La primera fase del acuerdo comercial firmado el 15 de enero de 2020 se había visto amenazada en medio de advertencias de Estados Unidos de que impondría nuevos aranceles a China en represalia por el manejo que le dio a la crisis del coronavirus.

Estados Unidos y China parecen haberle puesto un final feliz, o al menos amable, a una semana de crecientes tensiones políticas que amenazaban con trascender al plano económico.

En conversación telefónica del jueves 7 de mayo de 2020, los negociadores comerciales de ambos países determinaron que, a pesar de la actual emergencia sanitaria, esperan cumplir con las obligaciones contraídas en el acuerdo firmado el 15 de enero.

En la conferencia participaron el viceprimer ministro chino, Liu He; el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin; y el embajador comercial en Beijing, Robert Lighthizer, para discutir los términos del acuerdo, que entró en vigencia el 14 de febrero.

“Ambas partes pactaron que hay un buen progreso en la creación de las infraestructuras gubernamentales necesarias para que el acuerdo sea un éxito”, dice el comunicado emitido por la Oficina del Representante de Comercio de la Casa Blanca.

Bajo los términos del acuerdo, China se compromete a comprar bienes estadounidenses a cambio de que Estados Unidos reduzca los aranceles y no imponga nuevas tarifas.

Del total de bienes estadounidenses que se comprometió a comprar China en dos años, hay 50.000 millones de dólares en productos agrícolas, 50.000 millones de dólares en energía y 75.000 millones de dólares en manufacturas.

Por su parte, Estados Unidos acordó, además de rebajar hasta el 7,5 % los aranceles impuestos a importaciones chinas por valor de 120.000 millones de dólares y a cancelar gravámenes adicionales.

El acuerdo también abre la puerta a una segunda tanda de negociaciones parar abordar cuestiones más espinosas como la transferencia forzada de tecnología, la propiedad intelectual, la expansión del comercio, el establecimiento de mecanismos para la resolución de disputas o la apertura de los mercados financieros chinos.

Fin a una semana de tensiones binacionales

La crisis del coronavirus llegó justo cuando Washington y Beijing habían acordado el fin de una disputa comercial de casi dos años, con aumentos mutuos de aranceles y una retórica cada vez más agresiva. Y aunque las relaciones empezaron a gozar de una aparente cordialidad, la polémica sobre el verdadero origen del Covid-19 reavivó las diferencias entre Donald Trump y su homólogo Xi-Jingping.

A lo largo de toda esta semana, el cruce de acusaciones crecía con el pasar de los días. Estados Unidos ha venido alimentando la tesis de que el coronavirus fue fabricado en un laboratorio de la ciudad china de Wuhan, mientras que Beijing lo refuta y le exige presentar pruebas de su afirmación.

El Gobierno chino cuenta con el respaldo de estudios que hablan del origen animal del coronavirus, elaborados por la Organización Mundial de la Salud, la misma a la que Estados Unidos decidió recientemente quitarle la financiación por considerarla parcializada a favor Beijing.

Desacuerdos políticos que amenazan con volverse económicos

En medio del ataque retórico constante entre funcionarios de la administración Trump con sus pares en China, surgió una amenaza del jefe de la Casa Blanca el pasado 30 de abril: que impondría aranceles a Beijing como represalia por el manejo “´poco transparente” que le ha dado a la crisis del coronavirus.

La respuesta no se hizo esperar y vino por cuenta de la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, el 5 de mayo: “Los hechos han demostrado que los aranceles no deben usarse como un arma. En general, perjudica a todas las partes involucradas, y a nadie le interesa luchar en una guerra comercial. Por lo tanto, en la situación actual, creo que la idea de utilizar los aranceles como un arma para someter a otros países debería ser abandonada”.

Las declaraciones de esta semana parecían conducir al empeoramiento de una ya malherida relación entre Estados Unidos y China, pero el compromiso al que llegaron las partes el jueves podría aliviar, al menos temporalmente, las tensiones entre los dos pesos pesados de la economía mundial.

 

Por Daniela Blandón Ramírez

Fuente: france24.com