El modelo Centinela, la apuesta de México para contener la epidemia de coronavirus (y que contradice las recomendaciones de la OMS)

A un mes de haber registrado su primer caso por covid-19, México ha enfrentado la pandemia del coronavirus mediante una polémica estrategia que contrasta con algunas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una situación que ha generado comentarios divididos para la administración del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

Hasta el 5 de abril, la Secretaría de Salud en México reportó un total de 2.143 casos confirmados y 94 defunciones confirmadas por covid-19. En esta misma fecha, según la OMS, la tasa de mortalidad se situaba en el país en 0,4 por cada 100.000 habitantes.

El caso mexicano ha llamado la atención durante las últimas semanas debido a la manera en que los estrategas del Gobierno mexicano han cuestionado algunos parámetros de la OMS, al mismo tiempo que la oposición política han acusado que el bajo número de pruebas realizadas podría estar contribuyendo a tener un subregistro importante de casos reportados.

¿Pero cuál es la situación específica de México y qué es lo que hace que su estrategia sea tan particular?

Centinela, la estrategia

En 2009, México fue el epicentro de la epidemia de la influenza AH1N1, experiencia que dejó varias enseñanzas que se han aplicado ahora para contener los casos de covid-19.

De acuerdo con el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, principal responsable de atender la pandemia en México, el país ha adoptado un modelo denominado Centinela, que busca detectar brotes epidemiológicos a través de un monitoreo estadístico en los centros de salud.

En dicho modelo, que funciona de manera “semejante a las encuestas” de opinión, lo importante no es conocer el número exacto de casos, sino detener la curva epidemiológica. Y al igual que en una encuesta, el resultado es muy similar con una muestra grande o pequeña, siempre y cuando la muestra sea representativa.

Por ello, el Gobierno mexicano ha defendido la necesidad de monitorear un pequeño número de hospitales, en lugar de practicar miles de pruebas a los posibles portadores del covid-19, lo cual contrasta con lo que hizo Corea del Sur, que logró contener la pandemia aplicando más de 200.000 pruebas.

Un modelo que López-Gatell ha calificado como “una apuesta técnicamente sólida“, respaldada en evidencia científica.

El modelo Centinela no funciona en todos los hospitales, sino que “funciona solamente en un grupo de unidades que son representativas para el país en función de su distribución y de donde están efectivamente localizados”, explicó José Luis Alomía, director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud.

No necesitamos, por lo tanto, realizar una prueba confirmatoria a todas las personas que presenten signos y síntomas de la enfermedad, basta con poder confirmar por laboratorio algunas de ellas”, señaló el funcionario el pasado 21 de marzo. Eso, explicó, permite obtener una muestra para realizar estimaciones y seguir la evolución de la pandemia.

Una estrategia que, sin embargo, contrasta con la recomendación del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien ha insistido que la realización de pruebas masivas de detección son un punto clave para detener la pandemia. “Una vez más, nuestro mensaje es: pruebas, pruebas, pruebas“, dijo Ghebreyesus el pasado 17 de marzo.

Hasta ahora, en México se han realizado poco más de 14.000 pruebas, de acuerdo con datos oficiales. Una cifra muy por debajo de las casi 918.460 que se habían practicado en Alemania para finales de marzo.

En el caso mexicano, una vez que un paciente sospechoso ingresa a hospitales del sistema de salud, los médicos realizan un diagnóstico a través de un formulario. Si el paciente sale negativo en el examen de influenza, se le practica la prueba del covid-19. Una situación que, al menos en teoría, permite utilizar pocos recursos de manera más eficiente.

Además del monitoreo, el Gobierno mexicano también esperó a que el número de casos del coronavirus dejaran de ser solo importados y pasaran a ser contagios comunitarios, para decretar el confinamiento de la población en sus casas, como parte de la Fase Dos, que entró en vigor el 24 de marzo.

Pero ya desde la Fase Uno se había decretado el cierre de escuelas y parques públicos, que entró en vigor el pasado 16 de marzo, cuando solo había 100 contagios. Una cifra muy por debajo de cuando esta misma medida se implementó en países de Europa como Italia y España.

El subsecretario López-Gatell ha señalado que la principal meta del Gobierno es reducir el número de contagios antes de que México entre a la Fase Tres de la epidemia, para finales de abril o principios de mayo, cuando el número de contagios llegue al máximo.

En este sentido, el objetivo de la estrategia mexicana se centra en “aplanar la curva” de contagio con el fin de que los casos no saturen los hospitales.

Pruebas rápidas, poco convenientes

Sin embargo, algunos especialistas e integrantes de la oposición política en México han cuestionado que el número de pruebas para detección de coronavirus ha sido bajo, situación que podría contribuir a tener un subregistro importante de casos.

Entre los críticos se encuentra el investigador y epidemiólogo Alejandro Macías, excomisionado en la atención de la crisis de la influenza AH1N1 de 2009, quien ha reconocido que la complejidad técnica y el elevado costo de la prueba estándar de detección de coronavirus, ha elevado la dificultad para practicar dichos controles de manera masiva.

Las pruebas estándar identifican el ARN del virus a través de una muestra tomada de la garganta o fosas nasales. Posteriormente, se extrae el ARN y se amplifica en una máquina especial mediante la técnica de reacción en cadena de polimerasa (PCR), para luego identificar si la cadena de material genético corresponde al virus que genera la enfermedad de covid-19.

Cada prueba tiene un costo cercano de 150 dólares. “Es técnicamente muy complejo y por eso algunos países no lo tienen”, señaló el experto a través de un mensaje en redes sociales.

Por otro lado, las pruebas rápidas tienen un alto porcentaje de error. Esto se debe a que detectan la producción de anticuerpos (inmunoglobulinas G y M) generados para combatir al covid-19, lo que puede demorar varios días luego de que la persona sea contagiada. Esto genera que muchos pacientes infectados con el virus puedan dar negativo a la hora que se les practique el examen.

“Las pruebas rápidas pueden causar más caos de lo que pueden ayudar. La mayoría de los pacientes que tienen síntomas leves buscan la prueba rápida, ya que si fueran pacientes graves estarían hospitalizados, se les practicaría la prueba normal”, explica en entrevista Eduardo Girón, epidemiólogo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Hospital Río de la Loza.

De ahí que hasta el momento, el Gobierno mexicano haya descartado el uso de pruebas rápidas dentro de su estrategia.

Crisis en medio de la reestructuración

Para Girón, quien vivió de cerca la epidemia de la influenza AH1N1 de 2009 atendiendo a pacientes contagiados, el Gobierno mexicano actuó de manera oportuna a la hora de frenar el crecimiento en el número de contagios.

“Fue una respuesta oportuna. México tiene mucha experiencia en pandemias, desde la de 2009. El gobierno fue muy criticado porque países que estaban en otras fases ya tenían toques de queda, pero nosotros no teníamos los casos suficientes para decidir acciones tan fuertes, pues esto implica un deterioro económico fuertísimo”, señala Girón.

De ahí que el médico considere que otro acierto del Gobierno ha sido manejar una estrategia de comunicación basada en datos científicos, con conferencias de prensa diarias, y tratando de no generar pánico entre la población.

El experto también apunta que los principales retos que enfrenta el Gobierno mexicano para mitigar la crisis se encuentran en la falta de ventiladores para atender los casos graves de enfermedades respiratorias derivadas del covid-19, al mismo tiempo que se resuelven otras carencias de un sistema de salud débil, ante el “retraso y saturación que padecen muchos hospitales a la hora de atender a la población”.

Ya desde el inicio de su mandato, el presidente López Obrador ha señalado que resolver la crisis del sector salud representa uno de los principales desafíos de su administración, tras recibir un sistema de salud con hospitales a medio terminar y con un bajo número de médicos.

Por ello, explica Girón, el Gobierno federal ha puesto en marcha una serie de incentivos para contratar un ejército de médicos que pueda ayudar a contener la crisis del covid-19.

En este sentido, la administración de López Obrador anunció sueldos competitivos, prestaciones y puntos extras en los exámenes de residencias médicas para atraer a 6.000 doctores y 12.000 enfermeras.

De este modo, el mandatario mexicano busca frenar la pandemia y la crisis económica, al mismo tiempo que ha puesto en marcha una reestructuración en el sector salud, mediante una serie de medidas enfocadas a garantizar el abasto de medicamentos y la unificación del sistema hospitalario a través del Instituto de Salud para el Bienestar.

Una carrera a contrarreloj que podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte para muchos mexicanos afectados por el covid-19, mientras los médicos y enfermeras luchan para evitar que la crisis termine desbordando los hospitales.

 

Por Manuel Hernández Borbolla

 

La carrera mundial para desarrollar la vacuna contra el SARS-CoV-2: ¿en qué etapa se encuentra?

A partir de la pandemia asociada con el coronavirus SARS-CoV-2, especialistas de todo el mundo han concentrado sus esfuerzos en el desarrollo de nuevos medicamentos para enfrentar a la COVID-19. Sobre esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que 52 vacunas contra esta enfermedad se encuentran en desarrollo.

Países como China, Rusia y Estados Unidos afirman que ya hay avances significativos en el desarrollo de vacunas, pero también hay casos en Suiza, Brasil y México que anuncian investigaciones propias a fin de acelerar las inoculaciones a nivel local.

Aunque los pronósticos más optimistas apuntan a que este medicamento estaría disponible hasta 2021, los avances dados a conocer en los últimos días brindan esperanzas sobre la posibilidad de reducir los contagios en el futuro. A continuación, Sputnik destaca los casos más relevantes a nivel mundial y la etapa en que se encuentran.

China

El 18 de marzo, el Ministerio de Defensa de China dio a conocer que estaba listo para iniciar pruebas en humanos de una nueva vacuna contra el SARS-CoV-2. La información fue publicada en Diario del Pueblo, periódico del Partido Comunista chino, quien también mencionó que el medicamento fue desarrollado por la empresa CanSino Biologics, en colaboración con la Academia Militar de Ciencias Médicas de China.

Sin embargo, Sputnik también dio a conocer que existen más equipos en el país asiático que trabajan en el desarrollo de la misma vacuna. Una de ellas, elaborada por el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, la Universidad Tongji de Shanghái y la empresa Sterminala, también está a la espera de iniciar las primeras pruebas en personas.

Estados Unidos

El 16 de marzo, la organización Kaiser Permanente, con sede en la ciudad de Seattle, comenzó las primeras pruebas en humanos de una vacuna experimental contra el coronavirus. A pesar de que este proyecto se saltó la fase de experimentación con animales, el doctor Anthony Fauci, inspector general del Departamento de Salud y Servicios Humanos, advirtió que, aun si la investigación no registra contratiempos, la vacuna estaría disponible en un lapso de 12 o 18 meses.

No obstante, el 5 de abril una filial de los laboratorios Johnson & Johnson reveló que su proyecto para elaborar una vacuna para el coronavirus había tenido éxito en sus primeras etapas. A partir de un fondo otorgado por la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado de los Estados Unidos, informó que espera tener los primeros lotes de la vacuna contra el coronavirus en septiembre, a fin de comenzar los ensayos clínicos en humanos.

Asimismo, el 2 de abril un grupo de científicos de la Universidad de Pittsburgh publicó los resultados de las primeras pruebas de una vacuna contra el SARS-CoV-2 en ratones. Andrea Gambotto, uno de los autores del estudio, comentó a The Lancet que, a partir de su experiencia con el SARS-CoV y MERS-CoV, pudieron desarrollar una proteína que estimula la inmunidad contra estos virus. Ahora, este medicamento está a la espera de recibir la aprobación de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos para comenzar las primeras pruebas en humanos.

Rusia

El 20 de marzo, el primer ministro de Rusia, Mijaíl Mishustin, anunció que los científicos de su país realizaban pruebas a seis fármacos que podrían funcionar como vacunas contra el coronavirus. A su vez, la Agencia Federal Médico-Biológica rusa adelantó que una vacuna desarrollada por ellos estaría lista en 11 meses. Los primeros ensayos clínicos están proyectados a iniciar en junio, donde se contempla la participación de 60 personas.

Sin embargo, cabe destacar que, en opinión de epidemiólogos estadounidenses y australianos, la vacuna Calmette y Guérin, usada para frenar los contagios de tuberculosis en países como Rusia, podría servir para inocular contra el SARS-CoV-2.

Las pruebas para verificar su eficacia han comenzado en Australia, tras notar que los países que no utilizan esa vacuna han sido de los más afectados por la enfermedad.

Europa

El 17 de marzo, los laboratorios alemanes CureVac y BioNTech anunciaron sus intenciones para comenzar a trabajar en la vacuna contra el coronavirus. La primera empresa había sido objeto de interés mundial días atrás, luego de que se mencionó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ofreció a comprarla a cambio de tener la exclusividad sobre la vacuna que esa empresa desarrollaba.

Tras desmentir ese rumor, la Comisión Europea entregó a CureVac una aportación de 80 millones de euros, con el interés de acelerar las investigaciones que permitan el desarrollo de la vacuna. Por su parte, BioNTech anunció una alianza con la farmacéutica estadounidense Pfizer para el mismo fin.

A su vez, el Gobierno de España anunció que aportaría 30 millones de euros a los laboratorios locales a fin de acelerar las tareas de investigación del SARS-CoV-2. Por lo pronto, la Universidad de Valencia y la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana lograron elaborar los primeros genomas del virus, los cuales permitieron conocer las primeras mutaciones del coronavirus desde su salida de Wuhan, China.

Igualmente, Suiza resaltó que cuenta con avances propios en el desarrollo de una vacuna. El 2 de abril, Martin Bachmann, jefe del departamento de Inmunología del Hospital Universitario de Berna, afirmó haber logrado aislar las secuencias iniciales del SARS-CoV-2. Por su parte, Peter Burkhard, inmunólogo de un laboratorio privado en Basilea, dijo que desarrolló una vacuna experimental sobre la base de una vacuna contra la malaria.

América Latina

El 18 de marzo, un equipo científico de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, comunicó que se dedica al desarrollo de una vacuna contra el coronavirus a partir de partículas artificiales. Con base en ese enfoque, los investigadores esperan iniciar pruebas en animales en los próximos meses.

Del mismo modo, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) informaron el 1 de abril que también trabajan en el desarrollo del mismo fármaco. Laura Palomares Aguilera, investigadora en medicina molecular de la UNAM, reconoció que la investigación se encuentra en su etapa inicial, pero confió en que, una vez producida la vacuna, se logrará que México deje de importarla de otros países.

A su vez, según informaron los científicos chilenos del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia (IMII) el 24 de marzo, han iniciado la fase de la formulación de la vacuna. De acuerdo con sus cálculos, en dos meses podrían tener listo el primer prototipo.

 

Por Jorge Cortina Montiel

Fuente: sputniknews.com

 

OMS: “Las mascarillas solas no pueden detener la pandemia, hay que encontrar, aislar y tratar cada caso”

La Organización Mundial de la Salud está preocupada por el amplio uso de mascarillas médicas por la población general, algo que podría agravar la carencia de este tipo de equipos para las personas que más los necesitan, ha afirmado el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Las mascarillas, respiradores y otros equipos de protección deben ser priorizados para los trabajadores médicos que están en el frente de la lucha contra la pandemia de covid-19, según Tedros.

Hablando en rueda de prensa, el funcionario recomendó que los miembros de la población general solo usen mascarilla si están enfermos o cuidan a un enfermo en su casa, informa Europa Press.

En otros casos, contribuirían a la escasez que está poniendo a los médicos en peligro, explicó.

Al mismo tiempo, recalcó que las mascarillas “por sí solas no pueden detener la pandemia” y las naciones deben seguir “encontrando, testando, aislando y tratando cada caso y rastreando cada contacto”.

Celebrando los esfuerzos internacionales en la investigación del covid-19 para desarrollar un tratamiento contra el coronavirus, Tedros se comprometió a garantizar acceso abierto a los resultados de esta colaboración para todas las personas.

Según datos de la Universidad Johns Hopkins, el mundo ha registrado más de 1.290.000 infecciones con el coronavirus, incluidos más de 70.000 casos letales.

 

Fuente: rt.com