son la única especie infectada.

Los coronavirus atacan a una variedad de aves y mamíferos. El nuevo virus parece haber saltado de animales silvestres a los seres humanos en un mercado de mariscos y carne de Wuhan, China, donde había animales vivos que se mataban y se vendían como alimento.

La historia es conocida. La epidemia de SARS, también causada por un coronavirus, comenzó en China con el consumo de un animal parecido a un gato llamado civeta de las palmeras. La epidemia de MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) se inició con un coronavirus transmitido a los humanos por los camellos de Oriente Medio.

En la propagación de otro coronavirus, los conservacionistas ven una lección de salud pública: si se quiere prevenir las epidemias que comienzan en los animales, hay que detener el comercio mundial de animales silvestres.

“Esto ya no es sólo una cuestión de conservación”, dijo Grace Ge Gabriel, directora regional para Asia del Fondo Internacional de Bienestar Animal.

China es clave en el tráfico ilegal. El mes pasado, conforme se propagaba el coronavirus, el gobierno central de Beijing dispuso una prohibición nacional pero temporal de todo el comercio de fauna silvestre, incluido su transporte y venta en mercados, restaurantes y plataformas online.

La orden del gobierno advertía que las autoridades “investigarían y castigarían severamente” a quienes la violaran e implementó una línea directa para que los ciudadanos denunciaran las infracciones. Los funcionarios de Beijing ahora han elaborado un proyecto de ley para terminar con “la perniciosa costumbre de comer animales silvestres”, según un comunicado emitido el lunes por el comité permanente del Congreso Popular Nacional.

Los ciudadanos chinos están “enojados porque se han enterado de que los animales silvestres que se venden como alimento una vez más han causado una crisis sanitaria nacional y porque un pequeño número de comerciantes de animales silvestres sigue teniendo a todo el país de rehén”, dijo Peter Li, profesor asociado de política de Asia oriental de la Universidad de Houston-Downtown que se especializa en políticas internas de China.

Los expertos todavía no saben qué especie transmitió el nuevo coronavirus, llamado técnicamente SARS-CoV-2, a las personas. Pero los pangolines son ahora los principales sospechosos.

El comercio internacional de pangolines, el mamífero más traficado del mundo, está prohibido y al animal se lo protege internamente en China. Pero la carne y la sangre de pangolín se consideran exquisiteces en el mercado negro, y la venta de sus escamas para su uso en la medicina tradicional china sigue siendo legal para determinados hospitales y farmacias.

Sea cual sea la fuente del virus, la nueva prohibición del comercio de animales silvestres llega demasiado tarde para frenar la propagación de este nuevo coronavirus.

“Ahora que se está produciendo la transmisión de humano a humano, la prohibición no tiene ningún efecto para este brote”, dijo Christian Walzer, director ejecutivo de salud de la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre.

La prohibición del gobierno además sólo durará hasta que “la situación de epidemia se levante en todo el país”, conforme a la orden del gobierno. Walzer y otros creen que la prohibición debe ser permanente para que tenga algún efecto en la reducción del riesgo de futuras zoonosis. “De lo contrario, tendremos esta conversación periódicamente”, agregó.

Durante la epidemia de SARS de 2003, China dispuso una prohibición del comercio de animales silvestre más restringida. Muchos conservacionistas y profesionales médicos, entre ellos los miembros de la Academia China de Ciencias, esperaban que fuera permanente, pero el comercio volvió con gran impulso luego de terminada la crisis.

“Una vez que una enfermedad pasa a los seres humanos, todas las respuestas son reactivas y el foco de atención es la salud humana”, dijo el Dr. Alonso Aguirre, ecologista de fauna silvestre de la Universidad George Mason.

Después que pasa la crisis, la atención se aleja del comercio que llevó la enfermedad a los humanos, añadió. Los científicos reclaman restricciones permanentes desde hace por lo menos tres décadas.

“Nunca volvemos al origen, a por qué ocurren estas cosas en primer lugar”, señaló Aguirre.

Laboratorios para nuevos virus

China y el sudeste asiático son focos de zoonosis emergentes, patógenos que existen naturalmente en la vida silvestre y se abren paso a los animales domésticos y los seres humanos a través de la mutación o los nuevos contactos.

La pérdida de biodiversidad, sumada a las altas tasas de deforestación, eleva el riesgo de estas infecciones al poner a las personas y el ganado en contacto con animales silvestres y alterar el medio ambiente para favorecer la transmisión de determinadas enfermedades, como la malaria, el zika y el dengue.

La demanda de animales y partes de animales –para comer o para su uso en la medicina tradicional- lleva los patógenos a todos lados.

Pero el brote de coronavirus no ha acabado con la demanda de animales silvestres, según la Agencia de Investigación Ambiental, agrupación sin fines de lucro con sede en Londres que investiga y lleva adelante campañas contra los delitos ambientales.

Incluso ahora, algunos vendedores online de China y Laos promocionan medicamentos tradicionales ilegales que contienen cuerno de rinoceronte y otras partes de animales como cura para el coronavirus, descubrió el grupo. Algunos citan un documento publicado el mes pasado por la Comisión Nacional de Salud de China en el que se da una lista de medicamentos tradicionales basados en animales como tratamientos recomendados para la infección con coronavirus.

Nadie conoce el alcance total del tráfico de fauna silvestre en todo el mundo, pero las cifras son impresionantes: cada día se trafican millones de animales de centenares de especies, según Vincent Nijman, investigador del comercio de animales silvestres de la Universidad Oxford Brookes de Inglaterra.

Un estudio publicado en octubre pasado en la revista Science calculaba que el comercio de fauna silvestre comprende 5.600 especies, casi un quinto de los vertebrados conocidos del mundo.

Si bien parte del tráfico de fauna silvestre es ilegal, gran parte de la industria oculta comprende el comercio legal y a menudo no regulado de especies no protegidas como roedores, murciélagos, serpientes y ranas. El comercio de fauna silvestre en Asia es especialmente peligroso para la salud humana porque esos animales con frecuencia se transportan y venden vivos.

“Aun cuando uno de estos saltos sea algo excepcional, hay millones y millones de contactos todos los días en este tipo de mercados”, dijo Andrés Gómez, ecologista y veterinario de ICF International, empresa mundial de servicios de consultoría con sede en Virginia.

Los mercados de carne viva son laboratorios perfectos para crear nuevos virus. Los animales estresados transmiten más virus y son más susceptibles a las infecciones, y las jaulas a menudo se apilan unas sobre otras, facilitando la exposición.

“Un ave hace caca sobre una tortuga que hace caca sobre una civeta”, dijo Walzer. “Para que surjan nuevos virus, no podríamos hacer nada mejor aunque nos esforzáramos”.

Con frecuencia también falta higiene básica, explicó Nijman: “La misma tabla de picar se usa para todas las piezas de carne, el mismo cuchillo para todas las especies. Nadie se lava las manos”.

En los mercados se mezclan especies y poblaciones cada vez más variadas. La mejora del transporte –y el hecho de que muchas especies locales han desaparecido- significa que se importa fauna silvestre de un radio cada vez más amplio. Además, a menudo se introducen especies exóticas más nuevas para el comercio.

China ha aprobado 54 especies silvestres para la cría comercial y la venta, entre ellas zorros colorados estadounidenses, pinzones cebra australianos y avestruces africanas.

Esta diversidad se reflejaba en el mercado de Wuhan donde se originó el nuevo coronavirus. Una sola carnicería de allí vendía pavos reales, ratas, zorros, cocodrilos, lobeznos, tortugas, serpientes, cerdos salvajes y más, todos vivos.

“El letrero de esa tienda publicitaba patas, sangre, intestinos y otras partes del cuerpo de más de setenta especies”, dijo Gabriel del Fondo Internacional de Bienestar Animal. “Es impresionante”.

En la provincia de Guangdong en 2003, estos comercios fueron cerrados en forma temporal al aparecer el SARS. El comercio y el consumo de fauna silvestre decayó en el período inmediatamente posterior, pero el negocio se reanudó en aproximadamente un año, pese a los reclamos de una prohibición permanente.

“China no debería haber olvidado el dolor luego de que se curara la herida”, dijo Li.

Algunos expertos creen que una prohibición total del comercio de animales silvestres no es ni necesaria ni práctica.

“El comercio de fauna silvestre no es una costumbre horrorosa de la gente, algo horrible que no debería hacerse”, señaló Peter Daszak, presidente de The EcoHealth Alliance, grupo de investigación sin fines de lucro de la ciudad de Nueva York. “Es una parte muy arraigada de la cultura humana”.

En los países occidentales, por ejemplo, la gente normalmente consume carne de animales cazados en la naturaleza, como la de ciervo, conejo y aves de caza, dijo Daszak.

La cría en cautiverio, una solución

En lugar de prohibir todo el comercio de animales silvestres en China, él y otros científicos proponen la cría en cautiverio estrictamente supervisada de determinadas especies silvestres.

Otras medidas podrían comprender una prohibición permanente del comercio de determinadas especies de alto riesgo, como los murciélagos, y el dictado de “una serie de normas de higiene y bienestar de sentido común”, dijo Nijman.

Otros científicos sostienen que, sin una prohibición total y permanente del comercio de fauna silvestre, es sólo cuestión de tiempo que surja un nuevo virus.

“A menos que algo cambie, esta es sólo una de la serie”, dijo respecto de la epidemia actual de coronavirus. “Como sociedad, tenemos que decidir si estamos satisfechos con mantener el riesgo de que la próxima sea una que mate a la mayoría de las personas que se contagien”.

El gobierno autoritario de China tiene facultades para prohibir de manera permanente todo el comercio de fauna silvestre, destacó Li. Pero no cree que eso vaya a ocurrir.

Las políticas de fauna silvestre del país se basan en “la premisa de que los animales silvestres son un recurso natural que puede utilizarse”, dijo, y los funcionarios tienden a mirar la naturaleza desde un punto de vista económico en lugar de ecológico.

Prohibir el comercio de animales silvestres requeriría un cambio fundamental.

“El gobierno chino se ha creado un problema enorme al promover el consumo de fauna silvestre”, dijo Li. “Ahora debe decidir si da prioridad a los intereses económicos de una pequeña minoría o a los intereses de salud de 1.400 millones de chinos y del mundo”.

 

Por Rachel Nuwer

Fuentes:  New York Times / clarin.com