La división en el seno de los miembros de la Unión Europea es muy grande e impide sacar adelante el presupuesto comunitario para el periodo 2021-2027 y cerrar los puntos básicos de cómo será el fondo de recuperación para la pandemia del coronavirus.

Termina la primera jornada de la cumbre que reúne a los 27 líderes de la Unión Europea sin un acuerdo. La tensión es muy alta entre los miembros comunitarios y se ejemplifica en la tremenda división que hay entre los países ricos del norte, con Países Bajos a la cabeza, y los del sur, con España o Italia como máximos representantes.

Trece horas de encuentro en la sede del Consejo Europeo han servido para constatar el largo camino que queda aún para que las negociaciones den sus frutos y para hacer visibles las divisiones entre los líderes de los países miembros. En esta primera jornada se ha podido escuchar, básicamente, las posturas individuales frente al resto.

En esta importante reunión están por debatir dos cosas: la primera es el presupuesto que regirá en la Unión Europea entre 2021 y 2027 y la segunda es detallar como será el fondo de rescate y ayuda que plantea poner a disposición la Unión para los socios que peor hayan sufrido las consecuencias de la crisis del coronavirus.

La jornada se retomará mañana sábado sin muchas esperanzas en ninguno de los dos asuntos primordiales. El presupuesto europeo tiene una previsión de gasto de más de un billón de euros y es el primero que se realizará sin contar con el Reino Unido. La idea era dotarlo de un carácter mucho más social, pero la crisis sanitaria ha irrumpido con fuerza.

Si este fin de semana no se llega a ningún acuerdo, los líderes europeos podrían volver a reunirse a finales del mes de julio para seguir con las negociaciones. La canciller alemana, Angela Merkel, insistió en la necesidad de encontrar un acuerdo antes de septiembre, debido a que la crisis económica y social acucia.

El sur europeo se enfrenta al norte

El fondo de ayuda por la pandemia del Covid-19 es lo que más discordias está causando en Bruselas. Este fondo tiene previsto dotar de 750.000 millones de euros a los países que necesiten ese dinero para reconstruirse económicamente tras los daños generados por la pandemia. Pero hay diferentes posturas de cómo gestionarlo.

Las posiciones más divergentes están entre los jefes de Gobierno de España e Italia, Pedro Sánchez y Giusseppe Conte, y el primer ministro holandés, el conservador Mark Rutte.

Los primeros, con el apoyo de todos los estados del sur del continente, los del este de Europa y Francia y Alemania creen que el fondo debería tener unas características solidarias con los países que más han sufrido las consecuencias de la pandemia.

Los más beneficiados económicamente de estas posturas serían Italia y España, ya que sus economías, muy dependientes de los servicios y el turismo, ya están sufriendo las consecuencias del cierre casi total.

Países Bajos y un grupo de países nórdicos, entre los que se encuentra Dinamarca, Finlandia, Suecia o Austria, creen que los planes de rescate se tienen que abordar por unanimidad de los miembros y no por mayoría y se niegan a aportar tanto dinero a sus socios del sur. La polémica ronda a estos estados, ya que consideran que estos socios del sur de Europa “malgastan” las ayudas brindadas por la Unión Europea.

En la anterior crisis económica, la desatada en 2008 tras el colapso de Lehman Brothers, los países del sur de Europa fueron los que más sufrieron las políticas de austeridad extrema impuestas desde el norte. Este recuerdo aún pesa en naciones como Grecia, Portugal, España e Italia y, por ello, defienden con más vehemencia, esta vez, un reparto más solidario.

Desde Países Bajos, se propone que, para que los países del sur puedan acceder íntegramente a las ayudas, se comprometan a realizar reformas en su sistema de pensiones y en su mercado laboral. Para Rutte, ayudar a estos países sin nada a cambio es “engañar” a los holandeses. Sus declaraciones en los últimos meses han señalado eso: “peleo por una Europa más fuerte para todos, incluidos los contribuyentes holandeses”.

Sin embargo, estos países del sur se niegan a que desde Países Bajos controlen su política de reformas económicas en lo que, para ellos, sería una troika encubierta. Se comprometen a modernizar su sistema económico, pero sin presiones de terceros países.

Se pone inicio así a lo que será una de las cumbres más importantes en la historia de la Unión Europea, que afronta su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Está por ver si se impone, una vez más, la visión conservadora nórdica o la social que se defiende desde el sur.

 

Por Alvaro Cordero

Fuente: france24.com