En medio de la nueva ola de protestas antigubernamentales en Líbano, que exigen medidas efectivas para paliar la profunda crisis económica en la que está sumido el país, el primer ministro, Hassan Diab, aseguró que el complot en su contra “ha fracasado” y pidió “paciencia” a los manifestantes que reclaman su renuncia.

(Photo by ANWAR AMRO / AFP)

Mientras los manifestantes piden su renuncia en las calles de Líbano al grito de “revolución”. El primer ministro Hassan Diab culpa a la oposición por las protestas y por profundizar la crisis monetaria: “una vez más, un intento de golpe de Estado fracasado”.

En un discurso televisado, el mandatario pidió este sábado “paciencia” a los manifestantes, que siguen tomando las plazas y vías de varias ciudades del país reclamando la caída del Gobierno y medidas efectivas para paliar la profunda crisis financiera en la que está sumido el país.

EFE/NABIL MOUNZER

“La gente ha perdido la confianza en este Gobierno. El primer ministro, Hassan Diab, debe tomar el consejo del pueblo libanés y renunciar para mantener su dignidad y la del pueblo”, dijo Ahmad al Marj, residente de Trípoli.  Un reclamo que tenía su réplica en la capital, Beirut: “estamos aquí para exigir la formación de un nuevo Gobierno de transición” y la celebración de elecciones parlamentarias anticipadas, dijo Nehmat Badreddine, activista y manifestante.

Líbano, atrapado en una espiral de crisis económica

Por tercer día consecutivo, ciudades como Beirut, Trípoli o Sidón se volvieron un polvorín con disturbios, cortes de carreteras, barricadas y violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en diferentes ciudades. Desde el jueves, miles de manifestantes volvieron a alzarse contra el Gobierno libanés tras conocerse la noticia de que la libra libanesa había perdido un 70% de su valor frente al dólar desde octubre.

Los medios de comunicación libaneses informaron que el tipo de cambio se había desplomado a 6.000 por dólar en el mercado negro, en comparación con la paridad oficial de 1.507 establecida desde 1997. La caía histórica de la divisa fue la gota que colmó el vaso para muchos libaneses que ven cómo sus condiciones de vida empeoran cada día. “Todos estamos cansados, no hay trabajo, no hay salario. Una caja de cigarrillos antes costaba 750 libras y ahora cuesta 3.000. ¿A dónde va esto?”, se preguntaba un manifestante.

En la ciudad norteña de Trípoli, durante la noche del viernes, los manifestantes arrojaron piedras y cocteles molotov hacia los soldados y dañaron varias fachadas de sucursales bancarias. Mientas, el ministro del Interior, Mohammed Fahmi, dijo que las fuerzas de seguridad encontrarían a los responsables de los daños.

El primer ministro, Hassan Diab, pide “paciencia” a los manifestantes

En una reunión extraordinaria de emergencia, Diab, anunció la víspera de una inyección de dólares en el mercado y la estabilización de la libra, pero todavía no se ha llevado a cabo. Al mismo tiempo, el mandatario libanés se ensañó con la oposición política: “algunos han tratado de explotar la situación de nuevo sin ningún tipo de disuasión nacional para lanzar mentiras y rumores, han contribuido a profundizar la crisis de la libra libanesa, han causado una gran crisis y han empujado a la gente a las calles”.

En octubre de 2019 estallaron las multitudinarias manifestaciones antigubernamentales en todo el país, que llevaron a la renuncia del ex primer ministro Saad Hariri y la formación de un Gobierno “tecnócrata” liderado por Diab, con el respaldo de Hezbolá, con el fin de atajar la crisis que ha llevado al desempleo y a la pobreza a miles de libaneses.

Si bien las movilizaciones perdieron fuerza en marzo debido a las medidas de confinamiento impuestas por las autoridades para frenar la propagación del Covid-19. Los libaneses no se han rendido en su lucha contra la élite política a la que acusan de “corrupta” y a la que exigen soluciones para paliar la crisis financiera en el país, incrementada por el confinamiento y las restricciones.

Sin avances en el diálogo con el FMI

Líbano, uno de los países más endeudados del mundo, con una deuda soberana de más del 170 por ciento del PIB, entró en mora en marzo y en mayo inició conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un intento por desbloquear miles de millones de dólares en ayuda financiera.

La reanudación de los disturbios podría complicar las conversaciones en curso de Beirut con el FMI sobre un programa de reforma que espera que asegure miles de millones en financiación y que inicie una recuperación. “Líbano no puede salir sin el apoyo de los organismos internaciones porque está en una situación económica muy grave”, explicó en una entrevista con France24 el profesor de estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral, Said Chaya.

“El problema es que no hay un Gobierno con la fuerza suficiente para poder aplicar ese acuerdo. Estamos en el mismo problema que estábamos en octubre del año pasado, la situación no ha mejorado. Ese Gobierno renunció frente a la imposibilidad de poder aplicar el programa del FMI y este Gobierno, tengo la impresión, viene de una manera muy similar. No hay un espacio político lo suficientemente consolidado como para poder implementar esas reformas”, añadió el profesor.

“Por falta de acuerdo de autoridades, se espera profundización de la crisis”

El aumento del costo de vida, el desempleo que se disparó al 35% en todo el país,  la devaluación de la moneda y la condena de la élite gobernante que es incapaz de solventar la peor crisis económica desde la guerra civil registrada entre 1975 y 1990, hacen que los manifestantes se nieguen abandonar las plazas, pese a que los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se tornan cada vez más violentos, disparándoles gases lacrimógenos y balas de goma en sus intentos por disuadirlos.

“La gente tiene hambre, todos están cansados. ¡Qué pandilla tan corrupta, desde el presidente hacia abajo, todos son una pandilla de ladrones”, acusaba un manifestante en Trípoli.

Según Chaya, con las manifestaciones y la falta de acuerdo de las autoridades se espera una “profundización de la crisis”. “La gente va a seguir en las calles hasta que esto se resuelva de alguna manera. Comprendo la negativa del Gobierno a convocar nuevas elecciones, pero no se va a poder implementar un plan de reforma económica de fondo sin un Gobierno que cuente con legitimidad, dado el nivel de las reformas que hay que aplicar”, señaló Chaya a France 24.

 

Por Marina Sardiña

Fuente: france24.com / Al Jazeera / Global News