El país empieza a salir de su confinamiento, tras ser uno de los primeros en cerrar parte de sus fronteras y en aislar a los llegados de zonas de riesgo. Luego de seis semanas de vacaciones retribuidas, el presidente ordenó el regreso al trabajo. Moscú, el foco de los contagios, tardará más en volver a la normalidad. Pero la “normalidad” a nivel global ha cambiado para siempre. ¿Qué lugar ocuparán Rusia, China y EE. UU. en el nuevo reparto de poder geopolítico? Es pronto para saber cómo quedará el ‘puzzle’, pero los expertos avanzan algunas pinceladas más que probables.

“El mundo no cambiará esencialmente a largo plazo por este virus, pero sí se acelerarán muchas tendencias existentes”, explica Tim Marshall, autor del libro ‘Prisioneros de la geografía’ y uno de los especialistas que ha escrito sobre el juego de poder que libran las potencias en el paso del siglo XX al XXI.

Occidente se juega una dominación de cien años fruto de la superioridad militar lograda en los siglos XVI y XVII. En cuanto a Rusia, Marshall cree que “las tendencias generales no se verán muy alteradas”. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha perdido popularidad y está en un 59%. Es su dato más bajo desde que fue primer ministro en los difíciles últimos años de Boris Yeltsin en el Kremlin. “Quizás el control de Putin sobre el poder se haya debilitado un poco, pero probablemente sobrevivirá”.

Para Rusia el Covid-19 ha sido la otra cara de la moneda de lo que parecía que iba a ser el fenómeno global del año: el calentamiento global. Varias ciudades de Rusia, incluidas Moscú y San Petersburgo, tuvieron el enero más cálido jamás registrado, según el Centro Meteorológico de Moscú. Igual que el calentamiento, el virus también ha atacado a todos los países, pero los estados autoritarios han resistido las sacudidas de la pandemia bastante bien, sin grandes diferencias respecto a las democracias liberales.

Conviene echar la vista atrás: a junio de 2019, cuando Putin calificó de obsoleto al liberalismo. En una entrevista concedida al periódico británico ‘The Financial Times’, el mandatario reivindicó el ‘sistema ruso’.

De cualquier manera, el autor del ‘Prisioneros de la geografía’ cree que Rusia “seguirá siendo un poder peligroso debido a su declive”, porque “utilizará la crisis continua para mantener su estrategia existente de tratar de plantar dudas en las mentes de los votantes en las democracias a través de las redes sociales”. Este año, cuando Putin comentó ante sus diputados la reforma constitucional que le permitirá seguir en el poder después de 2024, rechazó la tradición de democracia parlamentaria, una fórmula contemplada como no válida para Rusia, que exige un poder fuerte en la cúspide.

“El mundo unipolar cotiza a la baja, aunque Estados Unidos sigue siendo muy importante”, explica Elias Gotz, que este mes publica el ensayo ‘Russia and the question of world order’ en colaboración con Camille Merlen.

China es el segundo poder en ascenso. Es el momento, cree Gotz, “de las potencias regionales”. Rusia está ahora mejor preparada para enfrentar una crisis económica que en 2008 o 2014: tiene más reservas de divisas, menor deuda externa y una menor dependencia de las importaciones de alimentos y otros bienes.

Pero el bajo precio del petróleo puede complicar su vuelta al escenario mundial.

El impacto de la nueva gripe

Después de 1919, la “gripe española” no alteró la trayectoria de la historia: “los imperios austríaco húngaro y otomano habían caído, Alemania estaba amargada y lo que surgió de eso no tuvo nada que ver con un virus”, señala Marshall.

Exactamente así sucede ahora, “el crecimiento de la población, el cambio climático, la rivalidad entre China y Estados Unidos, el surgimiento del nacionalismo, todo esto ya estaba sucediendo”.

Da la sensación de que solo los países realmente independientes pueden dar a la gente las ayudas públicas que necesitan. Pero la imagen también es importante.

Para Rusia, el coronavirus “crea problemas en el corto plazo. Pero, a largo plazo, hay oportunidades”, asegura Gotz. Los rusos “enviaron material sanitario mientras los países estaban en lo suyo y ese gesto no fue solo por solidaridad, porque Italia, por ejemplo, es un país amigo de Rusia y las sanciones de la Unión Europea habrá que renovarlas o no en algún momento”.

¿Puede la pandemia inclinar la balanza? Además, el nuevo escenario —con países más cerrados— puede ser una oportunidad para producir más e importar menos. Unas coordenadas más cómodas para Rusia dejando a un lado el difícil capítulo del petróleo.

En general, Marshall es “optimista a largo plazo”. Al fin y al cabo, “los últimos 400 años han visto, a pesar de todas las guerras y plagas, el avance constante de la ciencia, la mejora de la salud, una mayor longevidad, una mejor educación… y es probable que eso continúe”.

Putin, de momento, ha compartido la toma de decisiones con otros escalones del poder, un gesto poco habitual en él. “El arquitecto del sistema hiperpresidencial de Rusia descubre de repente las autoridades locales cuando es conveniente”, resume Mark Galeotti, autor de ‘We need to talk about Putin’.

De la desescalada y la vuelta a la normalidad (exitosa o no) que lleve a cabo cada país depende buena parte del marcador geopolítico de 2020.

Rusia esta vez no quiere recibir ninguna lección.

 

Por  Xavier Colás

Fuente: france24.com