De pie en una sala de hospital, un hombre que usa un respirador médico saluda a una gran pantalla. En ella, un paciente recostado en una cama flanqueado por dos trabajadores médicos con trajes protectores responde al saludo.

“Lo que debe hacer ahora es mantener la confianza. Todos debemos tener confianza en que ganaremos esta guerra”, dice el hombre mediante un enlace de video en el Hospital Huoshenshan en Wuhan, el epicentro del brote de COVID-19, en la provincia de Hubei, centro de China.

“¡Victoria para Wuhan, victoria para Hubei y victoria para China!”, declaró con el puño cerrado.

El hombre del momento es el presidente Xi Jinping, comandante en jefe de la guerra de China contra COVID-19, quien voló a Wuhan hoy martes para inspeccionar el trabajo de prevención y control de la epidemia en el lugar.

Para esta semana, la enfermedad viral respiratoria se ha propagado a más de 100 países y regiones, infectando a más de 100.000 personas y representando una grave amenaza de salud pública para la humanidad luego del SARS, el MERS y el ébola.

Para Xi, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) y presidente de la Comisión Militar Central, esto representa una de las mayores pruebas en sus ocho años de gobernación, ya que el 80 por ciento de los contagios, incluyendo más de 3.000 muertes, se han registrado en China.

El brote de COVID-19 es la grave emergencia de salud pública más difícil de contener desde la fundación de la República Popular China en 1949, señaló.

Xi declaró una “guerra popular” para combatir a este enemigo invisible movilizando la fuerza de todo el país.

Mientras médicos y científicos siguen combatiendo al virus desconocido previamente, cientos de millones de personas abandonaron sus planes vacacionales para permanecer en casa semanas enteras.

Las ciudades fueron cerradas, los negocios suspendidos, los eventos públicos cancelados y hasta las sesiones anuales de los órganos nacionales legislativo y de asesoría política fueron aplazadas por primera vez debido a la emergencia de salud pública.

Luego de una ardua batalla, han surgido señales positivas. Los nuevos casos diarios en la parte continental china cayeron a 19 el lunes, menos que el nivel de miles de hace un mes. La mayoría de las provincias han reportado un incremento cero durante días.

Incluso en Wuhan, la situación ha dado un giro porque más de 30.000 pacientes han sido dados de alta y todos los hospitales temporales establecidos en instalaciones públicas han sido cerrados.

La propagación ha sido básicamente frenada, dijo Xi, quien destacó un éxito inicial en la estabilización de la situación y la inversión de la tendencia en Hubei y Wuhan.

“Pero la tarea de la prevención y el control sigue siendo ardua”, señaló, exigiendo esfuerzos coherentes para considerar a la prevención y control de la epidemia como una tarea de importancia fundamental.

LIDERAZGO EN TIEMPOS DE CRISIS

Al reunirse el 28 de enero en Beijing con el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, Xi dijo que ha estado dirigiendo personalmente la respuesta al brote y elaborando todo el tiempo medidas de prevención y control.

La respuesta a la epidemia estuvo en la agenda en una serie de reuniones del liderazgo del Partido que Xi presidió desde principios de enero, incluidas siete reuniones del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh). Xi también fue el primero en hacer un donativo para la causa.

Durante este periodo, Xi convocó a dos teleconferencias para funcionarios de todo el país. A la mayor asistió una audiencia sin precedentes de 170.000.

Antes de viajar a Wuhan, Xi había hecho dos inspecciones relacionadas con la epidemia en Beijing, sobre las medidas de prevención y control en vecindarios, el tratamiento de pacientes en hospitales designados y la investigación científica.

También dio instrucciones orales o por escrito todos los días. El 22 de enero, a la provincia de Hubei, de la cual Wuhan es capital, se le pidió imponer un control completo y estricto sobre los flujos de la población hacia el exterior. “Tomar esta decisión requiere de un valor político enorme. El tiempo demanda una acción decidida. De otra forma estaríamos en problemas”, dijo Xi.

Un día después, Wuhan suspendió todo el transporte público urbano y todos los vuelos y trenes hacia el exterior. Poner a una mega ciudad con más de 10 millones de residentes en cuarentena no tuvo precedentes, pero resultó una medida efectiva.

Tedros dijo que las “medidas serias” tomadas en el epicentro no sólo protegieron al pueblo chino, sino también evitaron la propagación del virus hacia otros países.

Hoy martes, Xi de nuevo calificó a las personas de Wuhan “heroicas”, y dijo que la tendencia positiva de la actualidad en control de la epidemia no sería posible sin su sacrificio y devoción.

“Xi es la columna de esta batalla”, dijo Liu Jingbei, un profesor de la Academia de Liderazgo Ejecutivo de China, situada en el Pudong, en Shanghai. “Su liderazgo es crucial para que el país venza finalmente a la epidemia”.

GUERRA POPULAR CON PECULIARIDADES CHINAS

Bajo el comando de Xi, un grupo dirigente central de respuesta a la epidemia encabezado por el primer ministro, Li Keqiang, fue establecido el 25 de enero. Dos días después, la vice primera ministra, Sun Chunlan, fue enviada a supervisar la labor de Hubei y ha estado apostada ahí desde entonces. En febrero, los jefes del Partido de Hubei y Wuhan fueron sustituidos en vista de los graves problemas expuestos en la respuesta inicial.

Pero en esencia, lo que Xi dirige es una guerra popular contra la epidemia. Por mucho se trata de una guerra emprendida por el pueblo y para el pueblo, lo que refleja el valor fundamental del PCCh de 90 millones de miembros.

Robert Lawrence Kuhn, un importante experto estadounidense sobre China y presidente de la Fundación Kuhn, dijo que la movilización de China no tiene precedentes en la historia de la salud global.

Xi ordenó el uso de todos los recursos del país para reunir fuerza para enfrentar el problema, lo que es una ventaja del sistema socialista de China.

Alrededor de 42.600 médicos fueron enviados a Hubei desde todo el país. Académicos, expertos líderes sobre enfermedades respiratorias y enfermedades contagiosas, y una décima parte de especialistas de cuidados intensivos del país fueron convocados al epicentro, de acuerdo con la Comisión Nacional de Salud.

En Wuhan, 86 hospitales fueron designados para atender a pacientes de COVID-19, dos nuevos hospitales fueron construidos de la nada en sólo dos semanas y 16 salas de exhibición y sedes deportivas fueron transformadas en hospitales temporales, proporcionando hasta 60.000 camas para pacientes de COVID-19 en sólo un mes.

Afuera de la zona más afectada, la manufactura de suministros médicos se intensificó y “pasajes verdes” fueron abiertos para garantizar que los productos fueran entregados a tiempo.

En un breve tiempo, todo, desde mascarillas quirúrgicas hasta sistemas de apoyo vital se dirigieron a la primera línea, incluyendo por lo menos 67 series de equipos de oxigenación de membrana extracorporal (ECMO) y 17.000 ventiladores, según el Ministerio de Industria y Tecnología Informática a principios de marzo.

Al hacer un recuento de su experiencia al frente de expertos de la OMS durante la misión conjunta de investigación sobre COVID-19 en China, el epidemiólogo canadiense Bruce Aylward elogió la preparación de las instituciones médicas chinas.

“Si yo tuviera COVID-19, habría querido ser atendido en China,” mencionó. “Saben y se encargan de mantener vivas a las personas, y lo logran exitosamente”.

La misión conjunta China-OMS indicó que la tasa de mortalidad de pacientes de COVID-19 está calculada entre 3 y 4 por ciento en China y sólo de 0,7 por ciento en sitios fuera de Wuhan.

Universidades, institutos y empresas de investigación están trabajando juntos para mejorar los diagnósticos, vacunas y medicinas. El kit de prueba rápida más reciente puede mostrar resultados en 15 minutos examinando una sola gota de sangre. Y el gobierno lo dejó claro: una vez confirmados, los pacientes no deben preocuparse de los costos; el tratamiento es gratuito.

En todo el país se tomaron medidas específicas de prevención y control desde el inicio del brote. En algunas ciudades, la gestión coordinada y la vigilancia en vecindarios empezaron a detectar y aislar casos sospechosos y sus contactos cercanos tan pronto como fue posible.

En un enorme país con una población de 1.400 millones de habitantes, las personas actuaron ordenadamente; siguieron las indicaciones del gobierno y se encerraron en sus casas durante semanas.

La misión conjunta China-OMS señaló que este enfoque verdaderamente “de todo el gobierno y de toda la sociedad” ha evitado o al menos retrasado cientos de miles de casos de COVID-19 en el país.

Bajo el comando de Xi, un constante tema de esta guerra ha sido “las personas primero”.

Xi ha subrayado que la vida y salud de las personas son la mayor prioridad y hay que poner los intereses de las personas por encima de todo lo demás.

Xi dijo hoy martes que el Comité Central del PCCh ha tomado todas las medidas de prevención y control con el enfoque principal de prevenir que más personas se contagien y salvar más vidas de pacientes.

ALDEA MUNDIAL EN LUCHA CONJUNTA

Los virus no respetan fronteras en la aldea mundial. En semanas, el coronavirus se propagó a todos los continentes excepto a la Antártica.

La seguridad de salud pública es un reto común que enfrenta la humanidad, y todos los países deben unir esfuerzos para hacerle frente, dijo Xi.

Desde el inicio del brote, China ha cooperado e intercambiado información activamente con la OMS y con otros países, compartiendo rápidamente con ellos la secuencia del genoma completo del nuevo virus después de que el patógeno fue identificado el 7 de enero.

Tedros en varias ocasiones ha elogiado a China por sus serias medidas para contener el virus, diciendo que las medidas no sólo protegieron al pueblo chino sino que también ganaron tiempo para que otros países prepararan su respuesta.

En un poco más de un mes, Xi habló por teléfono con 14 líderes extranjeros, entre ellos el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdulaziz Al Saud, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y se reunió en Beijing con Tedros, con el primer ministro de Camboya, Samdech Techo Hun Sen, y con el presidente de Mongolia, Khaltmaa Battulga, subrayando la cooperación internacional para el combate de la epidemia.

Más líderes extranjeros, incluyendo al presidente de Rusia, Vladimir Putin, enviaron telegramas o emitieron comunicados. El Ministerio de Relaciones Exteriores indicó que los líderes de más de 170 países y 40 organizaciones internacionales o regionales expresaron su apoyo a China.

Xi dijo que China se adhiere al concepto de construcción de una comunidad de destino de la humanidad ya que activamente contribuye a salvaguardar la salud pública global mientras protege la vida y la salud de su pueblo.

Aylward de la OMS dijo que la enorme voluntad colectiva del pueblo chino ayudó a ganar unas cuantas semanas que fueron “tan importantes” para el mundo. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, expresó gratitud a los chinos que se sacrificaron en muchos aspectos de su vida normal para evitar la propagación del virus.

Para ayudar en la lucha global contra COVID-19, China hizo una donación a la OMS, proporcionó mascarillas y batas protectoras a la República de Corea, envió kits de prueba a Pakistán, Japón, Irán y la Unión Africana, y envió expertos a Irán.

LA MAYOR PRUEBA DEL PROCESO DE REVITALIZACION

Xi señaló que la revitalización nacional, o el sueño chino, no podría alcanzarse sin importantes batallas.

La epidemia, dicen los observadores, sirve como un buen recordatorio de esa sentencia. El tamaño del negocio de consumo animal es muy grande. Las reservas de suministros médicos esenciales tienen seria escasez. No hay una ley de bioseguridad. El burocratismo a nivel de las bases obstruyó la respuesta ante la epidemia.

Xi dijo que la epidemia fue una gran prueba para el sistema y la capacidad en gobernación de China y pidió aprender las lecciones y enfocarse en los eslabones débiles y en las fallas expuestas por la epidemia para mejorar el sistema nacional de manejo de emergencias y la capacidad para gestionar tareas urgentes y difíciles.

Desde principios de febrero, Xi empezó a dar instrucciones respecto a la estabilización de la economía.

La economía china, que creció 6,1 por ciento en 2019, podría recibir un impacto a corto plazo. Pero el impacto es manejable. Las fábricas, incluyendo a proveedores de compañías extranjeras como Apple, Tesla y FAW-Volkswagen Automobile, han reanudado operaciones.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, dijo que espera que la economía de China “retorne a la normalidad” en el segundo trimestre de 2020.

El año es clave para China dado los planes del país para eliminar la pobreza extrema. La semana pasada, Xi convocó a una teleconferencia sobre la liberación de la pobreza y ordenó a los cuadros superar el impacto de la epidemia para alcanzar la victoria completa en la lucha contra la pobreza.

Después de lograr integralmente una sociedad modestamente acomodada, China buscará básicamente alcanzar la modernización socialista para el año 2035 y convertirse en un gran país socialista moderno a mediados de sIglo XXI.

“El tiempo y la historia no esperan a nadie”, dijo Xi el 23 de enero en una recepción por el Año Nuevo Lunar chino, el mismo día en que Wuhan fue cerrada. “Debemos mantener una dirección y determinación estratégicas, permanecer unidos, trabajar arduamente y seguir adelante contra todas las adversidades”.

 

Fuente: xinhuanet.com