Después de los 13 casos de coronavirus​ entre médicos y enfermeros del hospital Belgrano de San Martín, este jueves se confirmaron otros 53 positivos entre personal de salud en dos clínicas porteñas, el Hospital Italiano y el Sanatorio de la Providencia.

El Ministerio de Salud de la Ciudad confirmó en la mañana de este jueves la existencia de 34 casos de coronavirus​ entre el personal de salud del Sanatorio de la Providencia, ubicado en el barrio de Balvanera. Entre los enfermos, por el momento no se reportaron casos graves, y el 70% permanece asintomático. Según trascendió, se esperan resultados de los test a otros trabajadores de ese centro médico.

A la vez, fuentes gremiales del Hospital Italiano informaron a Clarín que en la sede central de ese sanatorio en Almagro se habían registrado 19 casos de coronavirus entre los empleados. «Lo que nos indigna es que desde hace dos semanas denunciamos la falta de insumos para la protección del personal. Esto es negligencia», apuntó Lilian Moretti, subdelegada general del Italiano, y detalló que entre los afectados habría cuatro médicos (dos de guardia), un trabajador del área de farmacia, siete enfermeras de terapia intensiva y cinco empleados administrativos del laboratorio.

Por la tarde, el Italiano emitió un comunicado en el que no confirmó este detalle pero sí señaló que «tres colaboradores se encuentran internados con evolución satisfactoria y los 16 restantes se encuentran con seguimiento en su domicilio, cumpliendo con el período de aislamiento definido en los protocolos vigentes«.

El hospital también aclaró que sólo dos de los casos positivos «habían asistido en forma directa a pacientes con enfermedad confirmada», un tercero tuvo antecedente de viaje y los 16 restantes «fueron contagios por otros motivos».

Desde el centro médico de Almagro recordaron que el mes pasado formaron parte de una investigación promovida por el Gobierno porteño para identificar la infección potencial con COVID-19 entre el personal de salud. «Encontramos que siete personas sin actividad de asistencia directa a pacientes y que sin cumplir con la definición clínica de ‘caso’ dieron tests positivos para coronavirus (…) Todos los casos fueron leves y conocer la situación nos permitió aislar precozmente a los compañeros y cerrar temporalmente el sector donde se originaron estos primeros casos», sigue el comunicado.

En este sentido, remarcaron que pusieron en marcha un plan de capacitación para 7.500 empleados, amplificaron los testeos, hicieron obligatorio el uso de barbijos quirúrgicos para todos los trabajadores y entregaron elementos de protección personal, incluidos más de 5.000 barbijos N95. Pero Eduardo Orozco, delegado del gremio Bordó del italiano, lo desmintió y aseguró que «intentan usar elementos de protección reesterilizados, que exponen aún más a los trabajadores».

Respecto del caso del sanatorio privado La Providencia, desde la Comisión Interna denunciaron que los contagios en esta clínica de Tucumán al 1800 se produjeron por “negligencia”, debido a que sus responsables no suministraron al equipo los insumos básicos de protección.

Adela Ampuero, enfermera y delegada gremial de La Providencia, afirmó que «fue un mal manejo de la parte empresarial. Se les notificó desde el día uno», tanto a ellos como a los referentes gremiales de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA). A ella, el miércoles le informaron que su hisopado dio positivo. Antes de los test, algunos de los infectados habían manifestado tener síntomas y, aseguró la mujer, aun así se les pidió que asistieran a trabajar.

En un comunicado respecto de los casos en La Providencia, el Gobierno de la Ciudad señaló que «todo el personal contagiado ha sido debidamente licenciado y se encuentra desde el primer momento bajo monitoreo por parte del equipo de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Ciudad».

Dada esta situación, la capacidad operativa de la institución –que tiene 70 camas, 24 de ellas en terapia intensiva– se vio severamente disminuida. Se fue cerrando progresivamente un piso de terapia intensiva, luego otro de clínica y por último, el de la unidad coronaria. Hay también restricciones en la guardia y en la admisión.

«De acuerdo a la investigación epidemiológica que se llevó a cabo, se sospecha que el brote dentro de la institución se produjo con una paciente que ingresó por una cirugía de columna el 13 de marzo y luego desarrolló un cuadro de neumonía considerándose allí sospechoso de COVID-19, cuando la definición de caso consideraba aún un viaje reciente desde el exterior. Fue entonces cuando se la aisló y fue hisopada, dando finalmente positivo. Dicha investigación está en curso para determinar el nexo epidemiológico de la paciente», señala el escrito de Salud de la Ciudad.

Las autoridades de la clínica habían sido capacitadas con los protocolos sanitarios para el COVID-19 por el Ministerio de Salud. En tanto, empleados de La Providencia dijeron a Clarín que no recibieron información desde la gerencia de la clínica sobre lo sucedido. Desde el sector de Diagnóstico por Imágenes confirmaron que el personal involucrado “no fue a trabajar”.

El panorama general: falta de insumos y demanda de testeos

Estos casos puntuales expusieron un problema que se replicó en todos los países donde golpea el coronavirus: la infección del personal sanitario. Según señaló a Clarín el presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, el 10% de los infectados en el país son médicos y otros trabajadores de salud. En el mundo, entre el 10 y el 15% del personal sanitario termina contagiado por el coronavirus.

En este escenario, el reclamo de médicos y enfermeras se concentra sobre un mismo punto: la escasez de Equipos de Protección Personal (EPP) para protegerse del COVID-19.

Como figura en el protocolo de «Indicaciones para el uso de EPP», distribuido por el Gobierno porteño, no deben usar lo mismo quienes están en el triage (recepción de pacientes febriles en calidad de casos sospechosos), que quien está en terapia intensiva, directamente expuesto al virus.

«Falta de todo en todas las áreas. Pero en las Unidades Febriles alcanza tener barbijos quirúrgicos y protección facial en caso de que no haya una barrera con vidrio o acrílico. Los terapistas, que es personal altamente capacitado y que es muy difícil de reemplazar en caso de quedar en cuarentena, deben estar protegidos también con las máscaras (las que se conocen como ‘de soldador’), antiparras, la cofia y camisolín. Hay mala distribución de los insumos desde Salud y mala administración donde llegan. Te dicen que van a llegar 500 equipos y llegan 250. Y no dónde deberían», dice a Clarín Jorge Gilardi, presidente de la Asociación Médicos Municipales de la Ciudad. Gilardi apuntó también que «el gobierno porteño prometió que en 15 días comenzará el testeo en el personal de salud. Pueden ser una alta fuente de contagio. Se los debe proteger más allá de eso. Somos humanos, no mártires».

En tanto, desde el ámbito privado, Héctor Garín, presidente de la Federación Médica Gremial de la Capital Federal (FEMECA), plantea el mismo panorama preocupante. «Recibimos numerosas denuncias de incumplimiento de las normativas por parte de los empleadores. Lo denunciamos puntualmente ante las autoridades de la Ciudad y de la Nación. Pedimos que no nos aplaudan más por nuestro trabajo, porque es nuestro trabajo. Deberían aplaudir para concientizarse a los empleadores de los médicos a entregar todas medidas de protección personal que evite esos riesgos de contagio. Algunos no lo hacen para economizar», sostiene Garín.

En Provincia, el gremio coincide con los faltantes y apunta a que deberían realizarse test ente el personal de salud para protegerlos y proteger al resto de la sociedad de casos asintomáticos. «Si no se resuelve, tendremos más situaciones de infectados en su lugar de trabajo, algo que no debería suceder cuando aún no hay gran cantidad de pacientes para la atención. Es urgente que se convoque al Comité Provincial de Crisis con la participación de los gremios, un compromiso que el ministro de Salud provincial asumió la semana pasada, pero no se concretó«, dice Marta Márquez, presidenta de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (CICOP).

«Faltan medidas de bioseguridad. En los últimos días nos entregaron barbijos de friselina simple, que no son más que un tapabocas casero. Hasta eso escasea. No todos en el hospital están siquiera con esos tapabocas», cuenta a Clarín una médica del sector de Maternidad del Hospital Carillo de Ciudadela. Si bien su área se considera «limpia», porque no hay casos confirmados, asegura que ella y todo el equipo deben pasar «por áreas sucias (con infectados) para llegar a trabajar».

Melisa hace la residencia en una sala de William Morris. Desde ese centro que puede ser mínimo frente al hospital Italiano o el Carrillo, describe lo que pasa a gran escala. «Estamos atendiendo a sospechosos de COVID-19 y a guardia general. Fue todo muy autogestivo, porque acá no llega nada. La realidad es que al día de hoy no contamos con barbijos quirúrgicos ni alcohol. No llegan. Si para el lunes no tenemos esas cuestiones mínimas, no vamos a seguir atendiendo. Vamos a venir y orientaremos a quienes lleguen. Pero no vamos a seguir exponiéndonos ni a poner en riesgo a los pacientes. Nos formamos para otra cosa», cierra.

 

Fuente: clarin.com