Tras 15 años en el poder, el presidente burundés, Pierre Nkurunziza, falleció tras complicaciones en su estado de salud. Una muerte que llegó a dos meses de dejar su cargo, tras estar al frente del país africano desde el fin de la Guerra Civil de Burundi. Un periodo de gobierno que ha sido cuestionado por constantes vulneraciones de los derechos humanos.

Pierre Nkurunziza, presidente de Burundi durante los últimos 15 años, murió de un ataque al corazón a los 55 años de edad, tal y como anunció el Gobierno del país africano este 9 de junio.

Sin embargo, no se sabe con exactitud cuándo murió Nkurunziza en un hospital en Karuzi, en el centro de Burundi. Según el comunicado gubernamental, el líder había visto un partido de voleibol el sábado, pero se enfermó y fue trasladado a un hospital. Al parecer el domingo mejoró su estado para el lunes 8 de junio deteriorarse y evolucionar hacia un ataque cardiaco.

“El Gobierno de la República de Burundi anuncia con gran tristeza la muerte inesperada de su Excelencia Pierre Nkurunziza, Presidente de Burundi”, escribieron miembros del Gobierno en un comunicado en Twitter.

Nkurunziza tenía previsto dejar la Presidencia en agosto

En agosto, Nkurunziza iba a ser relevado por el general retirado Evariste Ndayishimiye, que se presentó con el partido de Gobierno en las elecciones del mes pasado. Unos comicios que se vieron empañados por las denuncias de la oposición del ejercicio de la violencia por parte del Ejecutivo.

La primera opción del presidente para su relevo era Pascal Nyabenda, presidente de la Asamblea Nacional. Sin embargo, la presión del cuerpo militar obligó a Nkurunziza a cambiar de decisión. Por el momento, Nyabenda será presidente hasta agosto, cuando Ndayishimiye se hará cargo del país los próximos 7 años.

El Ejecutivo ha declarado siete días de duelo, a partir de este martes, durante los cuales la bandera nacional ondeará a media asta en los edificios oficiales. Nkurunziza anunció en diciembre que dejaba el poder tras retirarse con el título de “Guía Supremo del Patriotismo”.

Un presidente acusado de violar los derechos humanos

Pierre Nkurunziza llegó al poder en 2005, después del final de la guerra civil iniciada en 1993, en la que murieron 300.000 personas, en el enfrentamiento entre hutus (el 85% de la población) y tutsis.

Su mandato debería haber finalizado en 2015, debido a que la Constitución establecía solo dos periodos de Gobierno. Sin embargo, optó por continuar y esto desató una ola de protestas con centenares de fallecidos y, según denuncia la ONU, con medio millón de desplazados. Una situación que derivó en un intento de golpe de Estado que no prosperó.

En 2017, el país se retiró de la Corte Penal Internacional, cerró la oficina de derechos humanos de la ONU en 2019 y expulsó al representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en mayo de 2020, tras las críticas recibidas por el manejo de la pandemia, con pocas pruebas y con grandes actos electorales.

“Al enterarme del fallecimiento de Pierre Nkurunziza, pienso en las miles de vidas que su régimen interrumpió. Las familias que no verán Justicia”, tuiteó Thierry Uwamahoro, un activista por la democracia y destacado crítico del Gobierno que vive en el exilio.

Exlíder de un grupo rebelde hutú, su gobierno destacó por la tortura, la violación y el asesinato de sus fuerzas de seguridad.

Las denuncias de periodistas y trabajadores de derechos humanos sobre los constantes ataques quedan evidenciados en los cuatro periodistas del sitio web nacional de noticias ‘Iwacu’ que fueron condenados, la pasada semana, a 2 años y medio de cárcel al investigar disturbios en el noreste del país.

El legado de Nkurunziza deja tres cuartas partes de la población viviendo en la pobreza y la esperanza de vida alrededor de 57 años, según el Banco Mundial, 10 años menos que Ruanda.

 

Por Lluis Muñoz Pandiella

Fuente: france24.com