La reacción del presidente Donald Trump ante las protestas por el asesinato de George Floyd provocó fuertes críticas de varios destacados militares y comenzó a abrir una grieta en las entrañas mismas del Partido Republicano, un movimiento que puede ser crucial para el futuro de la reelección del jefe de la Casa Blanca, que se define en noviembre.

El primero en dar un paso fue un funcionario del propio gobierno de Trump, el secretario de Defensa, Mark Esper, que dijo abiertamente el miércoles que discrepaba con la iniciativa del presidente de que el ejército intervenga para controlar las manifestaciones contra la violencia policial y el racismo que se expandieron por todo Estados Unidos tras el asesinato el 25 de mayo de Floyd. Si bien en su mayoría las protestas fueron pacíficas, hubo grupos que cometieron incendios, saqueos y desmanes en las calles.

Horas más tarde, el ex secretario de Defensa Jim Mattis, el militar que estuvo en el gobierno de Trump entre 2017 y 2018, publicó una carta en la que dijo que el magnate “es el primer presidente en mi vida que no trata de unificar a los estadounidenses y ni siquiera simula hacerlo. En cambio, trata de dividirnos”. Además dijo que ahora el país “estaba siendo testigo de las consecuencias de tres años de ese esfuerzo deliberado” y “tres años sin un liderazgo maduro”.

También el ex Jefe de Gabinete, el general John F. Kelly, apoyó las críticas de Mattis. John Allen, ex comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, fue lapidario y dijo que era un momento de “vergüenza y peligro”: “Trump fracasó en proyectar emoción o el liderazgo que se necesita desesperadamente en cada rincón del país en este difícil momento”.

Otro de sus ex funcionarios, Fernando Cutz, que dirigió el área de Latinoamérica del Consejo de Seguridad Nacional durante el Gobierno de Trump, dijo estar preocupado porque “la reacción del presidente es una que está siguiendo el nivel de 2017 de Maduro, o el nivel de Putin o el nivel de Xi Jinping, que es de escalar la violencia contra su pueblo”, dijo.

También el ex presidente republicano George W. Bush salió a decir que tanto él como su esposa, Laura, estaban “perturbados por la injusticia y el miedo que asfixian” el país. “Es hora de que escuchemos. Es hora de que Estados Unidos examine nuestros trágicos fracasos”, señaló. Su ex secretaria de Defensa, Condoleeza Rice, dijo que era un momento de inflexión y llamó a la unidad: “podemos cambiar el miedo en fe, esperanza, compasión y acción”, dijo.

Además, la senadora republicana por Alaska, Lisa Murkowski fue muy dura y sugirió que podría cambiar su voto en noviembre. Dijo que las palabras de Mattis eran “verdades, honestas y necesarias” y advirtió que “estamos llegando a un punto donde podemos ser más honestos con las preocupaciones que podemos tener internamente y tener el coraje de hablar sobre nuestras convicciones” y agregó que estaba “peleando para decidir” si votaría a Trump en noviembre.

Con su discurso militarista, Trump busca erigirse como el presidente de la “ley y el orden” para apelar a su electorado blanco y conservador que, en general, ve a las minorías como una amenaza. Por eso se enfoca en las acciones violentas de las marchas y no en el inmenso reclamo de la mayoría pacífica contra el racismo y la violencia policial.

Gran parte de los legisladores republicanos evitaron pronunciarse. Pero en general, a pesar de que no lo digan públicamente, ellos nunca soportaron a Trump, un hombre fuera del establishment y que viola muchas reglas tradicionales del partido. Tuvieron que respaldarlo a regañadientes porque ganó y mantuvo un fuerte apoyo durante su mandato, como se vio en el sólido respaldo que contó en el impeachment de enero. Pero en pocas semanas vino una pandemia, una feroz crisis económica y ahora esta ola de marchas que no se veía desde los años 60. Todavía es muy pronto para medir el impacto de estos hechos en las encuestas, pero Trump venía perdiendo por entre 3 y 5% en los sondeos contra el demócrata Joe Biden. Igualmente, falta una eternidad para noviembre y este 2020 es un año absolutamente vertiginoso.

Chris Baylor, profesor de Ciencia Política de la Universidad de California UCLA y experto en el Partido Republicano, dijo a Clarín que, dada su magnitud, “esta crisis podría poner en primer plano la fraccionalización del partido”, pero que los oficialistas estarán atentos a las elecciones. “Mientras los votantes republicanos respalden a Trump, los funcionarios oficialistas no deben preocuparse por separarse de él. Pero si piensan que Trump perderá o se hundirá en las encuestas, estarán más dispuestos a romper con él. Algunas entrevistas privadas (como las del libro American Carnage) dicen que los republicanos han estado buscando una razón para romper con Trump todo el tiempo y esto, más su respuesta a la pandemia del coronavirus, podría darles hoy esa oportunidad”.

 

Por Paula Lugones

Fuente: clarin.com